
«EL ANSIA DE LA PANDORGA» DE ORLANDO GUILLÉN •
Blanca Llum Vidal •
«y allá y acá, arriba y abajo, es abierta la inmensidad»
VERDAGUER •
«Està molt bé que facis/ volar un estel i que li donis/ corda molt llarga fins a perdre’l/ de vista, lluny, si n’ets capaç. És com si tu/ també volessis i, generalment,/ antics records ajuden/ a fer-ho i se’t revelen amples/ espais de temps, ressaques, plenamars/ de sentiment, les mines de Falun,/ on algun dia vam baixar enfollits,/ potser un moment tan sols i l’oblidàrem» [Está muy bien que eches/ a volar una pandorga y que le des/ muy largo el cordel hasta perderla/ de vista, a lo lejos, si de ello eres capaz. Es como/ si tú también volases y, generalmente,/ viejos recuerdos ayudan/ a hacerlo así, y se te revelan anchos/ espacios de tiempo, resacas, pleamares/ de sentimiento, las minas de Falun/ a las que algún día bajamos enloquecidos,/ quizá un momento nomás y lo olvidamos].
«La vida ¿quién la vive? No un lecho/ banal, no dinero de quien se jacta/ sin tenerlo sino rubíes en la quieta/ palma indefensa de una mano capaz/ de retenerlos y maravillarse;/ o bien el rosado amanecer de una recién parida/ calmada ya, o los ojos todavía limpios/ de un niño, o un lloro secreto».
«La vida, qui la viu? No veus/ la immensa quantitat de sofriment/ transmesa d’un a l’altre com en dur/ treball fet en cadena amb implacable/ tenacitat, i que s’ignora?» [La vida ¿quién la vive? ¿No ves/
la inmensa cantidad de sufrimiento/ transmitida de uno a otro como en duro/ trabajo hecho en cadena con implacable/ tenacidad, y que se ignora?].
«Está muy bien que eches a volar/ una pandorga, pero/ de pronto –piénsalo, pero arriésgate¬–/ se romperán sus varitas, se desgarrará su tela/ crujiendo, y tú caerás sobre la arena/ desde el talud,/ mirando las altas olas grises batir/ sobre la playa, y se te humedecerán/ los huesos y la muerte no te será extraña».
Desde el talud, Vinyoli y Guillén desovillan el hilo para que vuele la pandorga hasta perderla de vista. Una vez suelto, el aparejo danza en el viento y va transmitiendo cada ráfaga desde el cielo hasta el cordel y por las manos. A veces su danza es delicada y a veces brusca y quebradiza. Y en las manos queda la resonancia del aire suave y la nube compacta. Y la pluma escribe con un ansia semejante –como de tempestad y bonanza que ora se persiguen, ora no. Guillén canta como la pandorga que arriba y abajo anda coleando. «Como pandorga que rabea». Como un impacto que te descoyunta inesperado pero preciso. Como patada de mula a punto de parir. De mula arisca y sin yugos.
Que «El ansia de la pandorga» lleve por epígrafe un poema de «Tot és ara i res» [«Todo es ahora y nada también»] de Vinyoli nos impone, ya de entrada, la realidad, que de tan amplia sólo cabe adentro de un instante que si comienza es porque huye. La realidad que mientras se mueve se está tan quietecita. La realidad de estarse allí adentro pero no del todo y «queda/ muy lejos,/ pero por el camino/ hay mucho/ camino/ y mucho/ mango, sobre todo mango/ chongolongo». La realidad que vas llenando de ella que te llena. La realidad así tal cual de cada forma. La realidad que no tiene forma o la que sí, «que tampoco me vas a negar/ que en cuanto/ a la forma (…)/ deja/ mucho/ que desear/ su cuerpo/ de fuegodeagua/ La Realidad». La realidad que de tan guapa «es de olor suave/ a yerbabuena,/ y con esto ya te dije que sabe buena». La realidad que «lleva por dentro/ lo que por dentro/ amarga». La realidad que daña porque «eso es/ La Realidad./ Quedarse/ a medio ganchete/ bajo el reguero de sangres/ derramadas».
Las realidades que Guillén apunta o intuye, no obstante, no son en modo alguno realidades que nos avienta encima como paranoicas verdades ensotanadas. Guillén no revela ningún orden inicial ni ningún delirio. No hay aquí más que la marca del hombre buscándose en el mundo y en los demás. La metafísica de Guillén es «mata física», cosa que se toca con las manos o con las heridas. Con el corazón escondido entre los pulmones o con la piel de criatura pero más grande.
Si Vinyoli nos dice que todo es ahora y nada también, Guillén nos convida a «limitar por el Todo y por la Nada», a movernos con él no en absoluto por el todo absoluto que nos cae encima como una roca ni por la nada violenta que se nos pone delante y nos ahoga. Aquí estamos sin afianzamientos ni mordazas. Porque limitar por el todo y por la nada es simplemente no limitar.
«El ansia de la pandorga» no es ni mucho menos un libro en el cual Guillén recuerda su infancia en Acayucan (en Veracruz, en México), pero sí que en él vuelve a ella para salir disparado hasta el presente –o más allá– y arrejuntando sus flores muertas y sus vivas por el camino. Se va de allí cantando la extraña canción que dice: “Lunes, martes, miércoles, 3; jueves, viernes, sábado, 6; domingo 7”.
El libro comienza con un impulso que da pavor. Con una devastadora energía que te arrastra dentro del universo que se te despliega enfrente y sin que sepas ni a qué se parece ni qué es lo que allá dentro corre. Un universo que se te presenta desbalagado y, al mismo tiempo, firmísimo. Cada elemento, cada pregunta y cada cosa tiene allí su lugar de nacimiento pero también preserva su misterio. Cada experiencia se multiplica y se expande. En medio de un guirigay de voces que narran, que recuerdan, que te interpelan, que ora gritan, ora cantan, se siente y se oye cada verso como si saliese de un pozo de hace siglos para venirse derechito al mundo de ahora y aquí.
Tal “magma rústico callado” no es “enigma”. Es “nosaber”. «Del aire cayó una flecha/ y cayendo se enterró,/ y enseguidita brotó,/ como un rayo/ brota de un lirio». «No hay/ más azar/ que uno/ y camina/ turulato». «La naturaleza de la cosa/ por dentro/ y por fuera porosa:/ puro sentimiento». «Una duenda/ y un duende/ poemaban duendejadas/ diciendo la duenda/ al duende:/ «Si por la rueda de Oriente/ se ven venir las cascadas/ es que el Sol está caliente/ y está cogiendo a vaciadas/ con la Noche que se queda/ muerta de tantas culeadas». «Eres medio/ de cambio y en ciclo de formas su andadura». «Pero arde tu apariencia sin remedio/ en la vida mortal».
«El ansia de la pandorga» comienza como una selva que deslumbra y da vértigo, que se alarga y no ves cielo de tanta rama y de horizontes sabes que los hay pero hay tantos que se te esconden. Y una selva es no salir de ella hasta que una mano te acompaña a la orilla de un río y te cuenta que abajo, habiendo cruzado el laberinto, se halla el primer pueblo.
Y si un pueblo quiere decir gente, palabra viva, amor por todas partes y escaparse de noche por los ribazos, la muerte amiga y la enemiga, la lucha que se palpa en la barraca, la madre plena y la abuela sabia, la canción antigua en la boca de un niño, la tierra marcada y la marca del hombre, en «El ansia de la pandorga», después del chorro de espacio abierto –de mundo amplísimo–, se nos lleva al pueblo y la memoria es quien lo revive. Guillén recuerda –le da cuerda y todo pasa de nuevo por el corazón.
«La Bruja Kori barría como un astro/ con la escoba/ polvo cósmico». «Así/ se abría/ al Patio/ el universo/ dándose impulso/ nomás/ de su bastante maravilla». «Cuando regresamos la mesa estaba puesta/ y estas cosas de morir/ eran cosas/ de otros». «El caso es que alguna mañana/ dejó de ser vecino/ del ciruelo/ del patio de mi vecino». «Pichichis de los que guardé pamí porque los demás están pa Lope/ de Vega humilmente en este verso siendo asados en ajito». Y como si de Llull se tratase «lo amor/ era materiaoscura,/ y de eso precisamente/ estaban hechos las sueñas y los cosas,/ y lo forma no era/ porque era a lo espíritu lo que amor/ era a lo alma/ y tú y Todo lo era lo amor» y eran «los días en que lo amor/ era lo quintoelemento».
Mirando el pasado desde el presente –la cola de un perro va contándonos que aquello existe pero que es desde ahora y desde aquí desde donde se ve, no fuese la cosa que nos quedásemos allá–, Guillén tira de nos hacia delante y nos trae de nuevo a la realidad de mil formas. Empero esta vez lo hace con la mirada mordaz de quien ha vivido ya mucha vida y la de quien habla habiendo padecido mal de mundo pero que cuando habla lo hace para dar vida. «Pelaos de amor de mundo/ en amor de muerto enterrada toda Nada».
Si Celan dice que «la poesía, ella también, quema nuestras etapas», la última parte de «El ansia de la pandorga» aparece, no como un fuego sino como la mezcla vivida y viviente que de tan plena y compleja es transformante y transforma.
“Salir con un domingo 7” es como salir con una ocurrencia disparatada que desconcierta o hace reír o ambas cosas a un tiempo. La badomía de Guillén es, sin embargo, una suerte de explosión o traca final y simultáneo un respiro. «La Realidad es como si la Realidad dijera:/ “La vida es sueño, pero la muerte también”», «esa es La Realidad. El ansia/ de la pandorga rabeando/ entre las primeras estrellas», «y la ves cuadrada pero es redonda La Realidad». El universo infinito que «por todas partes acaba y comienza» es intuido. No hay aquí afán de decirlo todo. Quizá un intento de decir que en todo hay mucha amplitud y que «allá donde tú ves el desierto enjambres de mundos hormiguean».
Nacido cuando se derribaban las puertas de Auschwitz y cuando de allí ya sólo podían salir unos cuantos miles; cuando se lanzaban tres mil toneladas de bombas sobre Berlín; cuando estallaban Hiroshima y Nagasaki; cuando la noble civilización se había ido a parir panteras con las panteras terribles, como decía Carmona, «El ansia de la pandorga» es la historia de uno mismo pero injertada con la historia del agujero colosal del siglo XX.
«“La vida es otra copla”/ dijo entonces/ La Muerte/ sabia y monda/ y echó a andar de mi esqueleto la canción./ Partido en mitades/ el mes de junio de 1945,/ el día/ que sigue/ de su primera tajada/ a destiempo,/ sucedí./ Y de pronto/ todo sucedió./ Einstein pintó al óleo/ un retrato/ de Truman/ y lo acabó/ añadiendo,/ chiquitito/ en un rincón,/ su autorretrato,/ el 7/ de agosto/ de aquel/ año volandero/ en pedazos./ La CIA/ en pedazos/ se lo mandó por e-mail/ a Stalin/ directamente a su gulag de orégano,/ y Stalin a Churchill/ a Estocolmo/ y a Mao, que tenía Marcha Para Rato,/ a algún lugar en el bosque/ de la China,/ y en el bosque de la China una china se perdió/ y parece/ que con ella/ se perdió su rastro…». Y si «la poesía no es otra cosa que romperse las costillas» quizá sea porque en ella hay un rastro de la muchacha perdida…
Un rastro. Una señal que deja una cosa allá por donde ha pasado. La muchacha de la China, la chica que el mundo hecho trizas hizo perder, el ser humano que la guerra moderna ha hecho volar por los aires, ha quedado, por suerte, en la poesía, en la poesía de Orlando, en la memoria de la poesía, en el combate que es la poesía •
Barcelona-Casserres, septiembre-octubre 2011 •
«EL ANSIA DE LA PANDORGA» D’ORLANDO GUILLÉN •
Blanca Llum Vidal •
«i ençà i enllà, amunt i avall, la immensitat és oberta»
VERDAGUER •
«Està molt bé que facis/ volar un estel i que li donis/ corda molt llarga fins a perdre’l/ de vista, lluny, si n’ets capaç. És com si tu/ també volessis i, generalment,/ antics records ajuden/ a fer-ho i se’t revelen amples/ espais de temps, ressaques, plenamars/ de sentiment, les mines de Falun,/ on algun dia vam baixar enfollits,/ potser un moment tan sols i l’oblidàrem».
«La vida ¿quién la vive? No un lecho/ banal, no dinero de quien se jacta/ sin tenerlo sino rubíes en la quieta/ palma indefensa de una mano capaz/ de retenerlos y maravillarse;/ o bien el rosado amanecer de una recién parida/ calmada ya, o los ojos todavía limpios/ de un niño, o un lloro secreto».
«La vida, qui la viu? No veus/ la immensa quantitat de sofriment/ transmesa d’un a l’altre com en dur/ treball fet en cadena amb implacable/ tenacitat, i que s’ignora?».
«Está muy bien que eches a volar/ una pandorga, pero/ de pronto –piénsalo, pero arriésgate–/ se romperán sus varitas, se desgarrará su tela/ crujiendo, y tú caerás sobre la arena/ desde el talud,/ mirando las altas olas grises batir/ sobre la playa, y se te humedecerán/ los huesos y la muerte no te será extraña».
Des del talús estant, Vinyoli i Guillén descabdellen el fil perquè voli l’estel fins a no veure’l. Deixat anar, l’aparell giragonsa amb el vent i va enviant cada cop d’aire des del cel fins a la corda i per les mans. A vegades la dansa és molt fina i a vegades és brusca i trencadissa. I a les mans queda el ressò de l’aire suau i del núvol compacte. I la ploma escriu amb una ànsia semblant –com de tempesta i de bon temps que ara s’encalcen i ara no. Guillén canta com l’estel que, amunt i avall, va cuetejant. «Como pandorga que rabea». Com un cop que et desballesta d’inesperat però de precís. Com una coça de mula a punt de parir. De mula furra i sense jous.
Que «El ansia de la pandorga» porti al davant un poema de «Tot és ara i res» de Vinyoli ens planta, ja d’entrada, la realitat que de tan ampla sols hi cap dins un moment que si comença és perquè fuig. La realitat que mentre es mou s’està molt quieta. La realitat de ser-hi a dins però no del tot i «queda/ muy lejos,/ pero por el camino/ hay mucho/ camino/ y mucho/ mango, sobre todo mango/ chongolongo». La realitat que vas omplint d’ella que t’omple. La realitat així tal qual de cada forma. La realitat que no té forma o la que sí, «que tampoco me vas a negar/ que en cuanto/ a la forma (…)/ deja/ mucho/ que desear/ su cuerpo/ de fuegodeagua/ La Realidad». La realitat que de tan guapa «es de olor suave/ a yerbabuena,/ y con esto ya te dije que sabe buena». La realitat que «lleva por dentro/ lo que por dentro/ amarga». La realitat que fa mal perquè «eso es/ La Realidad./ Quedarse/ a medio ganchete/ bajo el reguero de sangres/ derramadas».
Les realitats que Guillén apunta o intueix, però, no són pas realitats que ens estavella al damunt com paranoiques veritats ensotanades. Guillén no revela cap ordre inicial ni cap deliri. Només hi ha la marca de l’home buscant-se amb el món i amb els altres. La metafísica de Guillén és «mata física», cosa que es toca amb les mans o amb les ferides. Amb el cor amagat entre els pulmons o amb la pell de criatura però més gran.
Si Vinyoli ens diu que tot és ara i res, Guillén ens convida a «limitar por el Todo y por la Nada», a moure’ns amb ell no pas pel tot absolut que ens cau al damunt com una pedra ni pel no-res violent que se’ns posa al davant i que ens ofega. Aquí hi estem sense fermalls ni mordasses. Perquè limitar pel tot i pel no res és només no limitar.
«El ansia de la pandorga» no és tan sols un llibre en què Guillén recorda la infància d’Acayucan (a Veracruz, a Mèxic), però sí que hi torna per sortir-ne disparat fins al present –o més enllà– i arreplegant-ne les flors mortes i les vives pel camí. Se n’hi va cantant la cançó estranya de “Dilluns, dimarts, dimecres, 3; dijous, divendres, dissabte, 6; diumenge 7”.
El llibre comença amb un impuls que fa basarda. Amb un estrall d’energia que t’arrossega endins de l’univers que se’t desplega al davant i que no saps ni a què s’assembla ni què hi corre per allà dins. Un univers que se’t presenta esbarriat i, alhora, fermíssim. Cada element, cada pregunta i cada cosa hi té el seu lloc de naixement però també serva el seu misteri. Cada experiència es multiplica i s’expandeix. Entremig d’un guirigall de veus que narren, que recorden, que t’interpel·len, que ara criden i ara canten, se sent cada vers com si sortís d’un pou de fa segles per anar-se’n de dret cap al món d’ara i d’aquí.
Tal “magma rústico callado” no es “enigma”. Es “nosaber”. «Del aire cayó una flecha/ y cayendo se enterró,/ y enseguidita brotó,/ como un rayo/ brota de un lirio». «No hay/ más azar/ que uno/ y camina/ turulato». «La naturaleza de la cosa/ por dentro/ y por fuera porosa:/ puro sentimiento». «Una duenda/ y un duende/ poemaban duendejadas/ diciendo la duenda/ al duende:/ «Si por la rueda de Oriente/ se ven venir las cascadas/ es que el Sol está caliente/ y está cogiendo a vaciadas/ con la Noche que se queda/ muerta de tantas culeadas». «Eres medio/ de cambio y en ciclo de formas su andadura». «Pero arde tu apariencia sin remedio/ en la vida mortal».
«El ansia de la pandorga» comença com una selva que enlluerna i fa vertigen, que s’allarga i no veus cel de tanta branca i d’horitzons saps que n’hi ha però n’hi ha tants que se t’amaguen. I una selva és no sortir-ne fins que una mà t’acompanya vora un riu i et diu que avall, havent creuat el laberint, hi ha el primer poble.
I si un poble vol dir gent, paraula viva, amor pertot i escapar-se de nit per les margeres, la mort amiga i l’enemiga, la lluita que es palpa a la barraca, la mare plena i l’àvia sàvia, la cançó antiga a la boca d’un nen, la terra marcada i la marca de l’home, a «El ansia de la pandorga», després del doll d’espai obert –de món amplíssim–, se’ns porta al poble i la memòria és qui el reviu. Guillén recorda –li dóna corda i de nou tot passa pel cor.
«La Bruja Kori barría como un astro/ con la escoba/ polvo cósmico». «Así/ se abría/ al Patio/ el universo/ dándose impulso/ nomás/ de su bastante maravilla». «Cuando regresamos la mesa estaba puesta/ y estas cosas de morir/ eran cosas/ de otros». «El caso es que alguna mañana/ dejó de ser vecino/ del ciruelo/ del patio de mi vecino». «Pichichis de los que guardé pamí porque los demás están pa Lope/ de Vega humilmente en este verso siendo asados en ajito». I com si de Llull es tractés «lo amor/ era materiaoscura,/ y de eso precisamente/ estaban hechos las sueñas y los cosas,/ y lo forma no era/ porque era a lo espíritu lo que amor/ era a lo alma/ y tú y Todo lo era lo amor» i eren «los días en que lo amor/ era lo quintoelemento».
Mirant el passat des del present –la cua d’un gos ens va dient que allò existeix però que és des d’ara i des d’aquí des d’on es veu, que no fos que ens hi quedéssim–, Guillén ens estira endavant i ens porta de nou a la realitat de mil formes. Aquesta vegada, però, ho fa amb l’ull viu de qui ha viscut ja molta vida i de qui parla havent patit de mal de món però que quan parla és per fer vida. «Pelaos de amor de mundo/ en amor de muerto enterrada toda Nada».
Si Celan diu que «la poesia, ella també, crema les nostres etapes», la darrera part de «El ansia de la pandorga» apareix, no com un foc, sinó com la mescla viscuda i vivent que de tan plena i complexa és transformant i transforma.
“Sortir amb un diumenge 7” és com sortir amb una atzagaiada que desconcerta o que fa riure o tot alhora. L’estirabot de Guillén, però, és una mena d’explosió o de traca final i alhora un respir. «La Realidad es como si la Realidad dijera:/ “La vida es sueño, pero la muerte también”», «esa es La Realidad. El ansia/ de la pandorga rabeando/ entre las primeras estrellas», «y la ves cuadrada pero es redonda La Realidad». L’univers infinit que «pertot acaba i comença» és intuït. No hi ha afany de dir-ho tot. Potser un intent de dir que en tot hi ha molta amplària i que «allà on tu veus lo desert eixams de mons formiguegen».
Nascut quan s’esbucaven les portes d’Auschwitz i quan ja només podien sortir-ne pocs milers; quan es llançaven tres mil tones de bombes a Berlín; quan espetegaven Hiroshima i Nagasaki; quan la noble civilització se n’havia anat a parir panteres amb les panteres terribles, que deia en Carmona; «El ansia de la pandorga» és la història d’un mateix però empeltada amb la història del trau colossal del segle XX.
«“La vida es otra copla”/ dijo entonces/ La Muerte/ sabia y monda/ y echó a andar de mi esqueleto la canción./ Partido en mitades/ el mes de junio de 1945,/ el día/ que sigue/ de su primera tajada/ a destiempo,/ sucedí./ Y de pronto/ todo sucedió./ Einstein pintó al óleo/ un retrato/ de Truman/ y lo acabó/ añadiendo,/ chiquitito/ en un rincón,/ su autorretrato,/ el 7/ de agosto/ de aquel/ año volandero/ en pedazos./ La CIA/ en pedazos/ se lo mandó por e-mail/ a Stalin/ directamente a su gulag de orégano,/ y Stalin a Churchill/ a Estocolmo/ y a Mao, que tenía Marcha Para Rato,/ a algún lugar en el bosque/ de la China,/ y en el bosque de la China una china se perdió/ y parece/ que con ella/ se perdió su rastro…». I si «la poesia no és altra cosa que trencar-se les costelles» potser és perquè en ella hi ha una traça de la noia perduda…
Una traça. Un senyal que deixa una cosa per allà on ha passat. La noia de la Xina, la noia que el món esmicolat va fer perdre, l’ésser humà que la guerra moderna ha fet volar pels aires, ha quedat, per sort, en la poesia, en la poesia de l’Orlando, en la memòria de la poesia, en el combat que és la poesia •
Barcelona-Casserres, setembre-octubre 2011 •
[«El ansia de la pandorga» • Una muestra] •
Desde Arroyo En Caña vino una canción en vilo
a lomo de mula encinta
más dispuesta que yo a dar a luz
donde quiera.
Canto como patada de mula.
Como pandorga que rabea,
tira del hilo al aire y libre relincha
poniéndole formol a la agonía de la mano
del amo con oliente adiós como si caballo fuera
la yegua que parió a la mula
y no macho que la puso pinta: cebra pariendo cerdos de a peso el kilo
rayado en el aire. ¿Quién cogió con Don Quién? La Puta Finta
de la Sombra que desde lejos se ve como mocoetotole o pus
es bastante contorno a la Luz para ser contrera
de su Contra… «No es de Acayucan». «Ese Arriero Choto no viene
de Sayula».
«Es de Soconusco». «La careta es de Oluta, pero la capa, de
palodehule pura brea
de La Finca y no de El Cacajal, se la mandó a hacer con Los
Caperuzos». «Relincha.
Es Relinchoto». Pero le gusta más de Toro que de Caballito de mano
poniéndole formol del amo con oliente adiós, como si caballo fuera
la yegua que parió a la mula,
y es mi hermano
y mi hijo este canto como patada de mula •
O todo lo que hay en el principio es Caos y todo es bonito y todo
es feo
O las partes del animal son a un mismo tiempo festivo:
El corazón, el pulmón, el hígado, el ojo…;
O todo tuvo lugar en un orden sucesivo,
Como a la güeva de pescado sigue si no alguien se la come, el pez:
Primero, Lo Amarillo Bilis o El Color Del Enojo…;
O todo es como se dicta en el verso de Orfeo:
El animal se forma como el tejido de una res.
Puede asegurarse con sólo los sentidos
Que no todo se produce simultáneamente.
Vemos en el animal el órgano de los latidos
Cuando otros no son aún. Y no espontáneamente
O porque su pequeñez les impida ser percibidos:
El pulmón es por naturaleza mayor que el corazón
Y aparece después que él.
Si en algunos animales el corazón
Nace primero que el pulmón o la yel
Y en los que no lo tienen lo que a él corresponda,
El corazón es, entonces, el principio de los animales que tienen
corazón;
Y el principio de los que no lo tienen, lo que a este corresponda.
Pero no tiene hígado ni ojo ni tiene corazón el ego,
Cabecilla que peina caspa sin arte ni contemplación,
Cagándole la estatua «El Pensador» a la meditación del Griego,
Principio de los animales que siempre tienen razón •
