«Granta en español» y mi versión a «Estrelles de camp», de Perejaume

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En fechas recientes he traducido dos notables opúsculos de Perejaume, poeta y artista plástico catalán: hace cosa de un año el ensayo El “potser” com a públic [El “quizá” como un público], para la sobria y cuidada (la parte que me toca la cuidé yo) edición bilingüe de Tushita Edicions (2021); no puedo ahora sino recomendar su lectura. El último número de la revista Granta en español (Otoño 2022) que anda por librerías, derriba en cambio la puerta y con los pestillos todavía calientes en la mano levanta rápida suplencia portal de hojalata a Estrellas de campo, mi versión a Estrelles de camp, serena noche sideral poética acometida de suaves embelesos y graves registros sutiles. Sostuve un intercambio de correos con la revista por el motivo zorro de arriba y por otro que abajo quedará patente; sólo daré aquí dos o tres (quien piense que son más que los cuente) fragmentos consecuentes: alguno pulido, otro corregido y aumentado y alguno más sin pulir, y entrego a la imaginación lectora de poesía qué dijo la otra parte.

 

Esta es […] la entrada original de mi texto:

Cuando contemplamos el cielo estrellado los instantáneos cabos de luz levantan unas montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

 

Este es el texto que aparece en Granta:

 

Contemplamos el cielo estrellado y entonces instantáneos cabos de luz levantan montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

 

Esta es la indicación que escribí para su corrección, a la vista de una y de otras más adelante a lo largo comas intrusas:

 

La construcción catalana de las frases no es igual que la castellana. Esto es propio de todo idioma y no hay nada que hacer o decir. Ningún escritor de mi lengua estructuraría de este modo sintáctico sin entrar en conflicto con la sindéresis, esta frase: “Quan mirem el cel estrellat, les puntes instantànies de llum hi alcen unes muntanyes altíssimes i enlluernadores que contrasten amb les muntanyes terrenals, perennes i obscures”. Escribiría más o menos esto: Contemplamos el cielo estrellado y entonces instantáneos cabos de luz levantan montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Si yo hubiese traducido de este modo sintáctico no hubiese incurrido en traición al original sino en servicio a los lectores de mi lengua, y sin embargo hubiera incurrido en otro tipo de traición que es la que corresponde al estilo de este autor cuya construcción es parte propia y peculiar en muchos momentos, y este es uno de ellos. Por eso, al castellanizar la construcción para mantener el estilo prescindo de comas u otras tildes que resultan intrusas al ritmo natural y detienen la respiración, y esto vale para todo el texto poético traducido. Ignoro, pues, por qué en la primera línea aparece, después de ‘el cielo estrellado’ una coma que corta el ritmo de exposición y pensamiento a la frase. En catalán es imprescindible esa coma; en castellano, superflua y obstáculo al ritmo. En el archivo que conservo, tal coma no aparece…

 

Como puedes ver, aquí no se trataba más que de eliminar una coma, no de cambiar la redacción a mano ajena. Esto bastará para que hagas tuya la idea de que no, no se siguieron ‘a rajatabla’ como dices (ojalá, y no hubiera caso), mis indicaciones de corrección que, a veces, por digamos ‘deformación profesional’, comento.

 

En otro asunto, si bien no “bañó el agua castalia el alma mía”, sí que desde hace mucho tiempo como Rubén Darío “mi intelecto libré de  pensar bajo”. Me he equivocado, cómo no, pero jamás he procedido, desde mi juventud que soy conciente (no, no escribo ‘consciente’), con intención de causar daño a nadie. Los hechos, las acciones humanos no obedecen a maldades o bondades de la fe (entelequia teleológica de Manes o de la especulación teológica) sino a la carga de los propósitos. No existen ‘culpas’ sino responsabilidades, y estas quien las tiene también tiene que asumirlas. Hablo de un hecho puntual que me afecta en lo profundo y es de lesa poesía y nada digo de tu trabajo ni de la revista y sus ‘valores’ ni forma parte de mi asunto hacerlo ni me toca a mí reconocer el ‘poco reconocido’ trabajo de tu abnegado y, ¡sobre todo!, capacitado (ya me consta para qué) par de correctores. Así, mira lo que es tu parte y no esperes de mí ni mala ni buena fe. Me atengo siempre a la verdad de los hechos consumados, míos o de los demás, ahora y en el tiempo, y más todavía si escribo en defensa de la poesía, cosa por cierto impensable a menos que razón de agravio me suscite…

 

Ah, no, no cometo faltas de ortografía. No acentúo conjugaciones verbales del tipo de ‘sabeis’ o ‘quereis’ por el mismo motivo que no acentúo ‘seis’. Por un lado, son palabras graves o llanas terminadas en s; por otro, obedezco músico a la madre prosodia armónica del idioma y me encantan los diptongos perfectos, y sin tildes como vienen al mundo los taño (los académicos reales y los realistas acríticos dispersos o en muchedumbre, por mí bien pueden seguir tildando lo que les dé su real gana, pero a ver cómo evaden ser tildados, a vara de justicia realmente, de tontos de tildar avaros).

La revista “siente mucho” en modo condicional “si ha habido una equivocación de nuestra parte” (es decir: como los abogados, admite sin conceder), y me pide le envíe mis ‘objeciones’ (¡objeciones!; ¡como si no les hubiese entregado un original limpiamente editado –puede leerse zorro de abajo, y como si tuviesen derecho a escribir por los escritores, y como si no hubiese bastado con no meterle mano!); si atiendo tal requisitoria, se me asegura, y esta vez la condicionalidad es aleatoria, esto: “si tenemos la suerte de una segunda edición, lo arreglaremos”.

 

Con tanta generosidad pavlovrrefleja, ofrecida sin haberla yo pedido (esta conversa postal se produjo para cancelar mi presencia en una presentación), me pasa de pronto la vida entera de un escritor la peli de un sueño por delante, y pienso: pues la poesía es cosa privada tanto como pública, también “lo siento mucho” e incondicionalmente (yo sí) dejo aquí a la intemperie de las generaciones mi original, por la poesía nada más y sin quién me la hizo ni quién me la pague •

 

ESTRELLAS DE CAMPO

Perejaume •

 

Cuando contemplamos el cielo estrellado los instantáneos cabos de luz levantan unas montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

               Sierras de fuego. Auroras vivas y macizos incandescentes que se desintegran. ¡Cuántas, cuántas montañas! Tiene lugar un continuo salir, caer y reanudar. Elevaciones y llamaradas, derrumbes y oscurecimientos. Viéndolo bien, el centelleo es tan constante que llega a producir el brillo rasposo de un firmamento reverberante y abrasivo como lámina de lija granulosa y gigantesca. Entonces, a punto de alcanzar la fosforescencia de agujas, cerros y picos, se adivina la gran hondura negra y adolorida de punzaduras, de abismos, uno por cada estallido de luz.

               Geología y cielo. Azulidad montañesa de montañas extremas de luz, tan abandonadas al infinito que tiemblan. Agitación de cabos, encendida cada estrella en un cielo cuyo alrededor la atiza con tinieblas: unas que sombrean, otras que contrabrillan. Porque la luz accidentada de una estrella, por más que cobre la figura de una elevación montañosa, tan pronto la toma no se detiene. De hecho una estrella vive de desplegar, sin interrupción, un obstinado resplandor de tamaños. Sus ángulos se suben al cielo y crecen tan punzantes cuanto fugaces. Más que de incendios de montañas se trata, así, de incendios montañosos que, bajo geografías de límites luminiscentes, adoptan una presencia temblorosa de tierras sin linde.

               Evidentemente esta montañosidad sideral, esta voluminosa superficie de emanación en riscos deslumbrantes, pendientes largamente pronunciadas y crestas infinitas es una pura ilusión. Pero una ilusión tan persistente, tan verosímil, que proyecta sobre las montañas del planeta una voluntad paciente de querérseles parecer. Este, si no otra cosa, es uno de esos prodigios que los sentidos nos mueven a advertir: la continuidad de cresta posible entre un horizonte serrado de tierras y un horizonte serrado de luz.

               El sedentarismo terrestre de la luz, en toda la morosidad del relieve que nos sostiene, se manifiesta, entonces, como una tierra extasiada de contemplar los golpes de ala y los golpes de luz tanto de los astros sierraalados como de sus cimas que giran. Respecto a la aspiración de la tierra de intentar parecérseles, no es preciso más que observar los superelevados ápices nevados, flotantes y relucientes como una promesa de llama, como una flotación de tierras que se escapan de tierra y un poco pertenecen al cielo que los abriga.

Concebir un pico nevado como, primero, el firme asentamiento, y, después, el acolinamiento de un destello, con la consiguiente identificación de cualquier relieve alpino o polar con una estrella que por allí mata sus ocios, permite la incorporación casi chamánica de picos y glaciares al ciclo del fuego.

Acabo de dar con una imagen fotográfica de las montañas de Ladakh, situadas en el Himalaya indio. En los declives casi verticales y pese a ello profusamente nevados que allí se alzan, la visión de una estrella que tirita de frío con las puntas de luz paradas y rígidas resulta literal. Son unas crestas altísimas y desoladas cuyas hondonadas prietas de nieve y cuyos ventisqueros más finos resaltan al sesgo sus cantos y sus aristas. Con un ritmo majestuoso, el conjunto despliega una geometría de grandes masas de roca que produce el efecto de una cristalización imponente. Espesas formaciones de nieve y prismas, de gran agudeza de ángulos y cantos, constituyen una imagen muy fiel de estrella amontañada. El efecto, si es que de un efecto se trata, está totalmente conseguido.

Aparte de una figuración tan exacta como la de las montañas de Ladakh, son innumerables las cordilleras que más o menos accidentalmente parecen estrelladas en tierra, ya como una masa radiante que surgiera, ya como estrellas alicaídas que se hubiesen clavado. La ardentía y el hielo, la pujanza y el hielo: el mundo está hecho así.

Curiosamente, de rebote, proyectamos sobre las estrellas una luz de nieve: una neblina helada de estrrepitosa caída, de esplendor y de cristal de nieve al mismo tiempo. Cuando una noche es fría y serena, el efecto de hielos ardientes se manifiesta vivamente, tanto que más que crepitar y echar chispas, las estrellas que titilan lo hacen como si más bien se acobardasen, como si temblasen de un fuego que tiene frío.

Contra estos horizontes ultrarrebosantes, contra estas puntas de luz de una cimación inacabable, la corteza de la tierra levanta puntas mucho más discretas, pero más definitivas y sólidas. El relieve terrenal va naciendo siempre, pero lo hace con la fuerza y ​​la vitalidad de crecer de una cierta quietud. La vida animal, la roca que gema o la maduración de la fruta demandan variaciones lentas, escasamente flameantes, más bien pacientes y delicadas. No hay en el mundo nada inmóvil y parado pero, sin que sea necesario destacar hasta qué punto, respecto a las estrellas las variaciones son mucho menos agudas, mucho más ondulantes y mansas. Por otro lado el riego, la combustión y la evaporación de vida generan, sobre la esfera terrestre, un cielo cautivo, de manera que la configuración ligeramente radiante de puntas de montaña que se escapan de tierra queda superalisada por el activo redondeo atmosférico con el que este cielo las recubre.

       Esto determina que la figura estrellada aparezca, en el globo, más como un indicio que como una evidencia. Y esto permite, según la experiencia que nos proponemos tener, cuadrar con más certeza o redondear mejor esta figura; ahora más, ahora menos estirada de puntas.

        De hecho la misma realidad estrellada tiene un comportamiento titilante, de presencia, según la circunstancia, más potente o más latente. Parece que supiese dónde le conviene un protagonismo de sustancia inflamada que centellea, completamente acrecida y devorada por sus propios estallidos, y dónde prefiere una presencia más discreta y seminal, como la de determinadas formas botánicas. Estoy pensando en la cáscara que recubre las castañas, o en la corteza puntiaguda del fruto del estramonio o en la bola misma de los plátanos empenachada de semillas. En todo caso, a intensidades y a velocidades muy variadas, desde la chispa de fuego minúscula y volandera a la apariencia ígnea de nieves y glaciares, pasando por el campo mundial de montañas, o sea, por la fuerza ascensional del mundo con sus valles embutidos en sus puntos más fértiles, la imagen de la multicimación de un centro se focaliza y se dilata, se derrama, se repite y se perpetúa.

 

Sigo immerso en la consistencia y la emanación. En la esfera de gravedad y la esfera de libertad de la consistencia y de la emanación, en medio de la acción de arraigar y la acción de radiar que, mutuamente, se vivifican. Imposible descifrar totalmente estos fenómenos de tamaño y de luz.

       En este mismo momento el espacio se eriza en cada campo de mundo creador de perspectivas. Con un punto de fuga en la punta, cada punta es una punta de estrella aferrada a la realidad immediata de su campo, hecha crecer desde él, surgida de él, doméstica y desconocida al mismo tiempo, como un flujo de plata que tira hacia adelante y echa a correr.

       Es esta la frondosidad de luz de un campo que se ilumina el tamaño o, aún mejor, el espacio encendido de un brote de campo que cobra aumento del carácter flexible de sus propias glebas para pesar arriba, más o menos ligeramente, pero arriba.

       Por otra parte, junto a esta radiación métrica la disposición estrellada implica, una vez atesorados, que todos los palmos de mundo son igualmente valiosos, sin que ninguno deba estar al servicio de otro. Y esto, como si la ufanía del vuelo y la vida que se les da les sofocasen cualquier voluntad de dominio. Ningún rango jerárquico, pues. ¿Cómo podría un lugar determinado ser más fundamental o más importante que otro? Su propia concepción radiante evidencia la cuestión y le da claridad. Cada punto del mundo, ciertamente, es tan completamente polar o cimero como pueda serlo el resto. Es como decir que toda tierra es central y marginal a un tiempo; cada grano, todos. Cada grano admirado de su existencia y de la existencia de sus granos vecinos.

       Además, en esta inseparable amalgama de naturaleza y luz, por cada campo que marchita de puntas hay un campo nuevo a punto de echar a andar. Es así como el espacio se regenera, rústica su luz y yerbada pero también diamantada y mineral, hecha como está de esta condición estrellada del globo que, con un doble rebrote de resplandor —el que le sale y el que tierra adentro se apaga— pone un punto de incandescencia doquier. Así las cosas, aunque a intensidades muy diferentes, suelo [sòl] terrestre y sol [sol] astral coinciden en crecimiento luminoso, y no sé si no es por esto que, para ratificar esta confusión de suelo firme y de luz, también coinciden en nombre.

       Situaciones. Semiluces. Vaharada de combustión botánica, de combustión montañosa de una estrella que se accidenta más o menos, que se disuelve más o menos, pero no desaparece nunca del todo. Se retrae hasta casi enterrarse, se prolonga hasta casi perderse, pero no se disuelve. Definitivamente la nuestra es una tierra que suscita el horizonte palpitante de los astros. Ahora bien, la tierra no alcanza nunca a mover y hacer estallar un horizonte así; nomás lo conmueve, lo instiga. Simultáneamente el espacio sideral ciñe la curva del planeta centelleándola de una manera rítmica, con la abundancia del sol cada día y lo negro en reposo cada noche. Hablo de abundancia y de lo negro en reposo de tan manifiesto como resulta el efecto de plantación de luz y de mieses sucesivas.

               Siempre he pensado que, en las noches, frente a frente con la constelación de campos que brillan en el cielo, la tierra campa y oscura los toma, mitad por modelo, mitad por imagen de culto. Cuesta muy poco ciertamente contemplar las estrellas como iconos de campo. Unos iconos refulgentes, múltiples y enjoyados. Realmente, si hay una proyección extrema de la imagen de campo, está en el cielo estelar que fructifica. Al fin y al cabo, con el constante estallido de tierra fértil y de luz, una estrella es como un campo llevado a la exageración.

               Montañas luminosas, montañas solariegas. Ninguna otra hipérbole de campo como la de estos cultivos esféricos rodeados de extensiones que hojecen y cumbrean, y que lo ejecutan con una luz fresca y limpia de tanto y tanto arder, y a una distancia vertiginosa que no hace sino enfervorecer todavía más su culto. Iconos y más iconos, pues, de unos campos que no están a nuestro alcance, de unas tierras hermanadas por puntas como los dedos de nuestras manos, pero que no están a nuestro alcance.

               Iconos gestatorios. Divinidades de campo que vemos vivir y reinar vestidas de una tierra deslumbrante, de una tierra hecha esplendor y coronadas de una cimación obsesionante. Campos subidos al cielo, campos de resplandor de un estallido mineral y botánico, pero también de un estallido animal suficientemente vistoso si nos dejamos perder por entre la figuración láctea de la estrella del Boyero o por la del camino de Leche derramada tal y como se expresa en el mito de Hera y Heraclés. Ya me direis si no es ganadera de casta esta visión lechosa del perfil de la galaxia, como un chorro que brota de los senos de una diosa para criar y amamantar trocitos y más trocitos de roca bullente.

               Leche y nieve y simiente de luz. Cosechas y ramos de tierra y de viento, de polvo y de gases. Glebas y astronomía de una agrariedad gradualmente más amplia hasta conseguir la configuración y la desfiguración cósmica de un campo radical: la bóveda dilatada y la semilla de bóveda •

 

[Versión de Orlando Guillén] •

 

Reginaldo y la tradición oral de narrativa acayuqueña

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Le Prosa acaba de dar a luz la primera edición de este libro bello y necesario, aldeano y mundial, aquí, en Barcelona, a la vista por años intencionales de la incompetencia política e intelectual, la envidia, el ninguneo y la mala fe de quienes por obligación civil debieron de hacerlo en Acayucan, de donde es oriundo, tanto como su autor y como este actor (ah, los sentidos desusados de las palabras) de largos y muchos ya libros de poesía. Mis ediciones son de 100 ejemplares, por vocación testimonial como sabe mi cercanía poética. Traigo esto a cuento porque, más allá de cuestiones económicas que de haberlas haylas, si no había publicado antes el libro es porque no tenía modo de hacer llegar tanta carga espiritual a su destino natural; apareció de pronto una oportunidad entre mis amigos, procedí a editar y… a mis amigos y a mí nos dejaron plantaos y con la carga encima. Ellos y yo aquí y otros en mi pueblo y en Veracruz estamos en movimiento inmediato reactivo y puntual, y esperamos pronto resolver este asunto y, por lo que fuere o hubiere a más, oímos ofertas y propuestas…  En esta entrega primal doy una muestra contundente de qué libro [de narrativa oral tradicional de los abuelos del terruño] estoy hablando, y en haciéndolo me callo    

La creación del mundo

 

En el atardecer, un anciano sentado en un banco frente a su domicilio escudriñaba y desentrañaba al mundo. «El mundo», decía, «es una continua confusión, un desorden, heterogéneo, un lugar común sin nada en común, un ir y venir por todas las direcciones; en fin, es redondo y no cuadrado y plano».

Enseguida de estas agudas observaciones, el viejecito empezó a contarme la historia de la creación del mundo.

 

En el principio, cuando El Maestro decidió crear el mundo le dijo a un hombre:

—¿Puedes hacerme el mundo? Hazlo y te pagaré bien.

El hombre, con tal de ganar unos centavos, le contestó:

—¡Claro que puedo! ¡Yo le hago el mundo! No se diga más.

Pero El Maestro, que era Dios, le fijó un plazo.

—Te concedo cinco días para que lo termines. En caso contrario, morirás.

El hombre se entregó manos a la obra. A los tres días acabó de hacer el mundo. Lo modeló bonito, hermoso. El globo lo hizo perfecto, redondito. Lo tomó en la palma de una mano y con la otra le dibujó rayas derechitas y paralelas, todas en la misma dirección, llenando al mundo con éstas. Era una obra de arte. Feliz y ciertamente orgulloso por su trabajo, que finalizó antes de la fecha impuesta, en el cuarto día por la mañana lo fue a presentar a El Maestro. Pero en cuanto El Maestro lo vio, le dijo:

—¡No hombre, esto no sirve! Destrúyelo y haz otro.

Y agregó:

—Te queda este medio día y mañana; en total un día y medio para desempeñar tu palabra, o perecerás.

El hombre se retiró cabizbajo, apesadumbrado, triste.

¿Cómo era el mundo que El Maestro deseaba? ¡No tenía ni idea! ¡Y ya no le quedaba mucho tiempo para manufacturarlo!

Pensativo, acertó a pasar por una calle donde un borracho tomaba. Éste le llamó:

—¡Ey, tú, ven; échate unos tragos conmigo!

—Ahorita no puedo, tengo que hacer el mundo que me encargó El Maestro, y no sé cómo. Cuento sólo con un día y medio para cumplir o en caso de no ser así moriré.

—Hacer el mundo es fácil —le respondió el ebrio. ¡Ven, vamos a emborracharnos! Yo te hago el mundo en un santiamén mañana temprano. Hoy gocemos y embriaguémonos…

Así lo hicieron.

El hombre se dedicó a libar con el beodo y se olvidó por completo de hacer el mundo.

Al día siguiente, efectivamente, el borracho hizo el mundo en un momento por la mañana, cumpliendo.

Le dio forma al esférico rápido, de cualquier modo, con superficie irregular y dicen que hasta le quedó de manera geoide. Y lo rayó para todos lados, haciendo un enredijo donde no se podía encontrar ni el principio ni el fin. Cuando finalizó, le indicó al hombre: «Ve y llévaselo a El Maestro y verás que quedará satisfecho».

El hombre obedeció.

En cuanto El Maestro lo vio llegar exclamó:

«¡Este mundo sí sirve! ¡Así es como debe ser el mundo! El primero que hiciste no iba a funcionar, porque todas las líneas eran simétricas y por lo tanto limitadas. Además ¿cómo iba a ser un mundo con todas las rayas en la misma dirección y al mismo punto? ¡Un mundo así no sirve! ¡Y la redondez y los detalles pecaban de perfectos…! Pero éste que hoy has traído, hecho como al azar, es el mundo que quiero. ¡Te felicito!»…

Esta historia de la creación del mundo es la explicación, y no otra, de que el mundo sea mundo •

«Lámina Eliçavet» a disposición de 77 magníficas lecturas

PORTADA LAMINA ELIÇAVET

Pongo en tiempo y forma a la venta entre las amigas y los amigos de poesía que todavía no lo tengan, mi libro Lámina Eliçavet, con Prólogo Plástico Intercalado en 12 cuadros de mi hijo Rilke Roca y Pròleg [Prólogo] de Andreu Subirats, 412 pgs, edición única de 77 ejemplares (tantos como años cumplí el 16 de junio que lo presentamos), numerada y firmada por los autores. Para hacerse con un ejemplar en Barcelona, pídanmelo por el messenger de mi página de Facebook o llámenme al 93 250 96 63… La Social es la primera librería en que se encuentra:

Conmigo o allí, el precio es de 70 euros. Para el resto de España y para cualquier país, la librería lo surte con un recargo correspondiente al envío. En vuestras manos espero depositar pronto mi espíritu… Pero píquenle porque son escasos y, como diría Luis Antonio Gómez, «poco menos que pan caliente».

La Mina. Gracias por todo Eliçavet

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«Lámina Eliçavet». Gracias a todos por todo. Los días son y no se ven. Tan patentes cuanto patéticos. Ni pa darles un beso en las orejas y que le queden zumbando. Son pero no son de nadie ni hay mi día. Por esa dimensión pasamos a la muerte y eso es todo. Ah, pero cómo vivimos. Lo bailao ni el Tiempo nos lo quita. Gracias a todos por todo. Y sí: quien quiera el libro, que se comunique conmigo por esta vía cuyos carriles son pero tampoco se ven. «Te vaçilé, animal» •

Hoy, ven al Ateneu Barcelonès a las 19:45 y lee al revés qué dice aquí: Lámina Eliçavet

 

Presentacion Libro Lamina

«Te vaçilé, animal» •

Señoras, señores, niñas y niños del kínder adolescente La Poesía: He aquí presentamos mi hijo Rilke, Andreu Subirats y yo, hoy jueves 16, mi libro «Lámina Eliçavet» en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès: prólogo plástico intercalao de Rilke, prólogo literario de Andreu y 77 ejemplares únicos, tantos como años cumplo este día –los unos y los otros numeraos y firmaos • 

A modo de «Mañanitas» había una vez un burro, un perro y cuatro gatas que cantaban conmigo, en días como hoy, este viejo chachachá cuya letra reserva mis derechos humanos:

«¡Que se mueran los viejos!| ¡Todos Toditos los viejos…!| ¡Que se mueran…!| Yo no No soy muy viejo| Mas como nadie me quiere| También me voy a morir…| ¡Que se mueran los viejos!| ¡Todos Toditos los viejos!| ¡Que se mueran!» •

Hay una clase de palomas que sólo alzan el vuelo del sombrero de las magas. Vengánse con elllas en ayunas espirituales, palomas exquisitas, a com|partir con nosotros mi libro de cumpleaños •

Tantos como años cumplo| 77 ejemplares únicos| Lámina Eliçavet| Nos vemos el 16

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Mi libro «Lámina Eliçavet» da nombre a una infrecuente colaboración artística padre/hijo que se expresa plástica y lírica: 12 cuadros intercalaos en el cuerpo del poema a manera de Prólogo Plástico bajo el título Te vaçilé, animal, lectura al revés del título poético, jugando Rilke Roca el juego de palabras infantil original.

Presentamos este jueves 16 en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès (19:45 horas), con la presencia de ambos autores y del poeta Andreu Subirats que lo prologa, la edición de Lámina Eliçavet: 77 ejemplares (tantos como años cumplo ese día) únicos, 414 pgs, firmaos y numeraos por los tres involucraos, y por esta vez especial a un precio rebajao 30 por ciento en términos de matemática poética de poder adquisitivo espiritual: 50 euros hablando en plata.

Si bien existe (aunque no ha circulao) una edición artesanal de 33 ejemplares de Rey de bastos en forma de libro objeto elaborada ex æquo con el pintor mexicano Orlando Díaz, y El viejo del amor ostenta la partitura de un prólogo musical del artista catalán Feliu Gasull, estas espléndidas muestras de fusión espiritual de artes distintas no son propiamente antecedentes de este nuevo libro por cuanto la relación paterno/filial lo convierte obra de amor compleja y una.

A diferencia de un prólogo musical a un libro de poesía que es, por naturaleza en abstracta realidad sonora  metafísico y metapsíquico en vuelo sensorial y sensacional en arco de espíritu, o de una ilustración pictórica creadora abierta de pujanza puntual en trazo y colorido en verso detenido y encantao y en consecuencia resuelto en imagen pura, el Prólogo Plástico a «Lámina Eliçavet» es una lectura en diversidad de mundos pero en aceptación de lo otro como lo mismo humano; o sea: una ‘deslectura’ dialogal de artes enamoradas; ello propicia una factura plástica en libertad de vuelo que entra en la poesía y desentra en la metáfora como símbolo de absoluto, y así bifurca en imagen otra lo mismo que la poesía, y como ella se alcanza infinita en el punto de universo donde toda obra de creación es metáfora separada de unión inseparable e insurge encuentros de espiritualidad manifiestos.

Hablo de encuentros reales como las metáforas. Reales como el viaje del pintor de México a Barcelona en fase previa y decisiva para la creación de las 12 láminas que constituyen el Prólogo Plástico, realizadas de manera inmediata y perentoria en  el mes de abril (2019) durante la residencia de artista del pintor en Art House Holland, en Holanda.

Más allá del interés de las partes por mantener una colaboración de tanto fruto, la importancia de este libro radica sobre todo en el hecho implacable de que acaso sea irrepetible dada mi edad y que ya sólo escribo en el aquí de lo que es y lo que no es y lo que vuelve en las orillas de la vida, de lejitos en plenitud de arte y oficios de despedida enamorao •

¿7 y 7? Catorce dijo El Gato Dosdestinos y 77 dije yo: Te vaçilé animal

Vengánse en ayunas espirituales a com|partir con nosotros mi libro de cumpleaños •

Presentacion Libro Lamina

Señoras y señores y niñas y niños del kínder adolescente La Poesía: He aquí presentamos mi hijo Rilke, Andreu Subirats y yo, este que viene jueves 16, mi libro «Lámina Eliçavet» en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès: prólogo plástico intercalao de Rilke, prólogo literario de Andreu y 77 ejemplares únicos, tantos como años cumplo ese día –los unos y los otros numeraos y firmaos • 

Cherezada en la noche de los alfanjes

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ESCENA TERCERA •

 El olor de los patios en los barrios de otro siglo.

Cherezada.

Chariar.

CHARIAR: ¿Con el látigo de qué especie de venganza me amagas, Cherezada? Todo lo que se hunde antes había estado en la superficie, como un retrato en el lodo. A la grandeza por la imagen, pero yo no soy Harún Al Raschid. ¿Oigo yo acaso la voz del esclaverío cantando

Aro       

               Naro     

               Harún Al Raschid?

No, Cherezada. Yo soy el sultán Chariar, el depredador del cuello de las vírgenes, el fugitivo de Alá. Yo también vivo por la venganza y por la justicia, pero la venganza es la lápida y la justicia morir.

CHEREZADA: El ala de las muertas por un soplo formidable se mueve, pero su destino es ciego, su peripecia incierta. Tú eres el sultán, Chariar, pero sólo Alá es rey. No en vano se cumplen los propósitos del destino siempre a contracorriente de nosotros. Afuera yo no te amaba: me parecías odioso y repugnante, hasta que te vi y me hablaste, y en tu voz temblaba como la mano que escribe poesía con un cálamo una emoción primera, apenas contenida y atávica. Lo que estuvo bajo tu mano fue la quemante voluntad de Alá. Chariar, Chariar, padre de mi nuevo ser…

CHARIAR: Más abajo del agua y de la roca tu palabra es suave, y tu voz me quema el pensamiento, el corazón y el espíritu. (Bruscamente) Córtame el cuello, Cherezada; por última vez te lo suplico, por última vez te lo ruego, y por Alá te conmino: córtame el cuello, Cherezada, o mi mano se verá precisada a cortártelo al amanecer.

CHEREZADA: No puedo, Chariar. Sería como caparte el rostro, y yo no amo a un eunuco ni a un muerto. Pero yo soy tu esclava por mi voluntad y porque también es esa la voluntad de Alá. Yo no te he pedido la gracia de mi vida, señor.

CHARIAR: Pero tu vida es más preciosa que mi sangre, y yo ya te la he concedido en mi corazón. Prefiero morir; es preciso que me mates, Cherezada, madre de mi conciencia, flor y viento que azota la flor de mi conciencia.

CHEREZADA: La vida es ancha, señor, y la conciencia, a veces, es flor de un sólo día. Pero la conciencia constante de los días es la flor de la vida. Yo soy esclava de tus días, pero tus días no son esclavos de los míos. La vida es ancha, señor, y la muerte amada del Copero. Por mucho que tu recuerdo me preceda, no puedo yo vivir por ti. Yo te quiero vivo, Chariar.

CHARIAR: Pero tú eres la experiencia constante de mi sueño, Cherezada. Y de todos modos a tu muerte seguiría mi muerte. Espera. Tú no puedes morir. Espera, espera… Entonces, ¡que mi vida y tu vida sean una sola vida, y que mi muerte y tu muerte sean una sola muerte!

CHEREZADA: ¡Y que mi vida siga a tu vida, y a tu muerte mi muerte!… Señor, ¿llamo mañana a los comediantes?

CHARIAR: Llámalos, y que sean testigos.

CHEREZADA: De nuestra vida, Chariar.

CHARIAR: Y de nuestra muerte, Cherezada.

  

Oscuro •

Lírica y plástica Lámina Eliçavet en Fundació Palau/ Gente de poesía ¡ahí los quiero ver!

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Lámina Eliçavet, “cerco un po’ d’Africa in giardino”

 

Lo he dicho ya en algún otro lugar, pero ahora lo reitero porque es verdadero y necesario, y como quiera que sólo no lo ven, como él mismo podría decir […], los ciegos de la vista gorda: Orlando Guillén […] es un gran poeta de la lengua castellana y, asumido por descontado que ninguna lengua es más ni menos vehículo de poesía que otra, un gran poeta. Desde hace muchos años vive entre nosotros y es el mejor traductor y difusor de poesía catalana que nuestro espíritu haya podido merecer. Para comprobarlo basta consultar on line su libro de libros monumental y de vida Doce poetas catalanes del siglo XX [con un Epíleg de Enric Casasses] en este enlace: https://docepoetascat.wordpress.com/, acudir a sus versiones de libros individuales de poetas clásicos o en activo y esperar, ya anunciada dentro de los eventos de celebración de los 100 años del nacimiento y 50 de la muerte de Gabriel Ferrater, en papel, su versión de Los tres libros, o sea, la obra poética de este autor fundamental de nuestras letras.

La poesía de Orlando Guillén adquiere desde Tiempal/ Libro de pinturas (2010) un sentido de cántico ancestral que acompasa y acompaña sus últimos libros hasta este Lámina Eliçavet, donde el canto humano cobra la voz de la poesía absoluta y se dilata en espiral y laberinto hasta el origen de los orígenes, hasta la Punta de la pirámide/ Del círculo.

 

[Del Prólogo de Andreu Subirats] •

El ‘legrao’ de Octavio Paz

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[Ilustración: La herencia de OP, Daniel Rosell] 

Se cumplían 108 años de su nacimiento y en acto conmemorativo en el Colegio de San Ildefonso, a puerta cerrada [no las fuera a revolotear el viento mosca de los panteones], hace un par de días se depositaron las cenizas de Octavio Paz […] en un nicho diseñado por Vicente Rojo. Hasta aquí, nota a la antigüita de ‘sociales’; estotra, hoy como ayer, ‘política’: Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la ciudad de México, informó que el legado [usó ese vocablo] de OP –integrado por sus bienes muebles e inmuebles, y los derechos de autor de sus obras– está bajo el cuidado de la ciudad a través del DIF (Sistema de Desarrollo Integral de la Familia). “Es decir, somos garantes de cumplir […] la expresa voluntad […] de que todos los papeles, cartas, documentos y correspondencia privada del testador sean depositados en esta institución, en inteligencia de que no podrán ser publicados sino hasta que transcurran 25 años a partir del fallecimiento del testador”, precisó [bigdatos de La Jornada]. Hay más, pero ‘el legado’ bajo palabra queda amarrao por un cuarto de siglo a la curiosidad de los de a pie [siempre intrigada por la lógica que circunda la reserva infame de los peores secretos de Estao –que a esa manía recurre (como el testador sin testa) y a nadie explica por qué]. El Duende Deliberao de La Errata Mexicana, pasquín on line de la inteligencia profunda, habló de «…‘legrao’/ No ‘legao’…», y, encima, en carta cuya publicación no autorizamos en 200 años después del día de hoy, nos pidió reproducir el texto de abajo que, raspao por él de La estampida de los hipócritas, a su entender ilustra motivos y convicta decisión de adjudicar al caso paceño aquella más exacta palabra que la que usa la autoridad funcionarial. La petición de El Duendejo, como le dicen sus cuates, ahora mismo será mesa redonda servida •

En libertad bajo palabra/ Orlando Guillén

Anósfeles 

1935 es la fecha que Octavio Paz escogió por punto de su obra poemática de salida por sobre los despojos de su ser adolescente, mas tengo a mi mano a la disposición del día cuatro muestras simbólicas. Con este lastre bellaco por suma, el volumen Libertad bajo palabra expone por lo que tiene de real su poecracia presunta desde aquel año hasta 1958. Aparecido en 1960 en Letras Mexicanas del Fondo de Cultura Económica, ya fue adulto y alcanzó la edad de la razón. A doble acoso piratafuentes el autor y sin más propósito que servir a la poesía, apronto la revisión del presente seguimiento de ese material de lectura. Lo primero que escande a la vista al ripio que esconde es la metáfora judicial con que Opaz nomina a un recuento que, al momento de asomar a balcón, constituía en bruto la fruta esencia de su hacer en verso. La figura jurídica de la libertad bajo palabra (ajena hasta donde sé al derecho penal mexicano) consiste en la que alcanza un convicto (en determinado momento del proceso o de la condena y de acuerdo con ciertas formalidades) a cambio del juramento de no reincidencia –en cuyo caso volvería a ser apañado; y es una libertad condicional y rigurosamente vigilada, pero también una propuesta de reinserción social. Y la rendija legal por donde zanjan la alcantarilla los soplones. Haylas malas películas gringas que maman argumento de los pechos generosos de esta madre figuranta de derecho. Y es que involucra por lo común a reos de ese orden y hay en ella paño de donde melodramar. Y más en una cultura del ego actuante y excluyente, la propiedad privada y mojonera, y la violencia exacerbada como extrapolación sustituta de una ética imposible por fraudulenta de la imposición del yo sobre todas las cosas. La pregunta cobra cuerpo y forma por sí misma: ¿qué tienen que ver todas esas mamadas gestuales con la libertad de la poesía que es la libertad creadora del espíritu? Prologa Lbp y desbalaga OP este rebaño de chivas mansas, sarnientas: “Invento la quemadura y el aullido, la masturbación en las letrinas, las visiones en el muladar, la prisión, el piojo y el chancro, la pelea por la sopa, la delación, los animales viscosos, los contactos innobles, los interrogatorios nocturnos, el examen de conciencia, el juez, la víctima, el testigo. Tú eres esos tres. ¿A quién apelar ahora y con qué argucias destruir al que te acusa? Inútiles los memoriales, los ayes y los alegatos. Inútil tocar a puertas condenadas. No hay puertas, hay espejos. Inútil cerrar los ojos o volver entre los hombres: esta lucidez ya no me abandona”. Cuál lucidez, porque esta lucidez es alucine: ¿la del inventor sin foquito del festín sumario de la bacinica de Esopo? A salvo los pedos acedos y la barba gamborinera de este griego vetusto que no entran al quite, ¿la lúcida hez de quién puede dejar con el culo al aire a aquel que inventó en la cárcel cagar en cuclillas y de un brinco sobre el cagadero cagar de aguilita? No sé desde dónde porque nunca vocó por Lecumberri, pero si Paz no quiere reinsertarse en la sociedad humana porque le parece lo que le parezca (después de algún crimen oscuro que purga pero no en la cárcel como un misterio para los demás), no tiene sentido que se acoja a una figura de prótesis judiciaria encima retórica que, como la libertad bajo palabra, tiene por signo entre otras esa consecuencia. Y voy por lo que sigue: un examen de conciencia en el cual se sea simúltiple el juez, la víctima, el testigo, no sólo escamotea a estos tres a la conciencia sino al criminal. Y así pues no es posible esperar de la propuesta pazota una escritura de conciencia y sí un juego de espejos: asunto de protección y vialidad que regentea congal en el ombligo. En aquel examen referental no hay por supuesto a quién apelar ahora: ya en su amañamiento previo se enconcha la argucia de la destrucción de quien te acusa. CoOPera con un OPer OPerado en el aire el tumulto provocado por la intervención de El Enfermero: “Romperé los espejos, haré trizas la imagen –que cada mañana rehace piadosamente mi cómplice, mi delator. La soledad de la conciencia y la conciencia de la soledad, el día a pan y agua, la noche sin agua. Sequía, campo arrasado por un sol sin párpados, ojo atroz, oh conciencia, presente puro donde pasado y porvenir arden sin fulgor ni esperanza. Todo desemboca en una eternidad que no desemboca”. Trizas de la propia imagen el rompimiento de los espejos no es crimen de lesa humanidad ni siquiera frente al suicidio. El suicida por lo menos comete asesinato y en su propia imagen y en su propia acción extremas, es su cómplice y es su delator. Si la soledad de la conciencia y la conciencia de la soledad se redujeran al día a pan y agua y a la noche a secas, sería más ojo atroz el apando que la conciencia, y claro: ni sequía ni campo ni eternidad arrasados por la opulencia alguna de ninguna incontinencia verbal. Lo que sucede es que Opé no está hablando de la poesía sino de su escritura personal, y ahí es muy libre de hacerlo bajo palabra o bajo tierra. Porque Pe no está hablando del crimen, de la angustia existencial, de los desdoblamientos irreparables de la psique: está hablando de sus respectivas fenomenologías; de las vagas musarañas de la intelectualización. La poesía está afincada en la imaginación y en la vida. Villon es al azar simultáneo del tiempo un poeta y un criminal. Inútiles los memoriales, los ayes y los alegatos.

 

Priapósfeles

Los poemas iniciantes de OP al espejo peón pasan por el arete lunar de la generación así acuñada y así exportada del 27 español –eso no tan acusado como por ejemplo en el primer Efraín Huerta. Rasgo malabar, ¡va el bulto!: “Estos suspensos jardines,/ música inmóvil del aire, / juegan su luz en tus hombros,/ doncella de los reflejos,/ si verde bajo los oros/ entre verdores dorada”, que son versos de 1935. El eco hueco de sus sonetos datados ese mismo año rebota en la pared del Siglo de Oro. Oigase (más que léase, pues su asunto como el anterior intrasciende): “Inmóvil en tu luz pero danzante,/ tu movimiento a la quietud que cría/ en la cima del vértigo se alía/ deteniendo no al vuelo, sí al instante. // Luz que no se desparrama, ya diamante,/ detenido esplendor del mediodía,/ sol que no se consume ni se enfría,/ de ceniza y fuego equidistante. // Espada, llama, incendio cincelado,/ que ni mi sed aviva ni la mata,/ absorta luz, lucero ensimismado: // tu cuerpo de sí mismo se desata/ y cae y se dispara tu blancura/ y vuelves a ser agua y tierra oscura”. Esta escritura de aprendizaje prolonga sus intereses y sus buscas cuando menos hasta 1939, y más que fijar un estilo provee una alforja temática y algunas metáforas e imágenes recurrentes que la escoltarán al dominio en su momento de un oficio que habrá de resumirse muy bocinado en el adobe que cierra la compilación: Piedra de sol (del cual no voy a ocuparme en este lugar porque no es el suyo: me basta con poner a la intemperie por implícitos los sostenes de su pomposo miriñaque verbal). En Bajo tu clara sombra comienzan a despuntar las palabras como nominal de la poesía, sin alcanzar la Palabra, sinonimia por síntesis por la que brincos diera. El mar, el amor y la mujer como alegorías, el agua, el cristal, la tendencia a la altura por decir lo más; los colores verde, azul, el cielo; la espuma, el aire, la música medida: helas las ‘claves’ de la ‘transparencia’. Pero ni el uso ni el abuso de vocablos transparentes anidan en el corazón de espejo del licenciado Vidriera ni arrempujan garantes de antiOPacidad. “¡Aguas sobre los cantos y el silencio,/ altas aguas eternas/ sobre mi origen y mis huesos, tierra/ vencida y somnolienta! // Y brotan de mi boca las palabras,/ tal en el tallo erguido/ las inocentes flores,/ diarias bajo los cielos,/ inexplicables siempre,/ como tú mismo, Mundo,/ que así me resucitas y me llevas,/ inerme ante tu gracia/ y por tu inmóvil música hechizado”. Gratuidad para las inocentes frente a las flores culpables, y para las claras resonancias (¿resonancias nomás?) calderonianas es excesiva la palabra culpa. Y en el tallo erguidas las blancas magnolias. En Raíz del hombre habían surgido ya dos constantes famélicas famudas: la mujer no como ser, como persona, sino como alegoría, y como cuerpo también y más como cuerpo en movimiento; y el ejercicio del verso de once que, como el de doce nervario galopa, galopa. Aunque fechados en 1935-1936, los versos que vienen bien podía el autor haberlos firmado a finales de los cincuenta: “por esa viva llama muere el mundo” (con minúscula, pero ¿resonancias nada más?), “alzado en amorosos resplandores/ y las mujeres corren por la tierra,/ locos caballos en sedientos cauces,/ como negras corrientes de latidos,/  hasta envolver en su terrible aliento/ al inmóvil lucero de mi carne;/ por esa tibia llama rueda sangre,/ estalla una tormenta en mis oídos,/ enmudece mi lengua calcinada,/ corremos por un puente de latidos/ hasta tocar la muerte y el vacío” –pues el oficio y la retórica son los mismos: occidua llama en verdad por la que muere el mundo dado que con él se apaga y nunca viva alzado en amorosos resplandores, mas acaso los pies de plomo del escriba de la segunda época hubieran comprado (par para similar) yeguas en los caudales cauces de Salomón a las mujeres, y no tropezado por partida doble con las piedras ‘latidos’ y la pómez consecuencial ‘hasta’. Y con la música cursiva inmóvil dejo a la tercera caída el aire quieto y de un contenido sarcasmo. Y me sigo ‘hasta’ preciosinuosamente Noche de resurrecciones, que es de 1939, y en donde puede decirse que concluye el aprendizaje aPazible. Manifiestamente su formación pasta en las fuentes españolas y por encima y por debajo de sus lecturas dispersas en otras literaturas (la testa gacha en la francesa, aunque su vasalla filia surreal estaba todavía lejos: comienza con pie de sol abolido: Piedra de sol, tras la antesala bretónica. Vasalla o calculada o calculadoramente vasalla, pero vasalla siempre), no ha dejado pie esta vez de cría como para que importe más a propósito que la intelectualización en creciente del asunto. ¡Mirad qué definido perfil temático!: “Vuelve los ojos hacia tu más cercana muerte,/ hacia el tiempo sin límites/ y la noche desértica,/ sin orillas ni fondo:/ vuelve los ojos, ve. // Tocas mi corazón oh tenebrosa,/ con mano blanda y grave,/ vencida, que se vence;/ y cede su latir a las corrientes/ que nos empujan hacia adentro,/ allá donde un mar quieto hace encallar la luz,/ donde lo vivo nace/ y en la muerte final se reconcilia”. Mano blanda y diario nacimiento vencidos: gallo y no falsete de espíritu; de profundis alfeñique. Las corrientes recipiente de la cesión de su latir que el mar quieto para encallar la luz no encuentra más adentro que el mar quieto para encallar la luz: ¿allí lo vivo nace y en la muerte ‘final’ se reconcilia? ¿De qué? ¿Con quién? Física metapatética del huevo o la gallina: en el principio no había más que Caos y lo vivo no nace: ya lo está: a priori como dato en comodato. Lo vivo brota y barbota desde los agujeros negros de la Nada, surtidores de la mano del viento de la muerte primal. Nadador de la nada material por trofeo, arbitro por lo demás y para sacudirme este parágrafo que el prologuista de Lbp (hacia 1958-59) es el mismo adolescente fachoso que en 1934, bajo la pata iniciática y ya de importación de Villaurrutia, desplegaba el paraguas civil de estos versos de cañón por la culata: “Frente a los fuegos fatuos del espejo/ mi ser es pira y es ceniza/ respira y es ceniza,/ y ardo y me quemo y resplandezco y miento/ un yo que empuña, muerto,/ una daga de humo que le finge/ la evidencia de sangre de la herida,/ y un yo, mi yo penúltimo,/ que sólo pide olvido, sombra, nada,/ final mentira que lo enciende y quema. // De una máscara a otra/ hay siempre un yo penúltimo que pide./ Y me hundo en mí mismo y no me toco”. Largo avatar de una retórica sucedánea de un arte poética diríase como no diríase un trémolo de liras eolias y aún fuera mucho decir el chasco de un hipócrita.

Falósfeles 

La poesía es obra de soberbia humildad.

Con sorna tierna la libertad de la poesía es la dictadura del espíritu.

Sólo se escribe la víspera del día que sigue a haberlo hecho, cagaelculo.

La carga de la vida y las pruebas de la pasión donde se tiempla el alma enamorada, más los designios del cosmos que son y serán mientras no los pepene la usura harpa de Dios y de los dioses, y más todavía el juguete funesto del tiempo en manos de la muerte propenden a su modo y a su moldura, y vuelcan sobre el alma trágica comediante del poeta a un mismo impulso el espanto (insoportable más allá del arrebato, el trasvase y el revire) que se resuelve en la verdad y la belleza que es la poesía. Por eso Rubén Darío pudo al orfeón del aullido exclamusitar: ¡Mas es mía el Alba de Oro!

El ejercicio del dominio del oficio en una primera etapa de la escritura OPeica u OPoide (que no remite al hecho de ser y servir que se sustenta en lo que antecede sino al de la tenacidad voluntarista que puja por un destino en vano) hay que situarlo entre los años 1939 y 1950, con ciertas reservas hijastras de la disposición del volumen Lbp que atiende más por temático que por cronológico. La identidad de la Palabra y la poesía (que al modo de la OPA hostil habría que entender por libertad bajo palabra, y por serlo no es tautología), pertenece al cuerpo grupal Asueto, que se sitúa entre 1939 y 1944. “Palabra, voz exacta/ y sin embargo equívoca;/ oscura y luminosa;/ herida y fuente: espejo;/ espejo y resplandor,/ resplandor y puñal,/ vivo puñal amado,/ ya no puñal, sí mano suave: fruto”: chisguete que osténtase chorro de voz y que ya en plural encuentra su antisíntesis en Puerta condenada (1938-1948): “Dales la vuelta,/ cógelas del rabo (chillen, putas)/ azótalas,/ dale azúcar en la boca a las rejegas,/ ínflalas, globos, pínchalas,/ sórbeles sangre y tuétanos,/ sécalas,/ cápalas,/ písalas, gallo galante,/ tuérceles el gaznate, cocinero,/ desplúmalas,/ destrípalas, toro,/ buey, arrástralas,/ hazlas, poeta,/ haz que se traguen todas sus palabras”, texto a cuya sintaxis buey se unce inapelable el carromato dúplex de la incongruencia y la confusión. Si en el primer bonche de versos el baño de pureza encuentra el jabón del perro agradecido en el intento, en el segundo la prepotencia de la impotencia creadora es patética como la aguja del amor en el pajar de las putas: entre la impotencia y la prepotencia baldía se entabla un fandango de cadáveres (los cadáveres apestan y se pudren; los muertos están vivos); ambos casos recortan la silueta de quien por ambición y ego simples quiere imponer sus tiempos particulares a los tiempos sin tiempo de la poesía; la estéril tenaz tenaza escribanal frente a la necesariedad del espíritu que la dicta y la impone: pero sólo a sus oficiantes: es decir: a los poetas. Además: ¿es o no inútil tocar a puertas condenadas?

En Condición de nube, en Puerta condenada y en las prosas sólo literalmente profanas de ¿Águila o sol?, la incapacidad de decir es obsesiva tanto y más que ostensible junto a la marquesina de El Doble –de viejísima prosapia, y donde nada neo sobre el soy apoquina. Es la paz octaviana oh Efraín la de la protoliteratura en sí. “Alto grito amarillo”. Beneficia no más que la escritura permanente y la producción a destajo. Mas la poesía ejerce la tensión, extensión y cabalgadura en chinga de la especie. No es lo mismo el silencio por asunto que vivirlo. La impaciencia no es lo contrario que la espera. Eso así si forma y melodía fueran ilusiones de dos realidades distintas. ¿Lo son? En la poesía no hay usura. Hubieran bloques ciertos de estructura y de ritmo, modelos para armar. Mas he aquí forma y melodía familiares por la peste del currículum: tener por asunto el silencio por no poder vivirlo y la impaciencia por lo contrario de la espera. En la mixtura OPortuna, “Desnudo de su nombre canta el ser,/ en el hechizo de existir suspenso,/ de su propio cantar enamorado”, y por eso quita o pone a quien se oponga o alabe (según), lo cual en justicia es un modo de ‘ser’ y de OPerar, y explica a confesión de parte y por pura vanidad su condición no de nube (¿cómo sin los pantalones de la vera imagen de Maiakovski?) sino de cacique gordo de las letras mexicanas. A trancos endecasilábicos en trances tajante y monorritmal, y aún en juego de verso corto y subordinado: “Entre montañas áridas/ las aguas prisioneras reposan,/ centellean como un cielo caído”. E incluso: “Tendidos en la yerba una muchacha y un muchacho./ Comen naranjas, cambian besos/ como las olas cambian sus espumas”. Tales corrección, elegancia y cortesía, que no son como quien dice categorías estéticas.

¿Águila o sol? quiere cronicar la lucha contra la impotencia creadora: mas estéril tiene el propósito, y más. Porque dadas a la luz del día, al día pertenecen: si estas prosas se hubieran escrito y no publicado, tendrían, si es que algún día fueran ‘descubiertas’, ese carácter reacio que pertenece a los ‘trabajos forzados’ del ‘poeta’: la heroicidad a largo plazo confesable de la protocomprensión. “Jadeo, viscoso aleteo. Busco, buceo, clamoreo por el descampado” (“vaya malachanza”: por clamo en el desierto; las cursivas del verso son mías). “Esta vez te vacío la panza, te tuerzo, te retuerzo, te volteo y voltibocabajeo, te rompo el pico, te refriego el hocico, te arranco el pito, te hundo el esternón. Broncabróncabrón. Doña campamocha se come en escamocho el miembro mocho de don campamocho”. En tela de juir envuelve su ridículo. El albur, contraseña de identidad y desparpajo canallesco, exorcismo macho de la mariconería y protagonismo verbal de homosexualidad activa que asigna a la parte albureada el papel pasivo, es furtivo en sentido recto y en sentido catacúmbico y, lenguaje vivo y siempre en proceso creador, la ajenitud de su dimensión se desenvuelve y revuela al margen y fuera del alcance papanetas de los papaloteadores de escritorio. Por lo dicho y por mi parte:

Saco, revoloteo y ataco,

embodego y empetaco,

enmaleto y empaco…

Acayucan, San Andrés y Coatzacoalcos.

Cómo no,

somos dos…

Vámonós!