«Temoyo» ya está en Temoyo. ¡Vénganse corriendo a Los Arrieros!

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Ediciones Le Prosa presenta en Acayucan, después de darla a luz en Barcelona, la primera edición de este libro bello y necesario, aldeano y mundial • Gracias a Sonia García y a su hija Sac-Nicté, a Gilberto Gutiérrez, a José Luis Ortega Vidal y a los hermanos Jorge Humberto y Rosalino Guillén Cordero por hacer posible que el grueso de los ejemplares editados esté ya en manos del autor y que este acto por tanto tenga lugar • Nuestro agradecimiento también a los participantes; al restaurant Los Arrieros y a Los Arrieros del Apompo, sin jaranas y con ellas •  

«Granta en español» y mi versión a «Estrelles de camp», de Perejaume

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En fechas recientes he traducido dos notables opúsculos de Perejaume, poeta y artista plástico catalán: hace cosa de un año el ensayo El “potser” com a públic [El “quizá” como un público], para la sobria y cuidada (la parte que me toca la cuidé yo) edición bilingüe de Tushita Edicions (2021); no puedo ahora sino recomendar su lectura. El último número de la revista Granta en español (Otoño 2022) que anda por librerías, derriba en cambio la puerta y con los pestillos todavía calientes en la mano levanta rápida suplencia portal de hojalata a Estrellas de campo, mi versión a Estrelles de camp, serena noche sideral poética acometida de suaves embelesos y graves registros sutiles. Sostuve un intercambio de correos con la revista por el motivo zorro de arriba y por otro que abajo quedará patente; sólo daré aquí dos o tres (quien piense que son más que los cuente) fragmentos consecuentes: alguno pulido, otro corregido y aumentado y alguno más sin pulir, y entrego a la imaginación lectora de poesía qué dijo la otra parte.

 

Esta es […] la entrada original de mi texto:

Cuando contemplamos el cielo estrellado los instantáneos cabos de luz levantan unas montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

 

Este es el texto que aparece en Granta:

 

Contemplamos el cielo estrellado y entonces instantáneos cabos de luz levantan montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

 

Esta es la indicación que escribí para su corrección, a la vista de una y de otras más adelante a lo largo comas intrusas:

 

La construcción catalana de las frases no es igual que la castellana. Esto es propio de todo idioma y no hay nada que hacer o decir. Ningún escritor de mi lengua estructuraría de este modo sintáctico sin entrar en conflicto con la sindéresis, esta frase: “Quan mirem el cel estrellat, les puntes instantànies de llum hi alcen unes muntanyes altíssimes i enlluernadores que contrasten amb les muntanyes terrenals, perennes i obscures”. Escribiría más o menos esto: Contemplamos el cielo estrellado y entonces instantáneos cabos de luz levantan montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Si yo hubiese traducido de este modo sintáctico no hubiese incurrido en traición al original sino en servicio a los lectores de mi lengua, y sin embargo hubiera incurrido en otro tipo de traición que es la que corresponde al estilo de este autor cuya construcción es parte propia y peculiar en muchos momentos, y este es uno de ellos. Por eso, al castellanizar la construcción para mantener el estilo prescindo de comas u otras tildes que resultan intrusas al ritmo natural y detienen la respiración, y esto vale para todo el texto poético traducido. Ignoro, pues, por qué en la primera línea aparece, después de ‘el cielo estrellado’ una coma que corta el ritmo de exposición y pensamiento a la frase. En catalán es imprescindible esa coma; en castellano, superflua y obstáculo al ritmo. En el archivo que conservo, tal coma no aparece…

 

Como puedes ver, aquí no se trataba más que de eliminar una coma, no de cambiar la redacción a mano ajena. Esto bastará para que hagas tuya la idea de que no, no se siguieron ‘a rajatabla’ como dices (ojalá, y no hubiera caso), mis indicaciones de corrección que, a veces, por digamos ‘deformación profesional’, comento.

 

En otro asunto, si bien no “bañó el agua castalia el alma mía”, sí que desde hace mucho tiempo como Rubén Darío “mi intelecto libré de  pensar bajo”. Me he equivocado, cómo no, pero jamás he procedido, desde mi juventud que soy conciente (no, no escribo ‘consciente’), con intención de causar daño a nadie. Los hechos, las acciones humanos no obedecen a maldades o bondades de la fe (entelequia teleológica de Manes o de la especulación teológica) sino a la carga de los propósitos. No existen ‘culpas’ sino responsabilidades, y estas quien las tiene también tiene que asumirlas. Hablo de un hecho puntual que me afecta en lo profundo y es de lesa poesía y nada digo de tu trabajo ni de la revista y sus ‘valores’ ni forma parte de mi asunto hacerlo ni me toca a mí reconocer el ‘poco reconocido’ trabajo de tu abnegado y, ¡sobre todo!, capacitado (ya me consta para qué) par de correctores. Así, mira lo que es tu parte y no esperes de mí ni mala ni buena fe. Me atengo siempre a la verdad de los hechos consumados, míos o de los demás, ahora y en el tiempo, y más todavía si escribo en defensa de la poesía, cosa por cierto impensable a menos que razón de agravio me suscite…

 

Ah, no, no cometo faltas de ortografía. No acentúo conjugaciones verbales del tipo de ‘sabeis’ o ‘quereis’ por el mismo motivo que no acentúo ‘seis’. Por un lado, son palabras graves o llanas terminadas en s; por otro, obedezco músico a la madre prosodia armónica del idioma y me encantan los diptongos perfectos, y sin tildes como vienen al mundo los taño (los académicos reales y los realistas acríticos dispersos o en muchedumbre, por mí bien pueden seguir tildando lo que les dé su real gana, pero a ver cómo evaden ser tildados, a vara de justicia realmente, de tontos de tildar avaros).

La revista “siente mucho” en modo condicional “si ha habido una equivocación de nuestra parte” (es decir: como los abogados, admite sin conceder), y me pide le envíe mis ‘objeciones’ (¡objeciones!; ¡como si no les hubiese entregado un original limpiamente editado –puede leerse zorro de abajo, y como si tuviesen derecho a escribir por los escritores, y como si no hubiese bastado con no meterle mano!); si atiendo tal requisitoria, se me asegura, y esta vez la condicionalidad es aleatoria, esto: “si tenemos la suerte de una segunda edición, lo arreglaremos”.

 

Con tanta generosidad pavlovrrefleja, ofrecida sin haberla yo pedido (esta conversa postal se produjo para cancelar mi presencia en una presentación), me pasa de pronto la vida entera de un escritor la peli de un sueño por delante, y pienso: pues la poesía es cosa privada tanto como pública, también “lo siento mucho” e incondicionalmente (yo sí) dejo aquí a la intemperie de las generaciones mi original, por la poesía nada más y sin quién me la hizo ni quién me la pague •

 

ESTRELLAS DE CAMPO

Perejaume •

 

Cuando contemplamos el cielo estrellado los instantáneos cabos de luz levantan unas montañas altísimas y deslumbrantes que contrastan con las montañas terrenales, perennes y oscuras. Es la opulencia astral. En un desinfernarse sucesivo de elevaciones, y sirviéndose —a veces mezcladas, a veces intermitentes— de la absoluta oscuridad y de la absoluta luz, la constelada produce un ilimitado centellear de cimas que trazan puntas hacia aquí y hacia allá y no cesan.

               Sierras de fuego. Auroras vivas y macizos incandescentes que se desintegran. ¡Cuántas, cuántas montañas! Tiene lugar un continuo salir, caer y reanudar. Elevaciones y llamaradas, derrumbes y oscurecimientos. Viéndolo bien, el centelleo es tan constante que llega a producir el brillo rasposo de un firmamento reverberante y abrasivo como lámina de lija granulosa y gigantesca. Entonces, a punto de alcanzar la fosforescencia de agujas, cerros y picos, se adivina la gran hondura negra y adolorida de punzaduras, de abismos, uno por cada estallido de luz.

               Geología y cielo. Azulidad montañesa de montañas extremas de luz, tan abandonadas al infinito que tiemblan. Agitación de cabos, encendida cada estrella en un cielo cuyo alrededor la atiza con tinieblas: unas que sombrean, otras que contrabrillan. Porque la luz accidentada de una estrella, por más que cobre la figura de una elevación montañosa, tan pronto la toma no se detiene. De hecho una estrella vive de desplegar, sin interrupción, un obstinado resplandor de tamaños. Sus ángulos se suben al cielo y crecen tan punzantes cuanto fugaces. Más que de incendios de montañas se trata, así, de incendios montañosos que, bajo geografías de límites luminiscentes, adoptan una presencia temblorosa de tierras sin linde.

               Evidentemente esta montañosidad sideral, esta voluminosa superficie de emanación en riscos deslumbrantes, pendientes largamente pronunciadas y crestas infinitas es una pura ilusión. Pero una ilusión tan persistente, tan verosímil, que proyecta sobre las montañas del planeta una voluntad paciente de querérseles parecer. Este, si no otra cosa, es uno de esos prodigios que los sentidos nos mueven a advertir: la continuidad de cresta posible entre un horizonte serrado de tierras y un horizonte serrado de luz.

               El sedentarismo terrestre de la luz, en toda la morosidad del relieve que nos sostiene, se manifiesta, entonces, como una tierra extasiada de contemplar los golpes de ala y los golpes de luz tanto de los astros sierraalados como de sus cimas que giran. Respecto a la aspiración de la tierra de intentar parecérseles, no es preciso más que observar los superelevados ápices nevados, flotantes y relucientes como una promesa de llama, como una flotación de tierras que se escapan de tierra y un poco pertenecen al cielo que los abriga.

Concebir un pico nevado como, primero, el firme asentamiento, y, después, el acolinamiento de un destello, con la consiguiente identificación de cualquier relieve alpino o polar con una estrella que por allí mata sus ocios, permite la incorporación casi chamánica de picos y glaciares al ciclo del fuego.

Acabo de dar con una imagen fotográfica de las montañas de Ladakh, situadas en el Himalaya indio. En los declives casi verticales y pese a ello profusamente nevados que allí se alzan, la visión de una estrella que tirita de frío con las puntas de luz paradas y rígidas resulta literal. Son unas crestas altísimas y desoladas cuyas hondonadas prietas de nieve y cuyos ventisqueros más finos resaltan al sesgo sus cantos y sus aristas. Con un ritmo majestuoso, el conjunto despliega una geometría de grandes masas de roca que produce el efecto de una cristalización imponente. Espesas formaciones de nieve y prismas, de gran agudeza de ángulos y cantos, constituyen una imagen muy fiel de estrella amontañada. El efecto, si es que de un efecto se trata, está totalmente conseguido.

Aparte de una figuración tan exacta como la de las montañas de Ladakh, son innumerables las cordilleras que más o menos accidentalmente parecen estrelladas en tierra, ya como una masa radiante que surgiera, ya como estrellas alicaídas que se hubiesen clavado. La ardentía y el hielo, la pujanza y el hielo: el mundo está hecho así.

Curiosamente, de rebote, proyectamos sobre las estrellas una luz de nieve: una neblina helada de estrrepitosa caída, de esplendor y de cristal de nieve al mismo tiempo. Cuando una noche es fría y serena, el efecto de hielos ardientes se manifiesta vivamente, tanto que más que crepitar y echar chispas, las estrellas que titilan lo hacen como si más bien se acobardasen, como si temblasen de un fuego que tiene frío.

Contra estos horizontes ultrarrebosantes, contra estas puntas de luz de una cimación inacabable, la corteza de la tierra levanta puntas mucho más discretas, pero más definitivas y sólidas. El relieve terrenal va naciendo siempre, pero lo hace con la fuerza y ​​la vitalidad de crecer de una cierta quietud. La vida animal, la roca que gema o la maduración de la fruta demandan variaciones lentas, escasamente flameantes, más bien pacientes y delicadas. No hay en el mundo nada inmóvil y parado pero, sin que sea necesario destacar hasta qué punto, respecto a las estrellas las variaciones son mucho menos agudas, mucho más ondulantes y mansas. Por otro lado el riego, la combustión y la evaporación de vida generan, sobre la esfera terrestre, un cielo cautivo, de manera que la configuración ligeramente radiante de puntas de montaña que se escapan de tierra queda superalisada por el activo redondeo atmosférico con el que este cielo las recubre.

       Esto determina que la figura estrellada aparezca, en el globo, más como un indicio que como una evidencia. Y esto permite, según la experiencia que nos proponemos tener, cuadrar con más certeza o redondear mejor esta figura; ahora más, ahora menos estirada de puntas.

        De hecho la misma realidad estrellada tiene un comportamiento titilante, de presencia, según la circunstancia, más potente o más latente. Parece que supiese dónde le conviene un protagonismo de sustancia inflamada que centellea, completamente acrecida y devorada por sus propios estallidos, y dónde prefiere una presencia más discreta y seminal, como la de determinadas formas botánicas. Estoy pensando en la cáscara que recubre las castañas, o en la corteza puntiaguda del fruto del estramonio o en la bola misma de los plátanos empenachada de semillas. En todo caso, a intensidades y a velocidades muy variadas, desde la chispa de fuego minúscula y volandera a la apariencia ígnea de nieves y glaciares, pasando por el campo mundial de montañas, o sea, por la fuerza ascensional del mundo con sus valles embutidos en sus puntos más fértiles, la imagen de la multicimación de un centro se focaliza y se dilata, se derrama, se repite y se perpetúa.

 

Sigo immerso en la consistencia y la emanación. En la esfera de gravedad y la esfera de libertad de la consistencia y de la emanación, en medio de la acción de arraigar y la acción de radiar que, mutuamente, se vivifican. Imposible descifrar totalmente estos fenómenos de tamaño y de luz.

       En este mismo momento el espacio se eriza en cada campo de mundo creador de perspectivas. Con un punto de fuga en la punta, cada punta es una punta de estrella aferrada a la realidad immediata de su campo, hecha crecer desde él, surgida de él, doméstica y desconocida al mismo tiempo, como un flujo de plata que tira hacia adelante y echa a correr.

       Es esta la frondosidad de luz de un campo que se ilumina el tamaño o, aún mejor, el espacio encendido de un brote de campo que cobra aumento del carácter flexible de sus propias glebas para pesar arriba, más o menos ligeramente, pero arriba.

       Por otra parte, junto a esta radiación métrica la disposición estrellada implica, una vez atesorados, que todos los palmos de mundo son igualmente valiosos, sin que ninguno deba estar al servicio de otro. Y esto, como si la ufanía del vuelo y la vida que se les da les sofocasen cualquier voluntad de dominio. Ningún rango jerárquico, pues. ¿Cómo podría un lugar determinado ser más fundamental o más importante que otro? Su propia concepción radiante evidencia la cuestión y le da claridad. Cada punto del mundo, ciertamente, es tan completamente polar o cimero como pueda serlo el resto. Es como decir que toda tierra es central y marginal a un tiempo; cada grano, todos. Cada grano admirado de su existencia y de la existencia de sus granos vecinos.

       Además, en esta inseparable amalgama de naturaleza y luz, por cada campo que marchita de puntas hay un campo nuevo a punto de echar a andar. Es así como el espacio se regenera, rústica su luz y yerbada pero también diamantada y mineral, hecha como está de esta condición estrellada del globo que, con un doble rebrote de resplandor —el que le sale y el que tierra adentro se apaga— pone un punto de incandescencia doquier. Así las cosas, aunque a intensidades muy diferentes, suelo [sòl] terrestre y sol [sol] astral coinciden en crecimiento luminoso, y no sé si no es por esto que, para ratificar esta confusión de suelo firme y de luz, también coinciden en nombre.

       Situaciones. Semiluces. Vaharada de combustión botánica, de combustión montañosa de una estrella que se accidenta más o menos, que se disuelve más o menos, pero no desaparece nunca del todo. Se retrae hasta casi enterrarse, se prolonga hasta casi perderse, pero no se disuelve. Definitivamente la nuestra es una tierra que suscita el horizonte palpitante de los astros. Ahora bien, la tierra no alcanza nunca a mover y hacer estallar un horizonte así; nomás lo conmueve, lo instiga. Simultáneamente el espacio sideral ciñe la curva del planeta centelleándola de una manera rítmica, con la abundancia del sol cada día y lo negro en reposo cada noche. Hablo de abundancia y de lo negro en reposo de tan manifiesto como resulta el efecto de plantación de luz y de mieses sucesivas.

               Siempre he pensado que, en las noches, frente a frente con la constelación de campos que brillan en el cielo, la tierra campa y oscura los toma, mitad por modelo, mitad por imagen de culto. Cuesta muy poco ciertamente contemplar las estrellas como iconos de campo. Unos iconos refulgentes, múltiples y enjoyados. Realmente, si hay una proyección extrema de la imagen de campo, está en el cielo estelar que fructifica. Al fin y al cabo, con el constante estallido de tierra fértil y de luz, una estrella es como un campo llevado a la exageración.

               Montañas luminosas, montañas solariegas. Ninguna otra hipérbole de campo como la de estos cultivos esféricos rodeados de extensiones que hojecen y cumbrean, y que lo ejecutan con una luz fresca y limpia de tanto y tanto arder, y a una distancia vertiginosa que no hace sino enfervorecer todavía más su culto. Iconos y más iconos, pues, de unos campos que no están a nuestro alcance, de unas tierras hermanadas por puntas como los dedos de nuestras manos, pero que no están a nuestro alcance.

               Iconos gestatorios. Divinidades de campo que vemos vivir y reinar vestidas de una tierra deslumbrante, de una tierra hecha esplendor y coronadas de una cimación obsesionante. Campos subidos al cielo, campos de resplandor de un estallido mineral y botánico, pero también de un estallido animal suficientemente vistoso si nos dejamos perder por entre la figuración láctea de la estrella del Boyero o por la del camino de Leche derramada tal y como se expresa en el mito de Hera y Heraclés. Ya me direis si no es ganadera de casta esta visión lechosa del perfil de la galaxia, como un chorro que brota de los senos de una diosa para criar y amamantar trocitos y más trocitos de roca bullente.

               Leche y nieve y simiente de luz. Cosechas y ramos de tierra y de viento, de polvo y de gases. Glebas y astronomía de una agrariedad gradualmente más amplia hasta conseguir la configuración y la desfiguración cósmica de un campo radical: la bóveda dilatada y la semilla de bóveda •

 

[Versión de Orlando Guillén] •

 

Reginaldo y la tradición oral de narrativa acayuqueña

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Le Prosa acaba de dar a luz la primera edición de este libro bello y necesario, aldeano y mundial, aquí, en Barcelona, a la vista por años intencionales de la incompetencia política e intelectual, la envidia, el ninguneo y la mala fe de quienes por obligación civil debieron de hacerlo en Acayucan, de donde es oriundo, tanto como su autor y como este actor (ah, los sentidos desusados de las palabras) de largos y muchos ya libros de poesía. Mis ediciones son de 100 ejemplares, por vocación testimonial como sabe mi cercanía poética. Traigo esto a cuento porque, más allá de cuestiones económicas que de haberlas haylas, si no había publicado antes el libro es porque no tenía modo de hacer llegar tanta carga espiritual a su destino natural; apareció de pronto una oportunidad entre mis amigos, procedí a editar y… a mis amigos y a mí nos dejaron plantaos y con la carga encima. Ellos y yo aquí y otros en mi pueblo y en Veracruz estamos en movimiento inmediato reactivo y puntual, y esperamos pronto resolver este asunto y, por lo que fuere o hubiere a más, oímos ofertas y propuestas…  En esta entrega primal doy una muestra contundente de qué libro [de narrativa oral tradicional de los abuelos del terruño] estoy hablando, y en haciéndolo me callo •    

La creación del mundo

 

En el atardecer, un anciano sentado en un banco frente a su domicilio escudriñaba y desentrañaba al mundo. «El mundo», decía, «es una continua confusión, un desorden, heterogéneo, un lugar común sin nada en común, un ir y venir por todas las direcciones; en fin, es redondo y no cuadrado y plano».

Enseguida de estas agudas observaciones, el viejecito empezó a contarme la historia de la creación del mundo.

 

En el principio, cuando El Maestro decidió crear el mundo le dijo a un hombre:

—¿Puedes hacerme el mundo? Hazlo y te pagaré bien.

El hombre, con tal de ganar unos centavos, le contestó:

—¡Claro que puedo! ¡Yo le hago el mundo! No se diga más.

Pero El Maestro, que era Dios, le fijó un plazo.

—Te concedo cinco días para que lo termines. En caso contrario, morirás.

El hombre se entregó manos a la obra. A los tres días acabó de hacer el mundo. Lo modeló bonito, hermoso. El globo lo hizo perfecto, redondito. Lo tomó en la palma de una mano y con la otra le dibujó rayas derechitas y paralelas, todas en la misma dirección, llenando al mundo con éstas. Era una obra de arte. Feliz y ciertamente orgulloso por su trabajo, que finalizó antes de la fecha impuesta, en el cuarto día por la mañana lo fue a presentar a El Maestro. Pero en cuanto El Maestro lo vio, le dijo:

—¡No hombre, esto no sirve! Destrúyelo y haz otro.

Y agregó:

—Te queda este medio día y mañana; en total un día y medio para desempeñar tu palabra, o perecerás.

El hombre se retiró cabizbajo, apesadumbrado, triste.

¿Cómo era el mundo que El Maestro deseaba? ¡No tenía ni idea! ¡Y ya no le quedaba mucho tiempo para manufacturarlo!

Pensativo, acertó a pasar por una calle donde un borracho tomaba. Éste le llamó:

—¡Ey, tú, ven; échate unos tragos conmigo!

—Ahorita no puedo, tengo que hacer el mundo que me encargó El Maestro, y no sé cómo. Cuento sólo con un día y medio para cumplir o en caso de no ser así moriré.

—Hacer el mundo es fácil —le respondió el ebrio. ¡Ven, vamos a emborracharnos! Yo te hago el mundo en un santiamén mañana temprano. Hoy gocemos y embriaguémonos…

Así lo hicieron.

El hombre se dedicó a libar con el beodo y se olvidó por completo de hacer el mundo.

Al día siguiente, efectivamente, el borracho hizo el mundo en un momento por la mañana, cumpliendo.

Le dio forma al esférico rápido, de cualquier modo, con superficie irregular y dicen que hasta le quedó de manera geoide. Y lo rayó para todos lados, haciendo un enredijo donde no se podía encontrar ni el principio ni el fin. Cuando finalizó, le indicó al hombre: «Ve y llévaselo a El Maestro y verás que quedará satisfecho».

El hombre obedeció.

En cuanto El Maestro lo vio llegar exclamó:

«¡Este mundo sí sirve! ¡Así es como debe ser el mundo! El primero que hiciste no iba a funcionar, porque todas las líneas eran simétricas y por lo tanto limitadas. Además ¿cómo iba a ser un mundo con todas las rayas en la misma dirección y al mismo punto? ¡Un mundo así no sirve! ¡Y la redondez y los detalles pecaban de perfectos…! Pero éste que hoy has traído, hecho como al azar, es el mundo que quiero. ¡Te felicito!»…

Esta historia de la creación del mundo es la explicación, y no otra, de que el mundo sea mundo •

«Lámina Eliçavet» a disposición de 77 magníficas lecturas

PORTADA LAMINA ELIÇAVET

Pongo en tiempo y forma a la venta entre las amigas y los amigos de poesía que todavía no lo tengan, mi libro Lámina Eliçavet, con Prólogo Plástico Intercalado en 12 cuadros de mi hijo Rilke Roca y Pròleg [Prólogo] de Andreu Subirats, 412 pgs, edición única de 77 ejemplares (tantos como años cumplí el 16 de junio que lo presentamos), numerada y firmada por los autores. Para hacerse con un ejemplar en Barcelona, pídanmelo por el messenger de mi página de Facebook o llámenme al 93 250 96 63… La Social es la primera librería en que se encuentra:

Conmigo o allí, el precio es de 70 euros. Para el resto de España y para cualquier país, la librería lo surte con un recargo correspondiente al envío. En vuestras manos espero depositar pronto mi espíritu… Pero píquenle porque son escasos y, como diría Luis Antonio Gómez, «poco menos que pan caliente».

La Mina. Gracias por todo Eliçavet

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«Lámina Eliçavet». Gracias a todos por todo. Los días son y no se ven. Tan patentes cuanto patéticos. Ni pa darles un beso en las orejas y que le queden zumbando. Son pero no son de nadie ni hay mi día. Por esa dimensión pasamos a la muerte y eso es todo. Ah, pero cómo vivimos. Lo bailao ni el Tiempo nos lo quita. Gracias a todos por todo. Y sí: quien quiera el libro, que se comunique conmigo por esta vía cuyos carriles son pero tampoco se ven. «Te vaçilé, animal» •

Hoy, ven al Ateneu Barcelonès a las 19:45 y lee al revés qué dice aquí: Lámina Eliçavet

 

Presentacion Libro Lamina

«Te vaçilé, animal» •

Señoras, señores, niñas y niños del kínder adolescente La Poesía: He aquí presentamos mi hijo Rilke, Andreu Subirats y yo, hoy jueves 16, mi libro «Lámina Eliçavet» en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès: prólogo plástico intercalao de Rilke, prólogo literario de Andreu y 77 ejemplares únicos, tantos como años cumplo este día –los unos y los otros numeraos y firmaos • 

A modo de «Mañanitas» había una vez un burro, un perro y cuatro gatas que cantaban conmigo, en días como hoy, este viejo chachachá cuya letra reserva mis derechos humanos:

«¡Que se mueran los viejos!| ¡Todos Toditos los viejos…!| ¡Que se mueran…!| Yo no No soy muy viejo| Mas como nadie me quiere| También me voy a morir…| ¡Que se mueran los viejos!| ¡Todos Toditos los viejos!| ¡Que se mueran!» •

Hay una clase de palomas que sólo alzan el vuelo del sombrero de las magas. Vengánse con elllas en ayunas espirituales, palomas exquisitas, a com|partir con nosotros mi libro de cumpleaños •

Tantos como años cumplo| 77 ejemplares únicos| Lámina Eliçavet| Nos vemos el 16

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Mi libro «Lámina Eliçavet» da nombre a una infrecuente colaboración artística padre/hijo que se expresa plástica y lírica: 12 cuadros intercalaos en el cuerpo del poema a manera de Prólogo Plástico bajo el título Te vaçilé, animal, lectura al revés del título poético, jugando Rilke Roca el juego de palabras infantil original.

Presentamos este jueves 16 en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès (19:45 horas), con la presencia de ambos autores y del poeta Andreu Subirats que lo prologa, la edición de Lámina Eliçavet: 77 ejemplares (tantos como años cumplo ese día) únicos, 414 pgs, firmaos y numeraos por los tres involucraos, y por esta vez especial a un precio rebajao 30 por ciento en términos de matemática poética de poder adquisitivo espiritual: 50 euros hablando en plata.

Si bien existe (aunque no ha circulao) una edición artesanal de 33 ejemplares de Rey de bastos en forma de libro objeto elaborada ex æquo con el pintor mexicano Orlando Díaz, y El viejo del amor ostenta la partitura de un prólogo musical del artista catalán Feliu Gasull, estas espléndidas muestras de fusión espiritual de artes distintas no son propiamente antecedentes de este nuevo libro por cuanto la relación paterno/filial lo convierte obra de amor compleja y una.

A diferencia de un prólogo musical a un libro de poesía que es, por naturaleza en abstracta realidad sonora  metafísico y metapsíquico en vuelo sensorial y sensacional en arco de espíritu, o de una ilustración pictórica creadora abierta de pujanza puntual en trazo y colorido en verso detenido y encantao y en consecuencia resuelto en imagen pura, el Prólogo Plástico a «Lámina Eliçavet» es una lectura en diversidad de mundos pero en aceptación de lo otro como lo mismo humano; o sea: una ‘deslectura’ dialogal de artes enamoradas; ello propicia una factura plástica en libertad de vuelo que entra en la poesía y desentra en la metáfora como símbolo de absoluto, y así bifurca en imagen otra lo mismo que la poesía, y como ella se alcanza infinita en el punto de universo donde toda obra de creación es metáfora separada de unión inseparable e insurge encuentros de espiritualidad manifiestos.

Hablo de encuentros reales como las metáforas. Reales como el viaje del pintor de México a Barcelona en fase previa y decisiva para la creación de las 12 láminas que constituyen el Prólogo Plástico, realizadas de manera inmediata y perentoria en  el mes de abril (2019) durante la residencia de artista del pintor en Art House Holland, en Holanda.

Más allá del interés de las partes por mantener una colaboración de tanto fruto, la importancia de este libro radica sobre todo en el hecho implacable de que acaso sea irrepetible dada mi edad y que ya sólo escribo en el aquí de lo que es y lo que no es y lo que vuelve en las orillas de la vida, de lejitos en plenitud de arte y oficios de despedida enamorao •

¿7 y 7? Catorce dijo El Gato Dosdestinos y 77 dije yo: Te vaçilé animal

Vengánse en ayunas espirituales a com|partir con nosotros mi libro de cumpleaños •

Presentacion Libro Lamina

Señoras y señores y niñas y niños del kínder adolescente La Poesía: He aquí presentamos mi hijo Rilke, Andreu Subirats y yo, este que viene jueves 16, mi libro «Lámina Eliçavet» en la sala Maria Mercè Marçal del Ateneu Barcelonès: prólogo plástico intercalao de Rilke, prólogo literario de Andreu y 77 ejemplares únicos, tantos como años cumplo ese día –los unos y los otros numeraos y firmaos • 

Cherezada en la noche de los alfanjes

acherezada

ESCENA TERCERA •

 El olor de los patios en los barrios de otro siglo.

Cherezada.

Chariar.

CHARIAR: ¿Con el látigo de qué especie de venganza me amagas, Cherezada? Todo lo que se hunde antes había estado en la superficie, como un retrato en el lodo. A la grandeza por la imagen, pero yo no soy Harún Al Raschid. ¿Oigo yo acaso la voz del esclaverío cantando

Aro       

               Naro     

               Harún Al Raschid?

No, Cherezada. Yo soy el sultán Chariar, el depredador del cuello de las vírgenes, el fugitivo de Alá. Yo también vivo por la venganza y por la justicia, pero la venganza es la lápida y la justicia morir.

CHEREZADA: El ala de las muertas por un soplo formidable se mueve, pero su destino es ciego, su peripecia incierta. Tú eres el sultán, Chariar, pero sólo Alá es rey. No en vano se cumplen los propósitos del destino siempre a contracorriente de nosotros. Afuera yo no te amaba: me parecías odioso y repugnante, hasta que te vi y me hablaste, y en tu voz temblaba como la mano que escribe poesía con un cálamo una emoción primera, apenas contenida y atávica. Lo que estuvo bajo tu mano fue la quemante voluntad de Alá. Chariar, Chariar, padre de mi nuevo ser…

CHARIAR: Más abajo del agua y de la roca tu palabra es suave, y tu voz me quema el pensamiento, el corazón y el espíritu. (Bruscamente) Córtame el cuello, Cherezada; por última vez te lo suplico, por última vez te lo ruego, y por Alá te conmino: córtame el cuello, Cherezada, o mi mano se verá precisada a cortártelo al amanecer.

CHEREZADA: No puedo, Chariar. Sería como caparte el rostro, y yo no amo a un eunuco ni a un muerto. Pero yo soy tu esclava por mi voluntad y porque también es esa la voluntad de Alá. Yo no te he pedido la gracia de mi vida, señor.

CHARIAR: Pero tu vida es más preciosa que mi sangre, y yo ya te la he concedido en mi corazón. Prefiero morir; es preciso que me mates, Cherezada, madre de mi conciencia, flor y viento que azota la flor de mi conciencia.

CHEREZADA: La vida es ancha, señor, y la conciencia, a veces, es flor de un sólo día. Pero la conciencia constante de los días es la flor de la vida. Yo soy esclava de tus días, pero tus días no son esclavos de los míos. La vida es ancha, señor, y la muerte amada del Copero. Por mucho que tu recuerdo me preceda, no puedo yo vivir por ti. Yo te quiero vivo, Chariar.

CHARIAR: Pero tú eres la experiencia constante de mi sueño, Cherezada. Y de todos modos a tu muerte seguiría mi muerte. Espera. Tú no puedes morir. Espera, espera… Entonces, ¡que mi vida y tu vida sean una sola vida, y que mi muerte y tu muerte sean una sola muerte!

CHEREZADA: ¡Y que mi vida siga a tu vida, y a tu muerte mi muerte!… Señor, ¿llamo mañana a los comediantes?

CHARIAR: Llámalos, y que sean testigos.

CHEREZADA: De nuestra vida, Chariar.

CHARIAR: Y de nuestra muerte, Cherezada.

  

Oscuro •

Lírica y plástica Lámina Eliçavet en Fundació Palau/ Gente de poesía ¡ahí los quiero ver!

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Lámina Eliçavet, “cerco un po’ d’Africa in giardino” •

 

Lo he dicho ya en algún otro lugar, pero ahora lo reitero porque es verdadero y necesario, y como quiera que sólo no lo ven, como él mismo podría decir […], los ciegos de la vista gorda: Orlando Guillén […] es un gran poeta de la lengua castellana y, asumido por descontado que ninguna lengua es más ni menos vehículo de poesía que otra, un gran poeta. Desde hace muchos años vive entre nosotros y es el mejor traductor y difusor de poesía catalana que nuestro espíritu haya podido merecer. Para comprobarlo basta consultar on line su libro de libros monumental y de vida Doce poetas catalanes del siglo XX [con un Epíleg de Enric Casasses] en este enlace: https://docepoetascat.wordpress.com/, acudir a sus versiones de libros individuales de poetas clásicos o en activo y esperar, ya anunciada dentro de los eventos de celebración de los 100 años del nacimiento y 50 de la muerte de Gabriel Ferrater, en papel, su versión de Los tres libros, o sea, la obra poética de este autor fundamental de nuestras letras.

La poesía de Orlando Guillén adquiere desde Tiempal/ Libro de pinturas (2010) un sentido de cántico ancestral que acompasa y acompaña sus últimos libros hasta este Lámina Eliçavet, donde el canto humano cobra la voz de la poesía absoluta y se dilata en espiral y laberinto hasta el origen de los orígenes, hasta la Punta de la pirámide/ Del círculo.

 

[Del Prólogo de Andreu Subirats] •