Alfil en la FIL, La cáscara guarda al palo
Alfil en la FIL, La cáscara guarda al palo • HOYHOYHOY en la FIL Guadalajara, Francachela Cartonera 2024 • La cáscara guarda al palo, de Orlando Guillén • Presentan: Tanya Cosío y Marco Antonio Gabriel • 29 de noviembre, 19 horas • Centro Cultural La Fábrica, Encarnación Rosas 633, Barrio del Retiro • Montado este video especialmente para coincidir con la presentación en Guadalajara del libro y a la memoria de mi amigo y maestro Tobías Bocardo, abajo daré el texto.
«Tampoco los puestos
De tacos o baratijas. Tampoco
Financiera
Su
Atención. Y menos pájaropaís
Picotiando
Acuclillao […] gusanitos terrestres
Ni un oranchito y
Una de pierna con todo y
Chelo Silva en la rocola y
Menos arrodillada de miedo
La clientela también Y occiduos
Vendedores
De libros de poesía en la calle y
Tamales los manteros ocasionaos de
Cuya renta
El Miedo Maldad dispone y da de comer y
Pa chupar. Qué Qué Qué más quieres…
Con los mudras ni se aplaude ni se paga
Sutra expulsao de la casa de Kriyán
A mediodía –Hasta el culo sor
Buda El Teterete
Divano y
Entre contaos escasos
No falta
Quien diga: “Divino,
Pendejo” y en el sordo vacío de su
Noche acústica sólo El Burro
Villaseñor lo escuche Ponga coma y
Contexte
Serio Serio y girito como quien oye
Papanauta el himno nacional de
Tíbet: “Divino pendejo en en en
En efecto ybing ybang” y
Allí donde comen soles hasta 13 comensales
(Banquetes de mierda bien picosa)
Adereza El Buda del ALA en su recondite
Tocando fondo Cuerpo entero
DivinoEnvino EnvanoDevino y
El fenómeno El Vino montao en Torbellino
Vino vino ybing ybang y
Es la cosa Índice de Líquido
Amniótico
Invicto Víctor Amigote
Que nuestro sol En medio de la alucinación
De los cantineros
De la Moctezuma Pasó junto
A un festival botana de poesía supernova|
Ta al cruzar Orión hace Indios Verdes
Yamarillos 13 millones de años y
Y ni un patón verso corconcho recogió
Enrollao y pergaminao en verdá de
Vida pa enchufarlo prendiendo a postreros
Hermanoides hasta los viejos tepalcates…
¿Cómo señito Poesía Cómo
Que en dónde?:
En La Cerrada Las Piernas
De La Piernuda
Justo Mismito
Aterciopelada allí donde se ponen de punta
Los pelos del amor» de
De un tirón circunciso
Contestó el interfecto
En 2 estrofas de excelente mofa.
«Porque ¿qué es esto? ¿Juan De La Barrera de
Gigantes Pedos cuando a pedos la derriban
Fácil Los Enanos Galácticos Musgaños
Del Tapancal?» Añadijo
Y no vano de puertas abortales
Un tremendo pedo de madera lo desencalló…
Eso dices portazo de nalgas
A pesar de todo Firmamento Dijo El
Puercochinilla […]
Pero cuándo y cómo no Pues
Entraron sin crédito perpetuas Lilí y
Columba y Marga y Miroslava al imaginario
Gentil de la niñez congénita
Tú qué sabes ¿eh? E
Invadieron yo qué sé la plática los jabalíes
¿No…? A ver eseTesoro eseT…
De la Sierra Madre Occipital y que
Compartan las tuzas celestiales pa custodia
Espiritual los Ojos Negros
De las cuevas hondas ¿No…?
«No. O
Bueno Sí pero De allí pal real
No hay pedo sin premio. Ni
(Si|quieres) literario. De contrabando
Vienen bajando
Las niñas vendidas en Guerrero
Inocencia de nacimiento que sube
La tasa de los precios preciosos de la morgue y
Los niños aká|47 al camión de redilas.
Eso pasa
Sí CacaLabaza. Pérate. No comas
Hambre de la que come
Quien las compró Quien los armó. Pérate.
En sólo 13 millones más
Volverá a cruzar Delfina Reyes
Surfeando la ola comelumbre De
Los Festivales Órdago de Poemas Calaca y
Demás pavesada de los colores del polvo
Cosméticos
–Asaz repintando polvo cósmico
A los rayotes de soles a crayón opuestos
A morir de mal de mala poesía
(En algún lugar remoto de La Jungla
Etérea de la página blanca la hay y
Y la inyectan en función de conjunto
–A los clientes de
La Múcura en El Mercao
Las meseras y
A los padrotes de El Café Tal
Los poetas de género) y espantando gavilanes
Tras el hombro de la montaña de oros
Con el abanico Doña Olivia
Verá parir mi brasa en
La flor de una mujer feliz Donde las
Haya (Cantando y si no bailando)…
Flor de una mujer feliz
(Tanto que de serlo no se daba abasto)
(Las hay hasta donde no las hay
Pero las hubo) y y y…
Y entonces sí A corazón abierto la fe
En los arcoiris y a mano propia las venas
De la mala poesía Escrita por la buena
Voluntá –En el mejor caso y
El caso que te hago es poco– y
Y entonces sí
Revoloteadoras gallinas sublimes
–El caso es averiguar–
¡De las mejillas negras y de bronce y
Amarillas agárrense galaxias! –Dime
Si te vas conmigo Para venirte a llevar–…
…Y de forma drástica Dibujando un murciélago
En el espejo Escandiremos distancias llamarillas
A las grandes regiones de formación estelares
Metidos a media menda en el cucurucho
De cabeza de un Agujero de Poesía
A Berridos Pariente:
En el mapa todo rojizo
Lo primero
En vértebra de mar marimba la mapuche
El cielo purasangre se llueve
Raso
La maya Lámina que ilumina la página 1
Del futuro si el futuro juera
Libro de Pinturas autótomo y
Culminase 2ª la 3ª pirámide en tiempos de Mamá
Canul y hasta eso si juera el tiempo
Cofrecito de Crayones y
Desde que me dejaste más solo que un aullido
Pintara de pájaras sin fondo adulto el nido y
La minoría olmeca Poesía de piedra
Cabezona de todo tiempo pasao Puro
Corazón de Acantilaoerrío En cuyas
Riberas desnudas de pecho Semidesnudas de
Agua de cintura pabajo lavan cuerpo y
Ropa las mujeres
Toltecas
La huichol
Criatura verde rabo venadeándonos y lo
La naua Levantada a levantar a los naguales
De tibia en tibia invertebraos
–Todo chispao de una Nada conductora
De electricidades y chispas de chaneca
‘Excéntricas’ según La Metrópoli Polilla.
Digamos saldo reportiao al sueño puque
De notarios occiDent|arios de blusa y
Calzón caldeos Pero
Si lo contara la casa Alva Ixtlixóchitl
Más Mucho más
Hermana a los apagones vivientes
Más y tanto más tonta
Cuanto la muerte de la especie
Humana A mano
Humana
A semejantes alturas irrisoria
Obsoleta más que la intentona venturera de
Onán resultante
Ha resaltao destellos nada más
Y todavía se llueve a toda lámpara la mina
De los 7 eunucos de la Nieve Pura.
«Ah sí… Pero como llueve y
Llueve muertas
Blinda niñas en la panza de
Las muertas» dijo El Cuchillito de Palo
Mulato. «La falda húmeda en los muslos de
Cuatlicue
Restregará desde otros ojos A otros vientos
La bastante temporera gama de lo posible»…
También eso lo dijo viendo
Dinosaurios fósiles en el ámbar cantiao
De una lágrima de época
Poco igual a las de ahora ex
Extraditaos a este verso de entre los muertos
Ladraznando como si estuvieran vivos
Especie de inteligencia batiente
Y despejada de no sé qué rayos oblicuos
En años artificiales Hasta los 66 000 000 y
Más viejos que la luna
Despojos emplumaos –Haz por Envés
De ilusión de los jumentos momia
Que nos vieron morir sabiendo que con
Nosotros morirían ayunos y
Amón Ra ahíto de sus amores
Y nada podían de cola y de rebuzno hacer que
No fuera resucitar privatizaos en caliente
Verbigracia los templos de Taiwán
Los vestigios de inteligencia entre retortas del
Imperio mogol en India La tremenda mezquita
Jama Masjid El mausoleo del Ganges y los ba
Ñistas muertos de Taj Mahal En Agra
Decimiento a las diosas de cien brazos
En Agra
Vio a los víveres del almaZén de los abrazos
De 4 brazos nomás Que se quedan solos
Desconchabaos en las ajueras
De Acayucan esperando a Gogol y
Toda la poesía de África y Asia y el Amazonas
Que no conocemos Pero
La de las islas en conjunio de los marabriles
De la bragueta Pero nosotros qué conocemos
Que no conozcamos que no conocemos»…
«Pa Cono Pa Cono
Cono Pa Cono
Pa Conocida»…
[…] «Claro que sí ¿Quién dice que no? Los
Generales etolios son de buena tibia y
Peroné crujientes» Lalaladra erizao y poco se
Oye un perro muerto Todavía hueso en pata
Raedor […]
Lalalabrada por lalalabriegos ahogaos
Pútrida de tiempo atrás por dechaos de desechos
El agua se daba en manantial embotellada
De origen y La Sed no iba a comprarla al
Mercao abaratada y microplástica.
Ponía un grifo Un filtro si lo hubiere y ya.
Pero ahora
Va. Van. Llevan chacos en las manotas y
Molinetean con ellos los que todavía pueden
Acaparar. Nosotros ya no tenemos sed
Ni boca.
Nosotros
Com
Compartiremos la sangre de los armarios de saliva
Seca Las sabanas y las salinas
Los hocicos de las fieras imaginarias
La nieve abominable
De los vivos antiguos
Empapaos de baba y pleonasmo
De ganzúa y
Leche cuajada en formaechongo zamorano
Canastos de pan de muerto en el buzón virtual
Y flores pamerendar y cartearse en sánscrito
Con especialistas titireteros y leer
Cempasúchil Enmascarao de Láser
En las prendas lívidas de la vieja poesía
Olor a Justo. ¿Justo? Justito. Moldiao
Agreste tufi
Llo
Manco de los dos abrazos Candao poeta
Cuya llave se llevó la puerta entre goznes
De morir por hacha
Cargao de escudos humeantes
Pero en paro cagao
En paro respiratorio. Ya no hay
Cascarón de Ehécatl para ello
Apagao el fuelle del pulmón
De al lao. Ya no don
Roldán dobla rodilla ante yegua rosa
Lía. Portazo de portalón bayo
En el papaseo papasao por las enaguas
Y aguas de calzón…
¡Aguas! gran Tarantín Papatriarca
Esquirol. […]
Su agresivo agarre
Presente Está herido certera y grave
Mente en rama en Nueva Delhi de Nueva
Poesía nanovieja y del balazo herido y
Herrumbrao y nanoarrumbao en tiempos de
Cacatulo Viento de los cerros Encogido
De hombros Cuando cacantar era asunto de
Cacantantes No ahora:
En la sustancia gris osa de las paredes
Sesos embarraos y
Y los güeyes tiraban de la yunta
Del sentimiento
Bisexuao o
O la yunta de los carros completos de los
Aurigas Niños y niñas invitaos al circo del
León Gladioroso. Alaridos que crujen.
Qué más isidrolabradora daba o podía dar
A los esclavos de la cosecha armada.
Arrúa Barrita Tautea Crotora Musita
Gluglutea Ulula Bala Parpa y y y
Alfalfa regurgita en grandes lobbies
La Realidad biMotora
Broche fuera de borda de
Abortar. Hablando momentáneo
Con 4muertos en
Realidad ciclomorfa y patidiestra
Los zorrillos son buenas personas
Y mejores poetas. Se inmolan y ya está.
Ninguno usa
Enterrador ni servicios funéreos. Bajan los
Cóndores al banquete y ya. Han aprehendido
Viento ondeando de a muertito viendo
Cómo baja a la tumba el día y
Saben por dónde El Polvo se levanta a miar.
Buenos poetas ajá y
Mejores personas del ajuar de los bosques
Láricos Líricos poláricos
Los zopilotes apátridas picotiando tripa
Y los muertos no tanto Pero también trigarantes
De tropo sueñan profundo y Lóricos Pilóricos
PatiBulóricos de vida galante se transforman.
Ya son otros.
Patos patibulaos y
Guajolotes Cabras Jabalíes Zorras
Elefantes Ratones Cigüeñas
Todos vistos por última vez en la biblio
Teca tras las rejas
De la fábula simPática. Todos en
Bibizancio en
Calzoncillos coloraos de palominos
A 2 a 4 patas por 3 (Una
Se desbalagó en la guerra)
Encueraos en DesConstantinopla…
Desollaos en Alejandriápolis La Prieta
Polis llena de polis
Ponen a buen recaudo
Sus versos excedentes
O rabones. Entre las patas
La cápsula del tiempo
La gamarra de Gomorra.
Desde el arcón de Babilonia
Irisaos
Todos Excelentes de piel De ala
De pelo o de pezuña.
¡Listo Cacalisto!
Bajo auroras barnizadas
Por Patricio El Pájarocarpintero
Palumbrarse
Apagaron los libros
La somera cagada de alcanfores rancios.
Cállate Nariceschatas
Orejas de coliflor •
De palo en palo y le ponemos cerca al monte

Mucha eres Mucha Pinche Rocola Mamá Panchita. Mira: Tu Sol te quiere y Aquella que barre abajo Se llama… Mira arriba: Ha de ser cierto Panchita de los bosques Cuando hasta yo lo veo •
«Tampoco los puestos
De tacos o baratijas. Tampoco
Financiera
Su
Atención. Y menos pájaropaís
Picotiando
Amarillocalandria acuclillao gusanitos terrestres
Ni un oranchito y
Una de pierna con todo y
Chelo Silva en la rocola y
Menos arrodillada de miedo
La clientela también Y occiduos
Vendedores
De libros de poesía en la calle y
Tamales los manteros ocasionaos de
Cuya renta
El Miedo Maldad dispone y da de comer y
Pa chupar. Qué Qué Qué más quieres…
Con los mudras ni se aplaude ni se paga
Sutra expulsao de la casa de Kriyán
A mediodía –Hasta el culo sor
Buda El Teterete
Divano y
Entre contaos escasos
No falta
Quien diga: “Divino
Pendejo” y en el sordo vacío de su
Noche acústica sólo El Burro
Villaseñor lo escuche Ponga coma y
Contexte
Serio Serio y girito como quien oye
Papanauta el himno nacional de
Tíbet: “Divino pendejo en en en
En efecto ybing ybang” y
Allí donde comen soles hasta 13 comensales
(Banquetes de mierda bien picosa)
Adereza El Buda del ALA en su recondite
Tocando fondo Cuerpo entero
DivinoEnvino EnvanoDevino y
El fenómeno El Vino montao en Torbellino
Vino vino ybing ybang y
Es la cosa Índice de Líquido
Amniótico
Invicto Víctor Amigote
Que nuestro sol En medio de la alucinación
De los cantineros
De la Moctezuma Pasó junto
A un festival botana de poesía supernova|
Ta al cruzar Orión hace Indios Verdes
Yamarillos 13 millones de años y
Y ni un patón verso corconcho recogió
Enrollao y pergaminao en verdá de
Vida pa enchufarlo prendiendo a postreros
Hermanoides hasta los viejos tepalcates…
¿Cómo señito Poesía Cómo
Que en dónde?:
En La Cerrada Las Piernas
De La Piernuda
Justo Mismito
Aterciopelada allí donde se ponen de punta
Los pelos del amor» de
De un tirón circunciso
Contestó el interfecto
En 2 estrofas de excelente mofa.
«Porque ¿qué es esto? ¿Juan De La Barrera de
Gigantes Pedos cuando a pedos la derriban
Fácil Los Enanos Galácticos Musgaños
Del Tapancal?» Añadijo
Y no vano de puertas abortales
Un tremendo pedo de madera lo desencalló…
Eso dices portazo de nalgas
A pesar de todo Firmamento Dijo El
Puercochinilla Como que tú lo dices
Pero cuándo y cómo no Pues
Entraron sin crédito perpetuas Lilí y
Columba y Marga y Miroslava al imaginario
Gentil de la niñez congénita
Tú qué sabes ¿eh? E
Invadieron yo qué sé la plática los jabalíes
¿No…? A ver eseTesoro eseT…
De la Sierra Madre Occipital y que
Compartan las tuzas celestiales pa custodia
Espiritual los Ojos Negros
De las cuevas hondas ¿No…?
«No. O
Bueno Sí pero De allí pal real
No hay pedo sin premio. Ni
(Si|quieres) literario. De contrabando
Vienen bajando
Las niñas vendidas en Guerrero
Inocencia de nacimiento que sube
La tasa de los precios preciosos de la morgue y
Los niños aká|47 al camión de redilas.
Eso pasa
Sí CacaLabaza. Pérate. No comas
Hambre de la que come miserablemente
Quien las compró Quien los armó. Pérate.
En sólo 13 millones más
Volverá a cruzar Delfina Reyes
Surfeando la ola comelumbre De
Los Festivales Órdago de Poemas Calaca y
Demás pavesada de los colores del polvo
Cosméticos
–Asaz repintando polvo cósmico
A los rayotes de soles a crayón opuestos
A morir de mal de mala poesía
(En algún lugar remoto de La Jungla
Etérea de la página blanca la hay y
Y la inyectan en función de conjunto
–A los clientes de
La Múcura en El Mercao
Las meseras y
A los padrotes de El Café Tal
Los poetas de género) y espantando gavilanes
Tras el hombro de la montaña de oros
Con el abanico Doña Olivia
Verá parir mi brasa en
La flor de una mujer feliz Donde las
Haya (Cantando y si no bailando)…
Flor de una mujer feliz
(Tanto que de serlo no se daba abasto)
(Las hay hasta donde no las hay
Pero las hubo) y y y…
Y entonces sí A corazón abierto la fe
En los arcoiris y a mano propia las venas
De la mala poesía Escrita por la buena
Voluntá –En el mejor caso y
El caso que te hago es poco– y
Y entonces sí
Revoloteadoras gallinas sublimes
–El caso es averiguar–
¡De las mejillas negras y de bronce y
Amarillas agárrense galaxias! –Dime
Si te vas conmigo Para venirte a llevar– •
A echar un palo al monte

La cáscara guarda al palo • El palo al rayo la lumbre y la ceniza •
Y entrao en trance indecente in
Decente
«De centavos tenían que ser. De qué sirve
Servir Don Ñaputa Vale más (Nomás
Dime si no) Mejor cotiza ser vil» Dijo
En la cara se los dijo Reyes Barrigón
Que lo era o no lo era (Vil no Barrigón
Que eso Esopo sí quería decir en Yemen
Con la fábula de los niños
Mutilaos de la guerra silenciada
Murientes hinchaos y panzudos
–De gangrena general
Izada no
De hambre
Sí que sí–
Lo era o no lo era
Aunque lo supiera pardo
Y eso que no sabía
Si vivía o no vivía todavía
Carrascote.
Sí hombre Sí
Ese merito.
Sí mujer:
Único de entonces que todo lo sabía
Cuando resurgía del morralón de
Las Colonias Alto e
Inmortal hasta la muerte honda –Si es que
De verdá la resembró preprimaria y
La pesó en la romana espiritual y
Si bien en verdá se lo pensaba
Nuncamente Jamás de los jamases la cantó.
Hizo bien. Tan devaluada
La vieja Señora Límite. Limítrofe La
Sinlímite. O tal vez juera porque no era
Silenciador Árabesaudí en coro de
Oronegro audible y traqueteaba entre baches de
Luna que eran o parecían cantoetecolote ronco
Sin noche donde resguardar el alma
Descuartizada.
No piojo chanchomón quemao era
Al pincharse con una idea superficial
De las alturas Aguda en llamas de
Cabeza rosa como yo entre los
4 elementos de tan hermoso color: Una
Idea pétalo a medida 4genio y ¡Ruanda!
Me pinché sin pincharme la pinche vena
Plenita la jeringa de puro pinche poemar la
Rosa|aurora en las galaxias preñadas 9 9 9
Siglos cumplíos por parir AntesdelCanto
–Mamámañoso viejo mamámagonauta
De jardín de mujer Por
Corazón entre las venas
Regándosequeridísimas y desplegadas las
Velas de la pinche flor magenta
Que ya nació mujer •
Ahi les va la despedida Chinitas por sus amores


Este humilde soberano cuando despidió al personaje Rey de Bastos y se despidió de la escena en la Asoción Cultural Ollin Kaos (Barcelona, Expo-performance Te vaçilé, animal, 09.05.2019); le acompaña aquí, Sota de Bastos, Ivo Arnillas •
Inminente en llano y en laguna

De inmediata aparición en Guadalajara en un llano En México en una laguna [Forros: Rilke Roca]
La cáscara guarda al palo comienza así:
Este es todo el asunto de los bariones ausentes:
La identidad secreta de las muertas.
Idónea bisensual cosa sí
Pero no se lo digas a El Pomelo
Pata.
Si se lo dices la cagas.
Gaznates empapaos al cálice de lluvia que
Desagazapa angulándose ahora paraguas arcoiris
Glorioso
En la esquina 5 de Mayo y Moctezuma
Los Muchachoalegre Circunspectos de La Poesía
Se ponen bata de revertir en corto a Palabra
El compreso aforismo fachendoso tipo
Cioran y sus cuijes
El jaicú occidentao y
Los tuíteres difuntos de patas a la cabeza
Locatarias dislocás y
Y magnetar y pulsar:
Nebulosa pintada con gis molecular
Color cuijen bien
Avao. La veo urogallina en urogallinero o
Urogallo en bosque de éteres
Pero dobla el pico cantaor el uno La otra
Cloquea y ambos a una dan la hora de no morir
A los seres nonatos
De canto más culero. Esta Buenas
Noches damos Esta es la hora llegada.
Veloz velada bípeda rotación de aquella
Materia galana a identidad secreta de los muertos.
Una línea de apompos
Color Claro Pérez
Separa andando El Zapotal de El Tamarindo
Y traspasarla vivo a muerto es
Rotar y librar. Y rotar
Papuco Lioncio
Rotar y librar
De
Una
En
Uno
Precipicio de mano delante y otra
Detrás
Por principio de traslación
De alivio de las penas
Terrestres
Manso.
Eso
Alazán
Sin domar las yeguas del vecindario
Tostao
Un quark arriba y otro abajo y
Sin guindar la hamaca de estrellitas de la razón
Omniciega
En ramas del copudo monstruo paloemango
De 2 sueños por cosecha.
La identidad
Secreta de los niños en las niñas
Y al revés
Nunca muere
Macedonio Dios Alcalá
–No
Mientras lleve puesto el muertito
Hacia la carga de vida el antifaz
De mezclarse cara
A cara con vosotros. Y si muere Papuca
Papuca Pintándote de Almagre y
Amapola Las Chapitas
La vida se hace la disimulada
Y como que no veoye
Y como que no oyevé
Ovillada en memoria de la red
Que me moría y me regresaba vivo.
2 poemas de Carlos Martínez Rivas

En el centenario del gran poeta nicaragüense
Dos poemas
Carlos Martínez Rivas
•
«Los perdedores caen en la lona»
•
Ser el ganador es una vulgaridad.
Yo, personalmente, me sentiría abochornado
si me levantaran el brazo ante la multitud
en el cuadrilátero bajo una luz de oprobio.
¿Por qué?
¿Porque derribé a un luchador solitario
que ni siquiera combate conmigo
sino consigo
y a lo mejor era mejor que yo?
¿Por qué no le levantan el brazo también
al que está en la lona caído
si peleó lo mismo?
Gene Tunney era mejor que Dempsey.
No un bruto. Un científico. Un poeta
que escribe en su Autobiografía, ARMS FOR LIVING:
“Allí estás solo.
No hay amigos allí. Te la juegas sin nadie.
No hay partidarios excepto tus brazos”.
El perdedor estudió su técnica en anteriores
combates. La suya y la del adversario.
Las comparó en rollos de películas proyectadas
en el comedor, después de la cena, con sus hijos.
Niños de ardientes pómulos confiados en su fuerza.
Seguros de la victoria del padre.
Pero tal vez el perdedor estaba
perdidamente enamorado de su esposa
y roto por el insomnio. Como Jack Brennan.
—Sí. Como Jack Brennan.
Y durmió mal la víspera del encuentro.
No le respondieron los reflejos.
Se le agarrotaron los tendones del muslo.
Demasiado clinch.
Deficiente trabajo de piernas y juego de cintura
frente al otro: sereno, manteniendo
la guardia ortodoxa sobre la pierna izquierda
hasta el gancho mortífero,
como el gesto del embozado en el cartón de Goya.
El sudor del esfuerzo espaldar.
El tallado torso refulgente como diamante.
Un prisma proyectando un espectro de brazos
como luz en haces.
Pero nadie sabe que uno piensa cuando boxea.
Piensa en una caja de música de niños
y una esposa en trámites de divorcio.
Sentada Dios sabe dónde.
Dos ojos neutros en trámite de divorcio.
Ganar: vergüenza profesional.
Perder: destino sin concesiones.
Si todos somos, nadie es más grande.
Si la victoria de uno es la derrota de otro,
toda victoria es, en algún lugar,
un fraude.
•
«Beso para la mujer de Lot»
•
“Y su mujer, habiendo vuelto la vista
atrás, trocose en columna de sal.”
Génesis, XIX, 26
Dime tú algo más.
¿Quién fue ese amante que burló al bueno de Lot
y quedó sepultado bajo el arco
caído y la ceniza? ¿Qué
dardo te traspasó certero, cuando oíste
a los dos ángeles
recitando la preciosa nueva del perdón
para Lot y los suyos?
¿Enmudeciste pálida, suprimida; o fuiste
de aposento en aposento, fingiéndole
un rostro al regocijo de los justos y la prisa
de las sirvientas, sudorosas y limitadas?
Fue después que se hizo más difícil fingir.
Cuando marchabas detrás de todos,
remolona, tardía. Escuchando
a lo lejos el silbido y el trueno, mientras
el aire del castigo
ya rozaba tu suelta cabellera entrecana.
Y te volviste.
Extraño era, en la noche, esa parte
abierta del cielo chisporroteando.
Casi alegre el espanto. Cohetes sobre Sodoma.
Oro y carmesí cayendo
sobre la quilla de la ciudad a pique.
Hacia allá partían como flechas tus miradas,
buscando… Y tal vez lo viste. Porque el ojo
de la mujer reconoce a su rey
aun cuando las naciones tiemblen y los cielos lluevan fuego.
Toda la noche, ante tu cabeza cerrada
de estatua, llovió azufre y fuego sobre Sodoma
y Gomorra. Al alba, con el sol, la humareda
subía de la tierra como el vaho de un horno.
Así colmaste la copa de la iniquidad.
Sobrepasando el castigo.
Usurpándolo a fuerza de desborde.
Era preciso hundirse, con el ídolo
estúpido y dorado, con los dátiles,
el decacordio
y el ramito con hojas del cilantro.
¡Para no renacer!
Para que todo duerma, reducido a perpetuo
montón de ceniza. Sin que surja
de allí ningún Fénix aventajado.
Si todo pasó así, Señora, y yo
he acertado contigo, eso no lo sabremos.
Pero una estatua de sal no es una Musa inoportuna.
Una esbelta reunión de minúsculas
entidades de sal corrosiva,
es cristaloides. Acetato. Aristas
de expresión genuina. Y no la riente
colina aderezada por los ángeles.
La sospechosamente siempre verdeante Söar
con el blanco y senil Lot, y las dos chicas
núbiles, delicadas y puercas •
Fabulema de la mamá de Netanyahu

Eva, Caín y Abel, escultura atribuida a Auguste-Hyacinthe Debay (1804–1865), expuesta en Brodsworth Hall, Inglaterra [De la p. “Esculturas del mundo”] •
Orlando Guillén Fabulema de la mamá de Netanyahu •
Hombres y mujeres más fuertes que el reloj
Se atrasan a capricho. Son capaces de revertirse
A la niñez Al genocidio Al infanticidio A jugar
A las canicas con ojos fósiles o nomás congelaos
A gatear adentro de los vientres pavorosos de
Sus madres terrestres Hace tiempo difuntas
Hincadas okupas en tierra de colonas.
La mamá de
Netanyahu dándolo a luz en un hospital
Bombardiao por Netanyahu
La mamá de los polleros desovando gallola
En Tijuana a la sombra despaldasmojada
Del muro de las lamentaciones
De acá de este lao
La probeta embarazada que pobreta hállase
A punto de ser otra vez mamá –De alquiler o
Nomás por desplante de implante
Libertario… Ah y papa y ají
I ceba i pa amb tomàquet
Las mamás del montonato nonato guisantes
Yo creo
Creo y
Creo Sólo quieren llegar tarde
‘Nada malo’ ‘Nada de qué preocuparse’
Cuando ya todo esté servido
Por el algoritmo categórico
Matón de cuello blancuzco y y y
Todos los
Los muertos enterraos ya y ellas listas
Cada unaUna pieza de
Interés particulao
Im Pávidas
Sin adelantarse nunca la hora propia
De morir Ni atrasársela tampoco
Acomodando el lugar de los niños
–Eso (tú qué dices) No lo sabrán nunca
Hamás–
O la hora de parir
Todos los talantes y la hora de…
Un oficio rehén híjole de mamás
Embrión adentro
Embrión afuera eviternas
Un oficio pudiente
Pleistoceno asambleario de hijos
Y de hijas. Calamar en su tinta enlatao
El futuro asoma la cabecita entre piernas
Llenas de grandes ventosas amoratao y
Los papás que chinguen a su madre.
Este momento prolijo
Atiende órdenes fijas
Escuetas de La Vida y La Muerte
Entes de una etnia a solas y
Canija: el mismo día cumplen
Los mismos años y a la misma hora
Paran paralelos el mismo segundero
–Manecillas de arena y polvo. Pero hete
Una más potente que su ñapa y otra más
que el hombre y las mujeres y los niños
Fatídicos –siempre dispuestos
A resucitar y
Seguir dando guerra encá el sol y la
Montaña y los ríos y el llano y el mar y
Comerse ellos solitos el pastel
Amamantaos
Terroristas de tres leches de las mafias
Delmañana mañosas.
Y magiosas. Con una bomba de tiempo
De juguete lanzada al otro barrio
Volarán el alba de ese día al enemigo niño
Adiós don Juan Chibola

Ha dejado Acayucan y el mundo solos mi paisano y amigo Juan Flores Damián, Juan Chibola • Personaje sabio de todos los saberes (y los que no se los inventaba, cronista de fabulosa inventiva) de los acaeceres vivos del tiempo local, más allá de eso quedará en ausencia irremediable de su vasta elocuencia conversacional el recuerdo de su infrecuente y generosa calidad humana, la cual sorprendentemente en el pueblo y en cualquier parte, no conoció enemistades –la envidia es otro reptil y a ella no doy ilesa • En mi último libro, desde hace por lo menos dos años en proceso de escritura, don Juan encontró acomodo entre mis versos •
De La cáscara guarda al palo •
Sí pues Así es Ñora CocoLisa.
Los sistemas estelares Que pongo a tu luminaria
Disposición o incumbencia
Mujer Ideal
Izada
A grúa pa que mejor los veas De
Tamaño galaxia enana
Viven en el cúmulo de astros Virgo
En cercanía relacional con nosotros y
En casaeTíaConejaLaLumbre
Si medimos por año luciérnaga y
Minuto cocuyo ah y
Y por cierto:
Ni quién sepa si la tienen o no porque
Los separa de cualquier posible galaxia
Progenitora la profesora Englantina
Borrador ante pizarra en mano y
Más de 300 mil años ápodos de aquellos.
Después
De externar
Lo anterior en lo externo espacial
Don Juan Flores –Magón de la magonería
De las conversaciones fluidas
De los ríos verdelamosca del conocimiento
Popular–
Ceremonialmente conocido según por quién
Como Chibola o Chibolón
Compiló
Un catálogo de nubes de gas cercanas
O sea
Una lista de sitios potenciales
De nuevas galaxias de este complejo vecinal
No más grande que El Tamarindo en
La Palapa de los Muertos.
Publicaron esa novedá de vida contemplativa
Ediciones Le Prosa y
Editorial Temoayan al unísono
Lo cual no sorprendió a nadie
En El Zapotal porque ya antes
Habían publicao El ansia de la pandorga
De autor acayuqueño desconocido […] •
Cuentos y leyendas nauas de la huasteca veracruzana
Hace no muchos pero sí ya algunos años me enteré por Alejandro Méndez, músico del grupo Tribu, de la muerte de Bonifacio Hernández. Me quedé esperando mi grabación de estos textos cuyo master obra en poder de este grupo pues con sus integrantes de entonces lo realicé; a lo mejor no lo encontró o a lo mejor uno de estos días me llega… Subo esto ahora a la memoria de Bonifacio…
Orlando Guillén •
Cuentos y leyendas tradicionales de los nauas de la huasteca veracruzana, narrados por Bonifacio Hernández •
[Tomado de la revista El machete, México, 1981] •
El jueves 30 de julio en entrevista con Javier Molina denuncié públicamente el atentado que contra mi trabajo como intérprete de los textos que el título ampara pretendía cometer, unilateralmente, el jefe del Archivo Etnográfico Audiovisual del Instituto Nacional Indigenista, retractándose de su propia aprobación y a pesar de la erogación realizada por horas de grabación de la dependencia a su cargo –que me significaron, por lo demás, otras tantas de trabajo, por las cuales (por estricta decisión personal) no percibí ingreso alguno. Ha otorgado con el silencio al callar el funcionario. Pero ahora tengo información de que no cesó en su empeño y anda en busca de otra voz para sustituir la mía. Publico aquí el contenido de ese disco, más una mínima introducción explicatoria, para que los lectores en general y las personas vinculadas a la cultura y al arte comprendan con toda claridad la razón de mi interés.
1 Introducción
Está a punto de perderse, embestida por la masificación y por la indiferencia hacia este tipo de manifestaciones del espíritu nacional, la dispersa y rica tradición narrativa cuya raíz se hunde en el pasado preespañol, la que proviene de ligazones sincréticas coloniales, y aún la que el tiempo ha terminado por decantar como mestiza, y que subsisten precariamente entre los hablantes de las distintas lenguas vernáculas o en nuestro propio idioma, en el medio indígena y en comunidades marginadas a lo largo de todo el territorio del país.
La muestra de cuentos y leyendas tradicionales de los nauas de la huasteca veracruzana que en este lugar ofrezco, llamará seguramente el interés sobre el problema, dada la intensidad y la hondura de los textos recogidos.
Bonifacio Hernández Flores nació hace treinta años en Joya Chica, pequeña comunidad naua perteneciente al municipio de Ixhuatlán de Madero, Veracruz. Agricultor y ejidatario, Bonifacio terminó sus estudios de primaria, cosa que en su medio constituye la excepción y no la regla. Poseedor de un claro talento narrativo, estos cuentos le deben no el hilo argumental pero sí la forma. Bonifacio Hernández es, además, músico ritual de Costumbre (ceremonia sincrética que funciona como rogativa agrícola o como agradecimiento por la calidad de la cosecha, según el caso). Ahí se desempeña como violinista.
El autor de estas líneas pudo establecer la versión literaria de los textos sobre la base de las versiones literales del propio Bonifacio y de la maestra Librada Martínez Martínez.
2 El material
El alacrán y el zanate
Cuando el alacrán vino al mundo vino con la intención de matar a quien picara. Pero para que ello fuera posible tenía que ayunar siete días. Iba ya en el sexto día de su abstinencia cuando volando volando llegó a pararse por ahí en el suelo un zanate. El alacrán estaba acostado junto a una piedra. Aunque con miedo, el zanate le preguntó: «¿Qué haces, alacrancito?». Y el alacrán le contestó: «Pues, yo aquí estoy ayunando». «Y, ¿por qué?», le preguntó el zanate: «Ah, porque a quien yo pique se tiene que morir, y para eso yo tengo que ayunar siete días. Esa es la misión que cumplo. Ya nomás me falta un día». El zanate le dijo: «Hum… No creo que lo logres, porque eres bien chiquito. Mejor, lo que hubieras de hacer, es comer como yo. ¡Si vieras que contento me pongo cuando estoy lleno!». Pero el alacrán buscaba razones y se defendía. Entonces el zanate tuvo una idea, y le dijo: «A ver, pícame mejor en una pata, a ver si de veras picas fuerte». El alacrán, molesto, le picó una pata, y el zanate le dijo: «No sentí nada… Mejor ya come, ya no estés sufriendo», y el alacrán comenzó a comer de su pata. Ya mero terminaba, cuando el zanate voló hasta la rama de un árbol, chillando fuertemente, porque los piquetes del alacrán fueron tremendos. Es desde entonces que por donde anda el zanate se oye claramente cómo chilla. Fuerte fue el piquete en verdad, pero el zanate salvó al hombre de este mundo de morir picado de alacrán.
El dios del fuego
Este era un señor que nomás se la pasaba en su casa, sentado cerca de la lumbre y no salía ni siquiera a trabajar. Pero como su mujer sabía los poderes que tenía, nunca le decía nada.
Cuando se vino el tiempo de tumbar monte para quemar y hacer milpa, desde temprano sus cuñados salían a tumbar monte, y ya casi para terminar la roza fueron a visitar a su cuñado y le dijeron que cuándo iba a comenzar a rozar, que el tiempo se estaba pasando y que de qué iba a comer su hermana si él no trabajaba. Y no contentos con esta regañada, todavía le pegaron con una reata. Un día después el señor de la lumbre le dijo a su mujer que le hiciera tortillas porque iba a ir a su terreno a trabajar. Cuando llegó, lo que hizo fue un caminito alrededor de la milpa, y como al medio día le pegó fuego. De las grandes llamas que salieron hasta el cielo se nubló por la humazón, y en el pueblo todos se asustaron. Al volver a su casa le dijo a su señora que al otro día iba a ir a sembrar y que con que le pusiera una medida de a litro de maíz, y con que le matara un pollo estaba bien.
Al día siguiente a la siembra acudieron a ayudarlo el zanate, la cotorra, el pichpi, el pavorreal, el jabalí, el conejo, el armadillo, el venado, el tejón, el mapache y otros animales.
Cuando llegaron los trabajadores su mujer ya había puesto la mesa y en seguida se sentaron a comer. A todos la comida les pareció excelente y abundante, menos al armadillo. Había un pedazo de carne en cada plato y chilito y tortillas para cada quién. Pero el armadillo se empezó a burlar del señor de la casa, y decía que para él era muy chiquito el pedazo que le había tocado y que con eso no se iba a llenar. Entonces el señor de la lumbre le dijo que comiera y que si quería más que pidiera. Y el armadillo empezó a comer y a comer y la carne no se acababa, y comía y comía y la carne no se acababa, hasta que le reventó la panza, y entonces, entre los demás tuvieron que cosérsela, y por eso es que los armadillos hasta la fecha tienen en la panza unas arrugas como una cicatriz que rodara.
Pocos días más adelante el señor de la lumbre decidió marcharse de aquel pueblo donde no lo querían y lo criticaban diciendo que no era una persona como todos sino un dios o un demonio.
Entonces llamó a su mujer y le dijo que se iba del pueblo porque ahí no lo querían, y mucho menos sus propios cuñados que tan mal lo habían tratado, y que al irse se llevaba la lumbre, pero que a ella le iba a permitir que siguiera comiendo cocido; que tomara la masa y echara la tortilla, y que se la pusiera debajo del sobaco, y que así ya saldría cocida. Y así fue: la señora comía las tortillas cocidas, pero los demás no. Las otras mujeres se metían las tortillas debajo del sobaco y las tortillas salían crudas. Entonces las gentes del pueblo llorando se fueron a pedir a la señora que fuera a ver a su esposo, que le pidiera que volviera, que ya todos sabían que él era un dios, y que ellos en el pueblo estaban llorando por él. Compadecida, la señora aceptó ir en busca de su esposo, quien se había ido a sentar al pie de un chijol en un cerro. Entonces el señor de la lumbre le dijo a su mujer: «Si quieres que yo regrese, voy a regresar, pero será con una condición: que me traigan hasta el cerro dos muchachas hermosas y vírgenes, y que la gente venga tocando sones de flor, y que traigan muchas flores y coronas». Y cuando la ofrenda se cumplió al pie del cerro, el señor de la lumbre volvió al pueblo, y con él volvió el fuego a las casas, y todos pudieron volver a comer cocido.
Unos días después, el señor de la lumbre dijo a su mujer que sólo había venido a dejar la lumbre en las casas y que se regresaba al cerro bajo el chijol. Por eso el chijol florea y anuncia la seca, y por eso hay sones de Costumbre para que llueva, sones de flor.
El juramento
Esta era una pareja de jóvenes que se amaban y aunque el amor entre los dos era recíproco, el marido quería probar si el sentimiento de su mujer hacia él era verdadero. Un día le dijo a su mujer: «Yo te quiero muchísimo, te quiero más que a mí mismo, te quiero más que a todo el oro del mundo, y quiero jurarte que si mueres yo habré de morir también». Y su esposa le contestó: «Te creo, porque yo también te quiero igual, y me hacen muy feliz tus palabras sinceras. Yo tampoco podré vivir sin ti». Y así establecieron un juramento para siempre.
Entonces un día el marido salió a trabajar al monte, donde estaba con sus peones desrramando árboles, árboles de los más grandes. A uno de estos se subió el joven, y se amarró a modo de no caerse, para trabajar. Y como ya se había puesto de acuerdo con sus trabajadores, desde arriba les gritó: «Ahorita se van juntos a mi casa y le dicen a mi señora que yo me caí de un árbol y me maté; que aliste todo en la casa para cuando ustedes me lleven». Los peones así lo hicieron. Llegaron todos con la cara triste a dar la mala noticia a la esposa, quien rompió en llanto; en seguida se retiraron para ir a traer al falso difunto. Recordando su juramento, sin más pensarlo la mujer buscó una soga y se colgó. Cuando los peones volvieron cargando al marido, se encontraron con el cadáver de la esposa colgando de una viga, con la lengua de fuera. El señor se arrepintió mil veces de su actitud pero no tuvo más remedio que enterrar a su esposa.
El marido, que era huérfano y no tenía a nadie más en el mundo, cada vez que iba a la milpa perdía el interés de trabajar: nomás se quedaba pensando en su señora y se ponía a llorar al pie de un árbol. Y uno de esos días que fue a la milpa a trabajar y no pudo y se sentó a llorar al pie del árbol, llegó volando un gavilán y se paró y le preguntó por qué lloraba. El hombre miró hacia arriba, vio al gavilán parado en una rama, y le contestó que él sufría de una gran tristeza por la pérdida de su esposa, y le refirió lo sucedido. Y así, durante varios días, el gavilán acompañaba al hombre que lloraba su desgracia. Uno de esos días el gavilán le dijo que ya no llorara tanto, que si tanto quería a su esposa, que si de veras no la podía olvidar y quería verla de nuevo, que él lo podía ayudar, y le dijo que tenía que ayunar siete días, y que si en esos siete días comía algo se quedaría para siempre allá donde ella estaba. «Vete», le dijo; «con este pañuelo vas a emprender tu camino; primero encontrarás cruces pequeñas, pero cuando encuentres una grande, allí estará tu esposa. Cuando llegues entrégale el pañuelo; ella ya sabe lo que quiere decir». El hombre hizo lo que le dijo el gavilán, y cuando vio una cruz grande, efectivamente encontró ahí a su mujer, y le entregó el pañuelo. En seguida le dijo que la quería mucho y que la extrañaba y que por eso había venido a verla, pero que ahora podrían regresar y vivir juntos. La mujer estaba cocinando muy ocupada y le contestó que ella ni lo conocía, que vivía muy feliz con su marido. En eso llegó el nuevo marido de la señora y le preguntó que quién era ese señor, y ella le respondió que era su tío. «Ah», dijo el marido, «entonces dale de comer, que ha de venir cansado y ha de tener hambre». Después de comer, el nuevo marido, que era un arriero, salió otra vez a la cosecha y regresó ya de noche con sus bestias cargadas de maíz. El arriero y su mujer se fueron a dormir a su cuarto y a él le dieron otra habitación. Cuando el arriero se hubo dormido, el primer marido buscó una soga y se acercó hasta donde ella dormía y comenzó a amarrarla para llevársela. Pero cuando quiso cargarla, un montón de huesos cayeron al suelo. Entonces el hombre vio que estaba solo con la muerte en el cementerio.
La muerte
Existe la creencia de que antiguamente uno no se moría sino que a los siete días volvía a la vida. Esto precisamente fue lo que pudo ver un señor cuya esposa murió joven y dejó a sus pequeños hijos desamparados. Cuando el señor aquel se iba a trabajar a su milpa, la difunta volvía a la vida y se presentaba en su casa, y barría y lavaba, y bañaba y peinaba a los niños, y hacía las tortillas y, en fin, todo lo dejaba arreglado antes del medio día en que su marido regresaba a comer, y se iba entonces, recomendándoles a los niños que no le dijeran a nadie que era ella quien hacía los quehaceres de la casa, y mucho menos a su padre.
Al señor no dejaba de extrañarle lo que pasaba en su casa, pues él mismo había sepultado a su esposa y no había quién hiciera el quehacer. Un día le preguntó a sus hijos y ellos le dijeron que su mamá venía por las mañanas. Entonces el esposo estuvo vigilante al día siguiente y sorprendió a su mujer haciendo la comida, y la vio muy hermosa. Cuando ella se dio cuenta le dijo que no se le acercara, y que no la fuera a tocar, porque si lo hacía ya jamás volvería a verla. Pero el hombre contestó que la veía muy hermosa y que quería estrecharla entre sus brazos. Y sin pensarlo más, el hombre fue a abrazarla, pero apenas la hubo tocado sus huesos se desparramaron por el suelo, y tuvo que volver a enterrarlos, y la señora ya nunca volvió.
La diosa de la sal
En tiempos muy antiguos el hombre tomaba sus alimentos ya sea cocidos o crudos pero sin sal. En aquellos tiempos hubo un señor que trabajaba todos los días su milpa, y era el único que tenía la dicha de comer cocido y con sal: solamente él era afortunado al comer la comida con sabor; pero no sabía que su esposa sacaba la sal de su propio cuerpo.
Un día su esposa invitó a las cuñadas a comer mole, y como la comida les pareció muy sabrosa, le preguntaron que cómo le hacía para hacer la comida con sabor. Ella se negaba a decirles la verdad, pero las cuñadas insistían en el asunto. Tanto insistieron que por fin les dijo que cuando ella se bañaba, tallaba las gotitas de agua que quedaban en su cuerpo, con la mano para abajo, y las atajaba con un trasto, al caer en el cual se volvían terrones de sal, y que con eso hacía la comida. La señora de la sal les había dicho la verdad, pero también les pidió que guardaran el secreto, porque si su marido lo sabía le iba a pegar. Entonces las cuñadas corrieron a contarle a su hermano, pero este no les creyó. Entonces volvieron con la señora y le pidieron que les regalara unos terrones de sal, dizque para que ellas también pudieran hacer la comida con sabor. Pero era sólo una mentira: le llevaron los terrones de sal al esposo, quien así quedó convencido. Un día, pues, se dispuso a vigilar a su esposa cuando fuera a bañarse, y comprobó que de verdad era cierto lo que le habían dicho sus hermanas: cuando su mujer terminó de bañarse, talló su cuerpo con las manos, atajó con un plato las gotas de agua, y lo llenó de pura sal. El hombre se alejó del lugar y la fue a esperar a su casa. Allí la regañó y la regañó y luego la cuarteó brutalmente mientras le decía que cómo podía darle a comer porquería de su cuerpo, que cómo podía ser su mujer tan cochina. Ella comenzó a llorar y a llorar hasta que al hombre le dio lástima y empezó a consolarla, pero todo lo que hizo fue en vano porque ella seguía llorando y llorando. Entonces vinieron las cuñadas y también le suplicaron que se callara, pero tampoco pudieron consolarla. Entonces la señora de la sal le dijo a su marido: «Yo te daba de comer todo bien preparado y con sabor; comías a tu gusto, y nadie comía como tú; pero como me has pegado, como me has cuarteado brutalmente, y como no quiero que me vuelvas a hacer lo mismo, me voy a ir para siempre… Sólo te pido que me traigas mi batea».
El cielo se había nublado desde el momento en que ella comenzó a llorar, y en seguida empezó a tronar y a relampaguear y se vino de pronto un tremendo aguacero, y los arroyos y los ríos se crecieron, y entonces tomó de manos de su marido la batea, se subió en ella y se metió al agua, y su marido y sus cuñadas le rogaban que regresara, pero sus ruegos fueron inútiles, porque ella se metió al agua y se fue al mar para siempre… Por eso cuando llora uno las lágrimas tienen sabor a sal, y el mar también está salado como lágrimas, porque allí se encuentra la diosa de la sal.
El hijo del trueno
Esta era una anciana muy enojona que por cualquier cosa de nada te trataba golpeado. Y esta anciana tenía una hija muy bonita a quien cupo la suerte de vivir martirizada por su madre. La mujer no dejaba nunca salir a su hija ni platicar con nadie y la vigilaba y la regañaba. Cuando iba a lavar al arroyo la dejaba encerrada en un cajón grande donde cabía muy bien; y como el arroyo estaba cerca, la mujer oía a su hija que se reía, y regresaba y abría la caja, y le preguntaba que con quién se estaba riendo, y la hija le decía que con nadie. Y así pasó el tiempo y entonces la mujer vino a darse cuenta que su hija estaba embarazada. La mujer lanzó rayos de coraje, pero ya nada podía hacer. Tiempo después nació el hijo de aquella joven.
Al ver a su nieto lo primero que pensó la abuela fue en matarlo y comérselo sin que se diera cuenta la muchacha. Algunos días después la abuela mandó a su hija a lavar al arroyo, y le dijo que dejara al niño durmiendo en la cuna. La abuela bruja lo mató y lo hizo en mole. De regreso de lavar, a medio día, la madre del niño venía ya con hambre. Entonces su madre, que la esperaba con rico mole, le dijo: «Siéntate, ya come, que el niño sigue durmiendo». La madre se sentó a comer, pero cuando se llevaba el bocado a la boca, la carne le habló diciéndole que no la comiera, que era su propio hijo, y que si se la comía, de verdad iba a morir. La madre se levantó y fue a la cuna, y ahí sólo encontró una tabla bien arropada con pañales y cobijas que la abuela había preparado para que ella no se diera cuenta en seguida. La madre se puso muy triste y le reclamó a la abuela que por qué había matado al niño, y ella le dijo que porque no lo quería, porque no tenía padre. Entonces, como nadie se comió la comida, la madre la recogió y la fue a enterrar en el patio. A los seis días nació una mata de maíz. La abuela al verla se enojó mucho y mandó al conejo que la trozara y se la comiera. A los pocos días la abuela salió a ver si estaba todavía la mata de maíz en el patio: había una mazorca bien llegada, y al pie el conejo muerto. La abuela de un jalón arrancó la mazorca y la desgranó; después puso el grano a hervir, pero la olla se partió en dos; entonces llevó el nixtamal para molerlo al metate, pero el metate y la mano de metate se quebraron por la mitad, y entonces, muy enojada, cogió el nixtamal y lo fue a tirar al río, para que se lo comieran los peces, pero el nixtamal volvió a ser el niño, y los peces sólo le comieron la carne, y los huesos en la orilla del río comenzaron a llorar. La virgen María allá en el cielo oyó que un niño lloraba a la orilla del agua. Bajó a ver y vio que era un niño cuyo cuerpo se habían comido los peces, y llamó a estos y les dijo que devolvieran la carne que habían comido, y los peces le obedecieron, y el niño volvió a quedar como siempre: como si nada le hubiera pasado. La virgen le encargó a la tortuga que lo cuidase, y la tortuga así lo hizo; llevaba siempre al niño sobre su espalda, y como él era muy travieso, le rasguñaba el caparazón, y es por eso que las tortugas tienen tantas rayas en la espalda. Así pasaron los días y el niño creció, y un día quiso visitar a su madre, y le pidió permiso a la tortuga, a la que llamaba tía, y ella se lo concedió. Y se fue a ver a su madre, a quien halló sentadita, muy triste, cosiendo ropa a la puerta de su casa. El niño se subió a un árbol junto a la casa, y desde ahí comenzó a tirarle hojas a su madre, y las hojas iban a caer sobre la costura. La mamá alzó la vista y vio a su hijo. El niño le dijo que no hiciera ruido, porque los iba a escuchar su abuela. La mamá le dijo que la abuela estaba en el patio, y después hablaron de todo lo que había sucedido. Luego, el niño dijo: «Voy a ver a mi abuela». Su madre le contestó: «Mejor no vayas, porque te puede matar». El niño la tranquilizó diciéndole que no se preocupara, que ya vería que nada iba a poder hacerle. Y se fue a ver a su abuela. La abuela se había quitado el cuero cabelludo y lo estaba espulgando para quitarle los piojos. El niño juntó un poco de tierra, se subió al tapanco, y desde allí le echó tierra en la cabeza, sin que ella se diera cuenta. Cuando la abuela quiso volverse a poner su cuero cabelludo, no había modo de que pegara de nuevo en la cabeza, y rompió en llanto. Entonces apareció su nieto y le dijo: «Ya no llores, abuela; yo te voy a ayudar: te quitaré el polvo de la cabeza». Y en seguida se transformó en mosquito y volando y volando en menos de un minuto ya le había quitado todo el polvo, y la abuela pudo volver a pegar el cuero cabelludo a su cabeza. Entonces quedaron frente a frente, y el niño muy decidido le dijo a su abuela: «Aunque yo sea un niño y tú una señora, ¿qué te parece, abuela, si vemos quién puede más?» Y como su abuela estuvo de acuerdo, el niño le dijo: «Yo voy a regar en el suelo una taza de ajonjolí, y cuando regrese ya tú la habrás recogido toda, sin tierra y sin nada». Cuando regresó encontró que su abuela había juntado sólo un poco, y hasta eso con tierra, y se burló de ella y le dijo: «Así no, abuela: echaste mucha basura». Entonces la abuela le dijo: «Bueno…; pero ahora me toca a mí… Yo voy a regar un litro de alegría, y luego me voy a bañar; cuando regrese, ya la habrás juntado toda». El niño llamó a los pájaros para que lo ayudaran, y en un minuto ya había recogido toda la alegría.
Cuando regresó la abuela, el niño le dijo: «Ahora vamos a ver quién gana; los dos traeremos agua del río en una red, y tú vas a ir primero». Fue y volvió la abuela, pero trajo la red vacía y ella venía toda mojada, y el niño volvió a burlarse de ella y se fue al río y regresó con el agua dentro de la red. Al verlo, la abuela estalló de ira, porque en todo su nieto le iba ganando, y dijo: «Ahora yo te voy a quemar», y le echó leña al horno, y cuando estaba ardiendo metió al niño. Pero antes de entrar al horno, el niño ya se había convertido en mosquito, y se fue volando. La abuela le echó más leña, y cuando oyó que tronó, pensó que ahí acababan los días de su nieto. Al otro día se levantó temprano y cogió una bandeja y un cuchillo y ya iba a destapar el horno cuando atrás le habló su nieto diciendo: «Pensabas comerme muerto y cocido, ¿no…? Pero aquí estoy, y ahora me toca a mí»; y el niño le metió más leña al horno, y cuando ya estuvo candente, la aventó en él. Luego sacó las cenizas y le encargó al sapo que fuera a tirarlas al agua, advirtiéndole que no fuera a destapar la caja en que las llevaba. Pero como el sapo oía un ruido dentro de la caja, la destapó, y entonces salieron toda clase de moscas ponzoñosas y empezaron a picarlo. Rápido, el sapo cerró la caja y la tiró al mar. El sapo llegó como lo conocemos ahora todo roñoso de piquetes de moscas a contarle al niño lo sucedido.
Al otro día el niño afiló su cuchillo y emprendió el camino al mar, donde se encontró con un enorme lagarto que quería devorarlo. Entonces el niño le dijo: «Si quieres comerme, necesitas abrir más la trompa». El lagarto abrió más la trompa, y, en eso, el niño le cortó la lengua con su cuchillo, y el lagarto se fue, herido de muerte, y se quedó su lengua relampagueando. Entonces el niño dijo: «Esto va a servir para dejar caer rayos». Y la subió al cielo.
San Juan
Había una vez una familia formada por un señor y una señora que no tenían hijos. El señor era muy trabajador y en el mes de junio sembraba calabazas. Cuando se dieran, pensaba, las iban a comer tiernas o macizas. Pero la mata se extendió y se extendió y se extendió y no daba nada, hasta que por fin dio una calabaza. Como era la única la cuidaba mucho, y no la quiso cortar tierna; quiso que amacizara bien, porque era una calabaza grande, un poco larga.
Pasó el tiempo y una mañana cuando el señor llegó a su milpa encontró la calabaza partida por la mitad: en medio se encontraba un niño recién nacido, llorando y llorando. Con delicada ternura paterna aquel señor levantó al niño, lo cargó y lo llevó a su mujer para que le diera de mamar. Pero como la señora no tenía hijos no sabía cómo atenderlo y, además, se había sorprendido mucho de que un niño naciera de una calabaza.
En la casa de la familia comenzó a reunirse mucha gente atraída por la gran noticia. El niño lloraba y lloraba y algunas mujeres le ofrecieron su pecho para que mamara, pero el niño no quiso mamar y seguía llorando y llorando. Entonces lo sahumaron con copal y fue como vino a quedarse dormido; desde ahí, cada que lloraba le ponían copal. Y, así, aquel niño que nunca quiso chichi, fue creciendo poco a poco, y pronto, como todos, empezó a caminar.
Como sus padres lo querían mucho, mandaron al niño a la escuela, pero en la escuela se volvió muy rebelde y muy peleonero, y entonces el señor pensó en bautizarlo y en que su padrino fuera el cura, para que le echara agua bendita y a ver si así se componía estando en la casa de Dios. Así lo hicieron, pero el niño seguía igual de malo y de travieso. A él sólo le gustaba ir al arroyo a bañarse, y cuando jugaba con el agua el agua se crecía y se crecía, y eso era lo que más le gustaba. Por eso, cuando iba a la escuela, mejor agarraba para el río, y hubo un día en que se fue con sus compañeros y, cuando ya todos estaban dentro del río, empezó a jugar con el agua y el agua se creció y se creció, y sus compañeros murieron ahogados. Entonces se enojaron mucho los padres de los niños ahogados y le fueron a reclamar al cura y a los señores que eran sus padres, pero ellos qué cosa le podían hacer a Juan, si era una criatura… Entonces su padre, viendo que a Juan todo le daba igual, se enojó y le dijo: «Pues si estás más contento en el río que en la casa, vete a vivir al río». Entonces Juan le dijo a su padrino: «Si lo que quieren es que me vaya, pues sí, me voy. Sólo quiero pedirte un gran favor: que me des un bastón para el camino». El cura le dio el bastón y el niño caminando se metió en el agua, y se formó un gran remolino, y se escuchó un gran ruido, hasta que desapareció y en el agua hizo su casa. Por eso cada 24 de junio llueve mucho y hay muchos truenos, porque es el día de San Juan, y ese día se oye la fuerza y el mando que tiene sobre el mar, que fue su casa.
(1981) •
