Doce poetas catalanes del siglo XX

ÍNDEX
ÍNDICE

Revista Le Prosa 4
Director: Orlando Guillén

Contentament la una part me dóna,
per l’altra és ma vida tribulada

[Ausiàs March]

 

 

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Doce poetas catalanes del siglo XX

 

Introducción

A las doncellas del año dos mil

 

Guerau de Liost
La ciutat d’ivori

(Obra poètica completa, Editorial Selecta, Barcelona, 1948)

La ciudad de marfil

 

Josep Carner
El cor quiet

(Edicions 62, Col·lecció El Garbell, Barcelona, 1984)

Serenidad o El corazón en calma

 

Carles Riba
Segon llibre de Les Estances

(Obres completes, I, Edicions 62, Barcelona, 1965)

Libro segundo de Las Estanzas

 

Joan Salvat-Papasseit
El poema de la rosa als llavis

(Clàssics catalans Ariel, Barcelona, 1981)

El poema de la rosa en los labios

 

J. V. Foix
Cròniques de l’ultrason

(L’Amic de les Arts/Quaderns Crema, Barcelona, 1985)

Crónicas del ultrasueño

 

Pere Quart
Vacances pagades

(Diputación Provincial de Valencia, 1960)

Vacaciones pagadas

 

Agustí Bartra
Quetzalcòatl

(Obra completa 1938-1972, Edicions 62, Barcelona, 1985)

Quetzalcóatl

 

Salvador Espriu
Final del laberint

(Atzavara, Barcelona, 1955)

Final del laberinto

 

Joan Vinyoli
Vent d’aram

(Obra poètica 1975-1979, Editorial Crítica, Barcelona, 1979)

Viento de cobre

 

Joan Brossa
El tràngol

(Poesia rasa, Ariel, Barcelona, 1970)

La marejada

 

Gabriel Ferrater
Teoria dels cossos

(Edicions 62, Barcelona, 1966)

Teoría de los cuerpos

 

Vicent Andrés Estellés
El gran foc dels garbons

(Recomane tenebres [Recomiendo tinieblas], Obra poètica 1, Estel, València, 1972)

La gran quemazón de los rastrojos

 

TRES AÑADIDURAS

 

Rosa Leveroni
Cinc poemes desolats i altres poemes

(Poesia, Edicions 62, Barcelona, 1981)

Cinco poemas desolados y otros poemas

 

Clementina Arderiu
Poemes de Cançons i elegies

(Publicacions de La Revista, Barcelona, 1916; Obra poètica, I, Edicions 62, 1973)

Poemas de Canciones y elegías

 

Maria-Antònia Salvà
Poemes d’Espigues en flor

(Editorial Moll, Palma de Mallorca, 1981)

Poemas de Espigas en flor

 

 

APÉNDICE DE VARIA INTENCIÓN

 

SONETO de Josep Carner a Somnis de Guerau de Liost (de Guerau de Liost, Obra poètica completa, Editorial Selecta, Barcelona, 1948)

Prólogo de Eugeni d’Ors a La montaña de amatistas de Guerau de Liost (de Guerau de Liost, Obra poètica completa, Editorial Selecta, Barcelona, 1948)

Josep Carner. Els fruits saborosos (de Obres completes, Editorial Selecta, Barcelona, 1968), Los frutos sabrosos (coedición bilingüe, Ediciones Le Prosa y Roure Edicions, Barcelona, 2019)

Josep Carner. Temes de la lírica nàhuatl (de Obras completes), Temas de la lírica naua

Josep Carner. Teoría del anzuelo poético (de El reialme de la poesia [El reino de la poesía], Edicions 62, Barcelona, 1986)

Tomàs Garcés. CONVERSACIÓN CON JOSEP CARNER (de Josep Carner, El reialme de la poesia, Edicions 62, Barcelona, 1986)

Josep Carner. Nobleza del soneto (Revista de la Facultad de Filosofía y Letras, UNAM, México, abril-mayo, 1942)

Josep Carner. Al neguit (de Obres completes), A la desazón

Carles Riba. Versions de Hölderlin (Edicions 62, Barcelona, 1971) Versiones de Hölderlin (con un Prefacio de Gabriel Ferrater)

Joan Salvat-Papasseit. NADA ES MEZQUINO y otros poemas (de Poesies, Ariel, Barcelona, 1962)

Joan Salvat-Papasseit. Concepto del Poeta (de Mots-propis i altres coses, Edicions 62, Barcelona, 1975)

Joan Salvat-Papasseit. Nuestra gente: Joan Salvat Papaseit [sic] (de Mots-propis i altres coses, Edicions 62, Barcelona, 1975)

J. V. Foix. SOLO, Y DE DUELO, Y CON VETUSTA SAYA y otros poemas (de Obres completes 1, Edicions 62, Barcelona, 1984)

J. V. Foix. Carta a Clara Sobirós (de Obra completa, Edicions 62, Barcelona, 2000)

Agustí Bartra. PRÓLOGO DEL AUTOR a La luz en el yunque (Lecturas Mexicanas, Conaculta, México, 1990)

Salvador Espriu. Setmana santa (Edicions Polígrafa S.A., Barcelona, 1971) Semana santa

Joan Vinyoli. Tot és ara i res (Edicions 62, Barcelona, 1970) Todo es ahora, y nada también

Joan Vinyoli. Domini màgic (Empúries, Barcelona, 1985) Dominio mágico

Joan Vinyoli. Prólogo a Lo Callado (de Poesia completa 1937-1975, Ariel, 1975)

Salvador Espriu. Obra poética de Joan Vinyoli (de Joan Vinyoli, Poesia completa 1937-1975, Ariel, Barcelona, 1975)

Miquel Martí i Pol. Prólogo a Joan Vinyoli, Obra poética 1975-1979 (Editorial Crítica, Barcelona, 1979)

Joan Brossa. BOSQUE DENTRO DEL CUERPO y otros poemas (de Poesia rasa, Ariel, Barcelona, 1970)

Gabriel Ferrater. Menja’t una cama (Joaquim Horta Editor, Barcelona, 1962) Chúpate el dedo grande

Salvador Espriu. Prólogo a Presència i record (de Rosa Leveroni, Poesia, Edicions 62, Barcelona, 1981)

 

EPÍLOGO de Enric Casasses

 

ÑAPA

[Esta sección es en realidad referencia, pie de página de la Introducción. Ilustra sin embargo aquí la llamada “escuela mallorquina”]

 

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Llegar cantando • ¡Feliz 2020!

 

Orlando Guillén
Pucupucu

[Inédito/ Una unidad de sentido]

 

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7 coma 53 miles de millones de individuos hacinaos
En las sentinas del canto. En este verso ni por ni entre ellos
No las manos meto. Ni selectivas.
Podría

Pero
Podría si me cupieran. Ya bastante
Hay persianas abiertas Al plástico a barlovento.

En llamas las lenguas del aire
Abombao de oriplata el pulmón de
Los Bomberos
Del Ring

Las bombonas de oxígeno
Van de mano a nariz
Escaseando
Y sin réferi
Hasta que

Hasta que
Encauzada la guerra del agua firme
—Estanque de nadar a pie

En estas Que ahora veis
Ruinas de Itálica famosa

La del aire puro
Prenda. Digo ahora

La India porque allí ya

Ya
Es uso de unos tantos
El ciclo ciclón de enlatarlo
Y esnifarlo. Otra

Otra cosa clon enemigo es que la guerra
Prenda.

Que
La guerra
Prenda clon amigo y que la emprenda a madretazos
Catódicos en las trincheras de

De Ciberia
Fría en llamas magnetoide y

Y deste modo Presos que no veis ventoso
El monopolio tentacular

El monopolio tentacular os
Agilice a sigilo rentable vuestros airosos
Deseos finiquito

Ay de mí
Colmao bonche de sudarios
De vida transgénica
Homo Hetero
Muxe
Transexuada
Virtuosa jadeante y

Y os
Revele y os asigne

Para todo res
Piradero

Mamásorbete aspirador
Omni
Inodoro y

Y
Os mateis

Hordas
Consumadas

Os mateis por haberlo
Omni
Incoloro
Pero

Pero
Queriendo que
No queriendo
Dando lugar a muertos
Que caen pie a tierra y

Y a duras penas hallan hueco equivocao
Bajo la nada anonadada de lo vivo residual.

Noche de mercao atenido a la pelota y a la burbuja
Pues. Eviterno
Viernes Negro Pintao
Trasto Triste.

Triste Trasto Pintao
O
Quizá nomás tristón mas
Ajetreao contraste.

Mediodía evolucionao.
Cadencia blanda de tirante
A rayas Colgada a su suerte de

De ojos clavaos
Al sol. Doble

Mi bemol
Suspiro de torniquete y
Melodía de jarana y hamaqueo. Anona

Anona dada en ser ahuehuete o roble.
Poco a poco alegre

Va quedando pelón el palo y el horizonte
De los pájaros.

Ni un animal aborigen de pluma
Va quedando picudo en rama seca y del vuelo sólo
Va quedando
Laca

Va
Quedando
LaCaminera.

Barruntos de lágrima y

Y berrido en la probetería
LaCanalla y

Y el registro de una línea oscura quebrada
En la que

En la que
Brada alta. Debe ser un ave de rapiña choncha
Qué otra cosa undosa si no
Si desde tan arriba
Sorbe el aguzado tufo

De cadáveres al fondo:

No más
De tres o cuatro
Comadrejas destripadas
Por los penúltimos

Felinos
—Entre ellos se devorarán
En su momento extinto— y

Y de pronto
En picada se lanza
A la última cena convidao
De olor. De

De la flora ni hablar Mariachi Chona. Primavera
Veraneando en tumbonas
De Sájara. Para

Para espejismos y cajones
No gana con qué dónde enterrarse
El bosque. Huyendo de lo humano inhumano de
Mano y pie

 

 

Se hunde

Ramaje de una mano de
Manos

Metiendo corriente la cabeza al revés a esconderse
Al sótano sin fondo
De las llamaradas de socorro de los barcos a

A treinta millas de las costas
Africanas y el hacha
Cierta

Cierta
Mente
Sin llorar pero

Pero niño hasta la muerte
Verde. Humo palero al viejo verde humano
Porque

Porque
Bosque adentro en mí se queda uno
Hasta los humos humano
Y todo lo mira sin ojos pues

Pues río miao de amazona era
Pues

Pues bosque cerrao
En vida de La Muerte fui

Miao de araña

Pataepalo que lo tapaba. En defensa de la tierra
Y su milenaria juventú Iba cayendo acribillao el genio
Indígena y la rosa verde
De los prados florecía roja y

Y de amarillos labios. Vera de los 7
Mares. Patera riela que riela
Que descarrila.

Quien mira
Y no presume presunciones
No presunto
Mira. Quien mira

Mira
Fauces de lobo
Lobito lobero pero

Pero
Nunca en manada.

Solitario.

Única muda lumpen en armario
Proleta de monte. Dos

Dos menos
Uno Lumen. Intensidad
Uno Candela
Legendario.
Pos

Postal sobreviviente al selfi
Que jamás de los jamases se tomó.
Fauces

Fauces
Abiertas al disparo de las cámaras y así

Y así
Lo que ves
Parece luz al fondo pero

Pero es pura ilusión
De vértice sólido angular.
Muela

Muela del juicio
Reverendo que le queda
Final.

Zapapico
De plata cariada en

En el rincón más fondo de la fosa
Bocona
Visto

Visto cosa natural
Por La Antepen
Última
Paletada de la
Rosa de la Cosa
O

O
Alma pata en llamas
Que ya se apagará
En el almacén
Inmortal
Xibalbadioquis

Estereorradián de la tiniebla rasa.
Aquí

Aquí
En La Noche Densa Cagada del Canto perece
Todo el mundo
Con un frío que te cagas tú también y

Y cagao te muerificas.
Deste

Deste mundo
Es lo que toca y

Y entonces Agárrate
Y

Y
Entonces
Cuchillo de cantina desgarrando
Canto y Noche
Se oye

Se oye Con el chillido en la mano
El silencio absoluto que urge lo que convida:

«¡Todo mundo fantasma a cubierta
Que se hunde el barcojones
Carajo Oh Incineraos!»
Grita des
Poseso Juan Sin Mie
Mbro

Cogiendo
Con prisa Con prisa

Preciosísma de alma por salvársela

Mimésica
La muletilla de

De Simbad
A pique
En La Barca de Oros.

Grita
Grita
PatalaireDelaNada
Viene

Viene por nosotros
Uy qué miedo
Pelleja o guiñapajo abotonao en llamas
La capitana

 

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La capitana de
La capitanía de Puerto Eureka

Oronda
Como si no la cubierta se hundiera
Entre las llamas Como si sí.
Viene
Ha pasao tanto tiempo

Viene por nosotros
Los encueraos Los desalmaos
Cantantes
Que cantando cantando ni caso le hemos hecho y

Y tantos millones de individuos
Ni nos van ni nos vienen
Ah

Ah
De la vida. Eso
Cree y eso veo.
Bueno:

Oigo eso. Todo eso.
Pero

Pero
No es para tanto ni para tantos
Cuanto canto. Es una cuestión de probabilidades
Desesperadas Cuanto canto
Liquiliqui Rey
De Rayos Magnífico Una décima
De segundo arrugao y

Y yo qué sé cuántos cuantos son
En realidad. También
Veo Veo

Veo sin ver
Veo Veo
Grandes bolsones de almas
Quecuquecu:

Las de
Los violadores

Las de las niñas Las de las mujeres
Las de las muertas violadas

Las de
Los niños violados

Todas Etcétera Aprojímate
Y entre ellas te cuento

Almas en el mismo saco de la vida
Pucupucu.

En el mismo saco de la vida
Humana y

Y yo no me saco los ojos Marrón
Violeta
De la muerte civil O sí

O sí
Oh sí y

Y con todo y cuchara
No se los tiro
Plenos todavía de paisaje mampara

A los perros
De los cerros.

Se los tiro
A la bestia verídica.

Se los tiro
A los amos.

Miro.

Rojo
Banquete de mi ojo.

Miro.
Vamos.

Vamos.
«Ahi la llevamos».

Nosotros los cantantes Recargamos
Y

Y
Pa pronto la extinción fatídica.
Ya hasta se está tardando.
Ándate

Ándate
Empenando
RePepenador de ritmos en desgüesaderos de rima
Prima
Y el amor que gima
Empedando
Todo
Eso:

Ándate empedando
Sobre todo
De pena y embeleso:

Mismo yo
Tu misma yo
Y

Y
Ven
Andando

Ven
Codo con codo.

Ándate empedando
Dama o comodín del beso
Y en alcohol de Conde Nada arda todo
Eso.

Eso
Canto. Lo vivo y lo muero. Espera.
Ahora cantaremos qué es todo
Eso.
Si se nos pone cabrón le hallaremos el modo.

Es una larga hilera
A modo
Que cayendo la primera
Caen las demás una tras otra. La Mula
(Te la jodo)
De Blancas estimula
La Quimera
Del Sargento Mula
En mi canción arriera
Del recodo
De ayer. ¿Qué es eso?
Rayo. Beso.
Es 2 y 3 y multitú y Nada
Oxigenada
Todo.

Eje del círculo polar circula
En remolino espiral
Dándose a oso masaje.
La Realidad en masa estridula
De la punta envolvente del Tabién al Tamal
Y del tren al aterrizaje
Calcula

El salto Tal cual
Adula
La caída para no hacerse mal

De mayor La Realidad
—Muy Propia
Toda ella

—Muy Propia
Toda ella

Y

Y
Conceptual.

Es verdá la verdad.
Es una flor la muerte.
Se asoma para verte
A su alrededor la calidad
Que zumba
Y el aire es tumba
De la abeja
Que ni queja
De la batalla de Otumba.

Ahora bien
Ten:

 

cara6

 

Era
Minyona
La persona
Déu. Ei tu! Invoca
La boca
Fresca
Enfonsada en la bresca.

Era
Llaminera
L’abella
D’aquesta història
Vella.

Cabòria
Només.
Anava pel carrer de Bòria.

Poca estona
Després
La donzella
Bufona
Del dia
Moria
De pur estrès
I no existia
Més.
Cabrona.

No tenia
De cap manera
Dels catorze enllà
I era
Quan vivia
La mera mera
Eternità
I ara

I ara
Flamarada
Refredada
De cara.

Vessada
Era
Aimada
Encara

I reverenciada.
Però

Però
A mi em queda tros enrere
I divorciada.

Las olas llegaban sesgadas. Las olas
Lamoteaban los acantilaos
Lambían los nidos de las gaviotas desgreñaos y

Y reviraban sobre sí los rizos
De efímera belleza de dobleancho
Dobladillo azul

Al pantalón celeste Ribazo arriba
Rizoma abajo y

Y en su propio hedor se hundían
Pasos en la sombra
O nomás se entraban por el pecho para deshacerse
Al calor de sus adentros —Inescrutables
Para el viento agazapao

Frío.
La matazón

De mujeres había alcanzao apogeo
De tal envergadura
Que según cifra y cálculo proposicional de 2017
Que es con los que aquí me entiendo
Estaría
Conmigo una muerta profunda mirándome morir
Por ella arriba del cielorraso
De lluvia

Pero Arco

Pero Iris
Olvidando la ventana abierta abajo
Al sol occiduo No obstante o por eso
De un bermejo anaranjao que deja perplejo Por
Mojao Por

Por mí también Por mí
Pero por ti
Llena de ojos
Estaría una mujer viva aquí
En este verso viva para siempre
Si quieres Pero

En peligro de extinción a mano de obra
A finales de 2019

Año hembra como él solo
Por no decir fecha amachinada
En que escribo esto y
Año Matraca Machacao
A su vez en peligro de no ancharse
De patas cascabeleando

De no poder abortar o
Parir 2020
O

O de que se lo saquen premiao
De la probeta
Porno

Por
No

Decir
De la bragueta patriarcal
(¿Hay tal?).

«Diciembre
Me gustó

Diciembre me gustó
Pa que te vayas
Hijo de puta matachín
Descabezao

Chinchín
Chinchín

Sin calzón o desbragao
Pero

Pero
Ten cuidao.
Sopla viento del sur.

Abur
Y ¡a cagar!

Ey Que me he apendejao.
Te iba a cantar

Nomás
Conejo Blas

Agur».

En estos términos se expresó Amalia
Mendoza
La Tariácuri. El aplauso

Coronó su entrada ranchera
Sentimental al poema que somos
Muchos Para PanPoco y rasgó

Su peculio genial el quejío
Corazón ángeldiablao de estilo inmanente
A su salida triunfal por este verso
Compleja y

Y
No se le oyó más.
Tastastás.

Collons!
Metàfora amb tacons!

Va! Vosaltres
Altres
I la guineu

Aneu
Aneu!

Adeu fideu!

 

carabac

 

[Ilustraciones: Cuadros de Caravaggio]

 

«El costillar de Caín» [2] Orlando Guillén

 

Orlando Guillén

El costillar de Caín 

[Una fractura]

 

 

prokreacion

 

 

La Noche tiene un Uñero en la Uña
Mientras lo digo las moscas se paran a comer de mi aliento
Por la gracia de Dios Donante a la hora del trasplante de Cojones
Y mírame la luna en mí
Me corta cascos por un atajo
Y no me alza
Y no se alza conmigo como con un hacha
Y en los hangares
y en los deshuesaderos las cosas pasan porque suceden
dijo Zas Zas
Agáchate que el gargajo es Nieto de un niágara prodigio
Agáchate y bésame la soga por entre las calles del cuello y por entre las calles de la nuca
Descúbrete Inmortal
Gargajo Un Nieto
Eso que ni qué
Pringatalón de Midas en la parca noche ambigua
En la parca noche ambigua el meditante ambiguo ambigüedad manduca
Y todo lo que come lo convierte en mierda
En el abrazo que arde de los cráteres
morirás por mí
mas morirás con alas
De Dios en Dios en fondo los muertos van desfilando
Y por cuál pata estirarás
la pata
Inmortal?
Un abrazo que viene es un molino furtivo
de la vida Un brazo
es el carcaj de una idea del movimiento
Un brazo se emborracha en el ron de las alas
Un brazo
es un número clandestino en las fieras tertulias de los tórax atroces
Un brazo es un beso en
un callejón sin salida
por tórax partes menos por una
Y un requinto entre momias
Ave viva
el rayo es buen chofer
El rayo es mal conductor de Dios
Amarillo como el metal de los demás metales el rayo
pertenece a ese tipo de directores que bailan ya borrachos al compás de la orquesta cuando acometen
tambaleándose
la partitura de la luz
Rey de la Máscara de Horca dijo El Guardián del Tesoro de Mopar La Serpiente Humeante tiene en la lengua el Espejo
Herpes el aquí en el cual por mi vecino soy antípoda
en el corazón
de la cábula
Dos corazones heridos
Puestos en una balanza
El uno pedía justicia
El otro pedía venganza

 

EL COSTILLAR 1

 

Por el gallo al día me despierta una mujer
Le levanto la página Está muerta
Andábamos desnudos
por el bosque desnudo
quemados hasta la empuñadura por el sol
Los obreros se disputan todavía el saldo en las fábricas textiles
Y mi mano relincha en el escándalo bermejo
Un mortal kamikaze entra a saco en una flor y nomás pasa rozando las cabecitas de playa de los Inmortales
Minusválidos Como Cráneos Entre Cabecitas De Misil
La alarma de Dios pulsa la alarma
Esta es una tarea para Supermanco
Por mi sangre enamorada y amarga
el polvo de mi número es mi masa al cuadrado de mi muerte
Mis radares detectan en mi alma un radar que detecta a mis radares
Me alzo muerto en medio de un reguero de flashes El averío picotea en mis ojos
los apagones y los fogonazos
de la Noche Y en mi espíritu
la planta de una copa se la bebe el misterio
Yo soy un poco más hundido de hombros que la aurora
y su harapo me viene guango
Recientemente el tren había sido asaltado por los muertos
Los ladrones se jugaban esa noche el botín
Dios elevaba pandorgas con mis manos
cogiendo vuelo desde las estribaciones de mi hígado
mi bazo
mi riñón
En lo alto de una abrupta serranía de mi corazón miserable
acampado se encontraba un pabellón de pránganas
Primero hizo Dios la sed y después el desierto con un rápido giro de pistolero
que se dispone a «sacar»
Y «saca»
Y era lumbre de lepra la lluvia del sol
Esto es cosa sabida entre los bebedores de guaro en los tugurios de la madrugada
entre los tuaregs que alimentaron durante siglos
las huestes de Alí Babá
el Misérrimo
y entre los animalitos del bosque que alcanzaron a llegar al bosque
Por el camino que late
rueda mi corazón a la velocidad de la luz
Y la velocidad de la luz no es la velocidad de Dios
De los carros de Dios no tiran caballos de láser
Y la velocidad de la luz no es la velocidad de la Luz
La Noche había sido evacuada por la policía
Hubo cabras en brama que no encontraron nunca mi noche cabrona
Había pueblos en la Noche cuyo butano prendía con una mecha y hacía estallar Pancho Villa
Había mujeres llenas de pus
al soplo ronco de las trompas de mis nietos
Y mítines de sol entre los parásitos y entre los bebés que desde el bolsón de los trenes organizan mítines matineros y llevan a cabo
ágiles huelgas de vida
Las pequeñas gargantas pendían de los cordones umbilicales
Las patitas batían el tambor del aire
de los braseros
Yo
que no tengo remedio
a yegua de láser de los carros de Faraón te comparaba
amiga mía
Un ciervo fuera entonces un sueño que curvárase a beber
Doña Manuela
en los bancos seminarios
vio sus cuentas corrientes
congeladas por súbitos gerentes
El año Siete Conejo asistía a la caída de los Pájaro Espantapájaros
Los quasars no zumbaban girantes
alrededor
de las Umbrías Orejas
Y era una Nigua estar en la Uña de Nadie
Quedaban las fotografías retorcidas
Los muertos no habían muerto
No habían muerto en vano los muertos
No habían muerto en vano los muertos que no habían muerto
Quedaban las fotografías retorcidas
Los muertos no habían muerto
No habían muerto en vano los muertos que no habían muerto
No habían muerto en vano los muertos
Los muertos no habían muerto
Quedaban las fotografías retorcidas
La más larga y cabezona
Dijo: Yo soy retozona
En el arte de coger
Y mi leche se derrama
En la puta y en la dama
Y en cualquier otra mujer
Y el orín sepia de los sueños tripulaba letreros
en los lampos de mariposas de los pípilas eléctricos
en los estómagos que balan en los pianos rumiantes
y en la frente de las hordas
El Rey de Paranguaritirimícuaro
Se quiere desparanguaritirimicuarizar
El que lo desparanguaritirimicuarice
Buen desparanguaritirimicuarizador será

 

kompañia

 

Tápatelo con la bragueta de los muertos
Ni que lo tuvieras de Oro
Siendo poeta aunque me muera de arte
Si tu culo fuera un barquito
Aquí cagó Juan Sin Mierda
Tuli Tulipán
Escribió mientras estuve vivo
Mis güevos los marineros
Mis pelos los pasajeros
Y mi chile el capitán
Y fue la tarde y fue la noche del primer día
como una lengua de vaca
que se repegara contra la sed
Padre nuestro que estás en los sexos
cortante
como una brazada de andrógino
en 100 metros mariposa
Yo sueldo
el hueso de tu fractura en añicos
Yo te ato y te desato
con una cuchara de albañil y con cemento
de muerte en las coyunturas
de paso
Yo taño un combo y mamita me está llamando
desde las grandes obleas de música
que comban descoyuntándose mis vecinos de horca
Y así muerden el vacío del viento
Y así muerden el vacío del viento
las batas blancas
de las visitadoras sociales
en las cuencas de los ciegos
Mírame la arboladura de la carne Tú que no eres mi imagen
Pérez Ser
Pérez Seremos
Llamarada de petate ser
Y no ser llamarada de petate
Mírame mi sombra jorobada Tú que no eres mi semejanza
Tú que no echas sombra en las sombras y ni un pedo en los muladares
Tú que no echas sombra en las sombras y ni un pedo en los homenajes
Tú que no echas sombra en las sombras y ni un pedo homenajeante
Tú que no echas sombra en las sombras y ni un pedo homenajeado
Y por estos cagandurriales
ni un pedo en el infinito

 

kraneo en llamas

 

Padre nuestro que estás en los sexos
gañendo
como una gladiola
en una reunión de ministros
Mi corazón late bajo tu látigo
Pero Tú no eres digno de entrar en mis pulsos
Por Ti existe el gallo de todo lo que existe
Y mi culpa es tu Culpa también
Güerita verde limón
Dame de tu menstruación
Para hacerle una piscina
A mi pobre corazón
Yo soy algo más que un náufrago a salmo de mata
Las manfloras me guiñan por el ojo del coño
cuando se besan con su beso de estaño
Yo las taño
Por el ojo del coño
Y como el marimbero
Por el marimbal
Taño pero no restaño
La heridura original
Puto el clan
Puto el clan
El beso es puto
Tío Caparratas
eunuco viejo
me dijo un día
que tu agonía no bebo yo
Supón
le digo Supongamos
que los eunucos
guardan memoria
de sus arcas
cuyas barcas saquearon las madrotas
para flor de putero
de seguridad
Yo soy capón que capa con el
culo y no
cualquier portaalfanje dijo él
Y a tomar cada quien
por el culo
Que como diría el profeta Sodomías
esto es tan viejo
como cagar padentro Y que el que busque
encuentre
Viejo cachetón del puro le dije Los valientes no asesinan
Y los culos no van a la guerra Los valientes
estaban peleando mientras yo los miraba pelear Son gentes
que cobran posición de paga
en medio de la hambruna Pero no son más que los verdugos
de la víctima Los verdaderos verdugos
comen del cuello en casa de la soga Y es cosa
que ya se sabe la de echar
un brazo a andar Un brazo
no echa a andar como
echa a andar una pierna Sobre todo mientras seas tú
el que cojee

 

EL COSTILLAR 4

 

Y el día que Dios nació
no estaba en casa
su Mamá
Cuando regresó le ji
ji
le dijijijijó
Que sea la primera y la última vez
que naces fuera
de la Bacinica
Fuera de la bajajajajajajajá
Y Tú eres una muralla que se cae a cosquillas
El día que Dios nació nacieron todas las flores
Las mujeres por delante
Y los hombres por detrás
Que los cebos los tire Dios
y hasta la Parca
por mi verso
Verso bivalvo el de Teresa de Ávila y no es que tenga
tenazas dijo Juan de la Cruz es que está
cogiendo Y decimos coger
al acto de hincar una yegua en la nuca de un páramo ciego y hacerla tirar de coces contra todo lo que se le ponga enfrente y estar entre lo que patea
Y una vez bailaba yo
Con Chenchita en El Callao
Chenchita bailaba abierto
Y yo bailaba pegao
Y el cónclave de los secuaces de mi suegra
me trajo hasta esta lengua de vaca la llamarada de cuyo petate ni me quema ni me cobija Naturalmente
nadie mejor que yo para cantarla
Ya sea en los boletos de metro cuando tomes autobús
Ya en los de autobús cuando tomes el metro
Y si por mar en un buque de guerra
Y si por tierra en un tren militar
Y si por aire
no es que no te quiera
es que te sigo olvidando
Yo no soy papalote Yo no soy papalote
de ninguna mujer
Puto el clan
Puto el clan
Puto el último
El primero
igualito que la primera pezuña al paso de la estampida por una virgen
será el último

 

bandada de braguetas

 

No hay placer como cagar
Con un tabaco prendido
Queda el culo agradecido
Y el mojón en su lugar
Para tañer un tábano se necesita
una poca de madre bajo las alas de la cabalgadura
un zoom como un piojo a lomo de axila de ala aguijoneando costillar
de pájaro Roc
siguiendo el azar de Ió por la cabeza enloquecida
tirando de ella por la mata del pelo a primer plano
y haciendo distinguibles los rebotes
lo mismo al cauce por el pánico
que al cauce por la heridura de la baba del Dios
Y besarla Y besarla Y besarla
como con un piolet
rehileteando
Y besarla Y besarla Y besarla
hasta que por entre la humazón de su gargajo
Que cante
Que cante
Que cante
se levante humeando Ricardo Plantagenet
tercero por la corona en la fotografía
Caramba
Yo soy tu rey
Mi caballo es El Segundo
Ahora se hacen a mi ley
O los aparto del mundo
Y que no se anden por las ramas los hijos de Tarzán
que no hacen rastro
al dejar la huella
entre los muertos dijo Natongo
La Hermandad de los Hermanos de la Lanza
besa el palco de los muertos
Y si tu padre fue pintor
Y tuvo horca por pinceles
Píntale el culo a tu madre
Pero no pintes paredes
Y en mí vinieron a ver amanecer los muertos
A ver amanecer no se levanta nadie un día
A ver amanecer
Entonces pues habrá que irse de muertas dijo don Tobías
Hay la zaga del cristal tras de las trizas ser memoria de espejo
Y cómo aullaban mis choznos
como un framboyán en un parque de enigmas
como un enigma joven cercado por framboyanes rabiosos
como una infamia que anduviera con zancos por entre profesionales del tranco largo y tendido
El beso aquí es flor de culo
Y por tiesto un mi Cojón
Que al beso sin convicción
Llama Retórica osculo
Que es beso de asentaderas
Y si el negro beso esperas
Nomás ábrete de puertas
Que así como bebo ron
Esta noche ando cabrón
De cabrón entre las muertas
Alá que sigue a toda reverencia hace referencia a Alá
Alá rinda reverencia al equívoco que una colisión así incide sobre las cuentas de comercio en Sodoma
tomada por el culo por Gomorra
que a su vez la toma por delante del alarido y por ante
el beneplácito tardío
del gong
de los gags
Y que por de mientras Alá pase a descomer al claustro de los almacetas
dijo Sodomario Gomorraúl
Por el ovar de las fuentes vienen a nacer los pájaros Y Dios deja siempre la cama como pleito de perros dijo Paco Seguí
Las cucarachas comen de su corazón tanto si
me refrescan la cartera ensangrentada como
si no Y las yeguas vienen
a beber de sus pulmones Yo le procuro
la muerte
con plomo extracto de albacea
y con acero que de un esguince saca el cuerpo a la daga
al puro sesgo de mi mano
Yo le procuro la muerte
con un rayo en agua descompuesta en peines de colores
por el zarpazo del sol Y con mi amor
que es como una raya descompuesta por raigones de sangre
en un charco de conciencia en el que ahogara
un barco
y ahumara una sartén
la Siemprevirgen
Silbaporpedos se llama la joven
A quien yo quiero
Y no podré olvidar
Silbaporpedos por Dios te lo ruego
Que con tus oros me vengas a mirar
Una parábola
es una palabra
dando a luz debajo de las imágenes
Una parábola puede estirarse por los extremos
hasta dejarla lista como una lengua de vaca
para ser tundida por los músicos
Y es de lesa poesía igual que un ojo en una corola
Y florece en un congal
Y en un sueño
de paso
Y bautizarla a pedos es percal
de soldado raso
Es una negra manca que mi beso cubre a brazos
Es un pozo de adiós en desbandada por los flancos
y habilita coimes de la flora en las campañas de la fauna
De frente es un ancla de patos
Y de perfil un páramo de tórax
Fuera pulgas de la hipocresía dijo el licenciao Petaca
Y que los que estén parados mejor se peguen a la pared
Y que los que estén sentados mejor se queden como están
Porque anda suegra una Verga Voladora
Y quiere casar a su hija
la mayor
Hay un sótano como un cráneo y cuesta un güevo machacárselo
Y no vas a tumbar al sistema con el cañón
frijolero dijo El Sapo
Cuesta un güevo machacarse un güevo
Y cuesta un güevo quitarse la machaca
Nadie muere la víspera
si no nace
en ayunas
Y Tú que eres poeta
Y en el aire
Las compones
Ven a hacerme la puñeta
Sin tocarme los cojones

 

genesis

 

Un briago páramo de actores y de actrices huelga en mi cráneo
En el viento engendran las vómitas
Y las catacuervas del horizonte
Y un lamparón de horca
clarea
y hace agua
Y entre las piedras de mierda pálida y ceniza
la cita del compás te cuesta un muslo y uno de a botín
de cazador y la fruta
del pezón
Y la siempreviva
que beso entre las piernas
de la fruta
Un perro ruiseñor que trialba hace ladrar un culo en la pasión
Y lábralo
Un perro ruiseñor es lo mismo que lo mesmo
cuando riega
los jardines de luto
con flores amarillas
Y aunque se enojen
toditas las chiquillas
es una fiera inarte que besa
a tarascadas
Y aunque se enojen
toditas las casadas
el cojón de la noche cunde de ladillas el día
y sacude con un grito de flores coloradas
en el cual agonizan los muertos
que se cagan en mis muertos
Hay una banda de plata de color
alrededor de una cintura
que brilla como un faro
en un rastro
de color
O como la pegatina de un niño rupestre en una cueva turbante
O como un zar en un destripadero
de barcos
A perla de color no se le ven las meadas
bajo el día aterido por una cuarteadura
de verano
La Noche duerme y mea de pie como las yeguas de ébano
Ave de multiplicar
el guante
el menguante calzado por los tuncos
y ave de vituperar palomas
la que sobre él se yergue
No todo es cuestión de alas en el vuelo
Hay una fisura en el bolsón de Mapimí hermético
del manco estilo suave de los muertos
y alas abanica
entre los que van muriendo A instancia de Dios
pegarle fuego a la leña de los profetas caídos
Con los grandes costurones hacer plomo para morir
con el plomo de los abuelos de probeta Y zurrar las cuerdas
de los soldaditos de cementerio
para hacer alas de metal de mar
Yo que soy y no soy El Desollado oigo lo que dicen los Desolladores
y oigo el jadeo
de los niples cogiendo con los coples
mientras come de mi oreja la flor de la berenjena
Y así me lame perlas cuando me lame el conocimiento la mujer
Una estaca de servicio entre las muertas en la que dejé sentado a Dios
se levanta y abyecta sangre
cuando me lame de perlas el conocimiento la mujer
Juega el gallo Y juega
el pollo Es la hora
de repartir el palo entre los apaleados
Y es hora de chupar frascos de perfume en el vagón de yeguas del rebaño sideral
Y entre los locatarios de la guerra
imprime el pie en la gloria la edición pirata de Dios
que es un libro totalmente en blanco
desde los forros
hasta los forros
y tendrá clientes entre los pederastas
a sueldo y entre
los violadores en paro
Cuatro llamas blancas vi
Y un ojo negro de culo
Y la tregua estaba en guerra
con los tirantes del azar
La propiedad privada del destino
no es particular
Ni Dios en el congal donde me espulgo
y mato piojos
pan y cracia

 

[Salvo la inicial, en su momento descartada y que aquí va de ñapa, las ilustraciones corresponden a la serie gráfica de Rilke Guillén Roca que a modo de epílogo plástico acompañó la primera edición de El costillar de Caín, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, colección Práctica Mortal, México, 2001] •

 

 

«El costillar de Caín»/ Orlando Guillén

Mario Raúl Guzmán

Orlando Guillén: cuatro volados para una agnición

 

[Prólogo a El costillar de Caín/ Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, colección Práctica Mortal/ México, 2001]

 

 

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Primero

En los años setenta no fuimos pocos los lectores de poesía quienes le dimos la espalda a la mayoría de los “poetas” con que nos bombardeaban los suplementos y revistas. Era tan aburrido el panorama que resultaba ocioso asomarse a la paz octaviana y a la aceda impostura de la espiga abotinada. Hoy siguen aburridísimos, una vez consumado el recambio generacional de los vasallos pacistas y la muerte súbita por oportunismo de la retórica de izquierda. Son incluso peores, porque en sus soporíferas páginas publican jóvenes que escriben como el licenciado García Terrés en los años sesenta, o como el señor Chumacero en los cincuenta. ¡Y jovencitas que uno confundiría con la embajadora Castellanos! ¡Nuevos rucos refiriéndose a su esterilidad con sandeces como “las diversas posibilidades significantes de la materia verbal”! Pero las cosas, afuera de ese predio delimitado y censado los fines de semana, son ahora harto distintas. A casi tres lustros de la primera edición de Poesía inédita 1970-1978 (la segunda por cierto pésima edición toluqueña, es importante sin embargo porque por voluntad del autor su obra de juventud aparece definitivamente ya con el título Versario pirata, de 1983), creo que la contribución de Orlando Guillén a la renovación radical de la poesía ha sido fructífera. Incluyo por razón de ubicuidad que impone mi ética crítica en mi examen otros dos libros suyos: Rey de bastos, escrito en la ciudad de México en 1980 y editado fallidamente por la Universidad Autónoma de Chapingo en vísperas del terremoto de 1985, y El costillar de Caín, dado a luz en Barcelona y Martorell en 1984 y cuya edición en Jalapa está por verse*.

 

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[* Esa edición estuvo por verse y nunca se vio. Por otra parte, este prólogo debió acompañar a la edición de Versario pirata de 1994 en la colección Lecturas Mexicanas. Al publicarse ahora cobra un nuevo sentido y se satisface el interés de ambos autores.
“Orlando Guillén: cuatro volados para una agnición” apareció originalmente en La Jornada Semanal del 14 de febrero de 1993 en la ciudad de México.]

 

 

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Versario pirata se insertó a trompicones oníricos/lúdicos en una línea no abolida desde Díaz Mirón pero tal vez soterrada o subterránea, manchada a trechos por una voluntad desacralizadora, irónica y de reanimación conceptual y vital, dentro de la cual venían aportando hallazgos valiosísimos Ramón Martínez Ocaranza y Efraín Huerta. Pese a su labor aduanal, la censura filistea no impidió que Versario pirata circulara entre viejos y nuevos lectores de poesía, emocionados por la supervivencia de valedores que, muy lejos de los fanáticos del palomeo mortecino, le sacaban brillo al coraje, al espíritu de aventura, al gozo incierto de la pasión, al amor, a la vehemencia, al sufrimiento, al fervor por empalmar el estro con el lenguaje vivo lacerante y fiestero de los caminos…

Los críticos al uso han hecho demasiado hincapié en el afán destructivo del Versario, en sus enconos mórbidos, en sus transiciones violentas hacia el cogollo oscuro de las cosas (Díaz Mirón: “y un relámpago enciende mi alma negra”), pero desde ese terraplén alícuota no se divisa el entendimiento cabal del sostenido arrebato lírico de Guillén como una afirmación de la vida. Cabalgata contradictoria, acaso porque la vida también necesita de la angustia y de la destrucción para afirmarse. “Vamos a hacer el vacío/ en tu columna vertebral/ y a tocar con las manos y la lengua/ el tuétano feroz/ el agua oscura en que se contiene vida”. Sucumbir pareciera la obligación de Orlando, su designio, su inexplicable empeño. Mas su obstinación dramática no es sino servidumbre de la verdad como función de la vida, yendo y viniendo de la imaginación como el minero con su carga arrancada a cuajos de las entrañas de la tierra. ¿El malacate se rompió? Pues otra vez abajo, abajo: hasta darnos un banquete de vida con la muerte. Nietzsche lo expresó así: “Dionisos descuartizado en trozos es una proeza de vida: renacerá eternamente y regresará de la destrucción”. Y la filiación de Orlando por su verso: “Recupera/ su integridad la anaconda sagrada de la vida”. Estoy cincho de que Versario pirata se adhiere a una posición de raigambre dionisiaca, cuyos “salta canta baila venado loco/ a la luz de la luna” y “yo sueño también” proponen la exaltación, el éxtasis, la música y el delirio contra los preceptos y silogismos dogmáticos del Sistema, la Academia, la Universidad, el Estado y el fariseísmo de la Kultura: “[…] es necesario imprecisar para que fluya el drenaje intestino, la guerra civil del espíritu”. Si a Guillén lo sacuden relámpagos, esos relámpagos danzan: son las iluminaciones de la ebriedad, la alegría, “la espalda invertebrada de la música”, el fermento orgiástico que se escinde de las aberraciones lógicas de la Maquinaria, un picotazo ácrata contra el Cálculo y la Ganancia. “Aún muerto respiro la miasma del mundo/ un denso vaho semejante a las virtudes humanas”. Si el Raciocinio vanamente cuadricula el Misterio, si la hipertrofia del intelecto desdeña el instinto vital y sus poderes cognitivos, Orlando se desconcepta, arreflexiona, se asume idiota, alterna lo gemebundo y bronco con su ánimo travieso, apuesta por lo mímico contra lo declamatorio, por la intemperie de las sensaciones contra la falacia de las certezas científicas, por lo histriónico contra lo letárgico, por las calles contra el cubículo, por el diálogo de personajes contra el monólogo pétreo, por lo problemático y terrible contra el estatus y la complacencia, por los recursos sutiles de las ideas contra la reiteración del cliché. “Es la poesía una cacería de relámpagos?/ Una percha para colgar las alas?/ El látigo con que golpean las cosas los ojos de los ciegos?/ Una fogata entre los restos del día?”

Sus incursiones bajo el cielo podrido de la ciudad de México son las del poeta que sale al centro del circo y se apropia de cuanto le viene en gana; su esquizofasia es una “explosión del entusiasmo en el culo del diablo”; las entidades cachondas de su poesía no tienen una puta madre cantable (y alcanzan una danzante síntesis en Rey de bastos: “Oh flor de árbol de mujer/ oh negra flor, melancolía peluda/ Ala dulce de murciélago/ Vena cava en el sueño de Drácula”); un orate veracruzano descolgándose en paracaídas a lo más tupido del campo de batalla del lenguaje donde bregó Vallejo por su cuenta con parecido retorcimiento sintáctico. Pero advierto en su hez mancomunada una diferencia esencial. Lo juro. Ese triste esqueleto cantor peruano es monocorde en su aliento a infortunio: “hoy sufro suceda lo que suceda”; “todo está alegre, menos mi alegría”. En su tórax sólo se palpa un óxido profundo de tristeza. El pulso de Vallejo es perpetuamente adolorido; su diamante sintético, desgraciado. Orlando entristece pero no como Vallejo: se ríe de sí mismo, alaba su verso y luego con una trompetilla lo zancadillea, esgrime a raptos “la batuta improbable de un director de orquesta circense” y después se oscurece en la contemplación del agua agria y emponzoñada del mundo. Guamán Poma: “Había tanto dolor, que era cosa ya de reír”. Nuncamente Vallejo podría haber escrito esto: “De mí se ríe Tristan Tzaratustra/ y yo/ claro/ yo me río de mi verso/ lindo/ limpio/ azul/ mi verso/ arrumaco artificioso y profundo”. No recuerdo dónde leí que el humorismo es la expresión irónica de la simpatía por el fracaso, por el fracaso que es el hombre mismo, pero no fue en Poemas humanos. No exhumo semejanzas ni escindo los homenajes: éstos y aquéllas aún viven coleándose: Vallejo: “Un pedazo de pan, ¿tampoco habrá ahora para mí?” Orlando: “Un pedazo de madre no le sobrará a alguien,/ no podrá alguien ofrecérmelo?”

 

Segundo

Ambiguo por su máscara apolínea, Rey de bastos significó un giro a estribor en la travesía de Orlando Guillén respecto de los islotes que van sobreviviendo en Versario pirata. Giro no del todo sorpresivo: el vuelo de algún ave de presa sobre los despojos vivos de Títulos del miedo y por entre los sonetos densos de Un muerto rema rayo abajo podría ya otearse en el horizonte vagamente próximo, a ojo de buen vigía. Orlando se plantea y enfrenta desafíos distintos en cada uno de sus libros; pero aunque se parece demasiado a sí mismo, no por ello deviene su propio discípulo. No menoscabo “los pulsos diversos del espíritu” según sus libros responden a épocas de vida, pero entreveo la unidad interior de un carnal braceando en dorso combinado por el drenaje profundo de la música como técnica del pensamiento.

 

 

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A pesar de que el movimiento del verso en Rey de bastos, por lo que atañe a su cadencia, ritmo y distribución de los sonidos, es sumamente seductor para los afanes ajenos de recreación (por ejemplo para los míos), este libro no genera a su doppelgänger ni siquiera por el saqueo de sus valores musicales toda vez que éstos no tienen que ver únicamente con la forma sino con la sustancia misma del pensamiento que decanta una conciencia trágica de la vida. Una experiencia irrepetible, pues; una única irreproducible manera de registrar la presencia de los seres, las cosas y las bestias en sus relaciones desconocidas, una intuición que no es calcomanía sino tatuaje en la piel del alma como estigma, huella o marca. Mas por lo que a la imitación, el remedo, la suplantación del estilo de Rey de bastos se refiere, el efraínbartolomé ungido hoy por la canallocracia se caerá solito mañana. Una cosa son las influencias y otra muy distinta la falsificación, la imitación como ejercitamiento huero de testimonio de sí propio. Digo eso sin desavecindar el criterio de Ezra Pound: el artista amalgama y sintetiza los resultados de los trabajos de muchos hombres, pero sólo la veracidad de su tentativa es lo que nos importa. Esa florecilla que cuesta siglos de trabajo acariciada por Blake en sus proverbios del infierno es resultado de una chinga asidua y de una consciente aplicación. Quiero decir que en Rey de bastos recoge Orlando por elección la savia aún viva de la tradición representada por Rubén Darío. Ya sé que a lectores como Pedro Damián Masson les parece insoportable ese vicio por el ritmo en el que bogan faunos, minotauros, ninfas, unicornios, efebos, doncellas, etcétera. Pero yo no me refiero a la filigrana léxica rubendariana ni tampoco a los moldes métricos en los que Orlando se regodea hasta el hartazgo de abrir “una fisura en la parodia”. Se trata en realidad de un alto homenaje. Quizá al oído de Raúl Cáceres suene sublime lo que a ojos de La Condesa no sea sino utilería extemporánea; mas eso es cosa de cada lector. Yo columbro en otro plano a Darío en Guillén: en los galopes rítmicos, el lago sonoro, el tropel vibrante de fuerza y armonía, y sobre todo en los azoramientos del cisne entre los charcos; es decir: en el estilo que brota cuando la belleza se asoma al brocal de lo hórrido, lo monstruoso, ese “vago resplandor de la suciedad que hay en uno” explorado por Orlando también como un aspecto instrumental y técnico de la música. Al mago de Prosas profanas le sumerge tal glóbulo blanco en su puerco torrente sanguíneo, con “una fuerza que transfusiona, suelda y unifica” (Pound) con la suya lo siempre palpitante en la estética del vate nicaragüense. Por supuesto, son cabalmente de Orlando la gran longitud y cesura de su verso, el ímpetu proyectivo tan diestro en los relieves y pesos del material que emplea en sus construcciones eufónicas, la ancha ancha respiración, su vocabulario proclive a lo que pende como racimo de horca, el agilísimo encabalgamiento de la ola rítmica, el manjar salvaje de sus símbolos, la observación agudamente expuesta mediante las inflexiones de una voz rica en tonos y matices, el guiño imprevisto que comunica con malicia estados de alma, aparentes ardides como vía para acceder a las esencias. ¡Uff! ¿Qué ráfaga se agita en lo que estoy diciendo? ¿Qué soplo, qué huracán? Creo que Rey de bastos y La insurrección solitaria son las cuerdas líricas que más contribuyen a demostrar que Darío aún está vivo (¿Una suntuosa ruina con algunos de sus cuartos todavía habitables, según Lezama Lima? Más que eso). Pero Orlando, a diferencia de Carlos Martínez Rivas, es un innovador: ha llevado la poesía un poco más allá de donde la encontró.

El vasto y misterioso viento que sopla en Rey de bastos proviene de lo que Pound nominara ritmo absoluto: un ritmo que corresponde exactamente a la emoción o al matiz emotivo que deseaba expresarse. Rey de bastos es una bestia que en seguida abre sus anchas fauces y exhala un voluptuoso frote con las palabras por cómo éstas están sonando, la lúbrica alegría de un lenguaje inauditamente flexible, esas entidades sensuales trastornadas por la ebriedad de los signos populares. Y al fondo: la intuición desarrapada de lo trágico sólo alumbrada por fogonazos metafóricos:

 

 

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Harta y ancha vagina, tiradero de condones,
hostal de bubas, ya parió la leona, ya parió la leona,
bisturí del amanecer en el sueño de ángeles siameses,
flor de cirugía, sietemesinos magro,
ya parió la leona, ya parió la leona,
pudridero de cordones umbilicales,
estación San Lázaro del Metro, salen los corriosos,
meconio, dorado ladrido de un amanecer de estómagos,
las blancas manos de las enfermeras nietas de plateados coños,
ya parió la leona, ya parió la leona
Tiradero de bubas
Hostal de condones
Meconio, ladrido íntimo, al alba, de un amanecer de vísceras
Y el bisturí del amanecer en el sueño de los ángeles siameses

De la ensoñación dionisiaca a la vigilia apolínea, de los instintos tanáticos a los efluvios eróticos, del “bebo en el baile” a “la humazón de las cosas”, es un método brutal de artista el suyo: primero abarca líricamente y luego condensa teatralmente en su amor a esa musigalla terrible que es el devenir del hombre en el callejón de lo có(s)mico. Nietzsche: “La música que acompaña a la tragedia de la existencia”; lo dionisiaco esencial. Sí, el Misterio sintetiza la verdad de cada quien como sedimentación de la experiencia de la especie: “Arde el bosque en la flor de mi ceniza”. Sí, bien recuerdo a Nietzsche en los muladares diciendo a voz en cuello las cosas más abstractas de la manera más corpórea y más sangrienta; y esta madrugada en Rey de bastos:

Muertos arrojados al miradero de los muertos
:
por una miradura penetró el sol del alba como un arco
entre lo oscuro
como un árbol vivo entre lo abstracto florece
como una raspa como una limadura entre muslos preñados
como una astilla de la vida
en el fuego del añico
de la horca

He atisbado apenas algunas de las cosas que este libro sugiere. Me he internado varias veces en sus encrucijadas diría inexpugnables. Ahora que lo he leído para esta nota me sigue emocionando como uno de los poemas más bellos que conozco en mi pinche vida. Al paso del tiempo lo he visto cuidadosamente destruyéndose y preservándose incesantemente, dicho sea bajo paradoja en préstamo del Neruda de Residencia en la tierra. ¿Comprendo el secreto de la bestia? ¿Me asomo a sus íntimos hocicos? Su inclinación mañosa por unir melodía e idea me complica enormemente las cosas. Más que comprender sus temas me abandono a la suficiencia del oído que en la cresta escucha versos como estos: “El machete que canta al cuello del mediodía”, “oh tronco del canto bajo el hacha de los difuntos”, “la música de fuelle de los síncopes”, “y una partitura en la noche es un zapato que sueña las patas de la música”.

Es un hueso duro de roer: enardece la voluntad de vivir y plañe la muerte. Lo que dice brutalmente luego lo atempera con destreza técnica, y lo que tañe con finura después lo revienta para que cante por sus vísceras. Se remonta a los trágicos porque su sacrificio es religioso y heroico en los hechos cotidianos de la existencia. Los juegos por nada de este mundo apolíneos de Rey de bastos son una superación sombría, exigente (realmente excesiva, diría La Condesa), de la desbordada alegría dionisiaca de Versario pirata.

Bajo el ser el soy
Y el amanecer
Y la guitarra
Y el lampo
Guitarras abajo el puro sol
Y el poema copado por mi lúcida hez

Sus resentimientos e insidias los resuelve con agilidad verbal de comediante. Disfruta sus caprichos y al ratón se los adjudica a algunos de sus personajes. Para su poesía levanta lo que su bastón topa en la calle y en su cubil descifra palimpsestos. El énfasis del yo es su whitmaniana “merienda suculenta de unidad”. Como toda gran obra de arte, Rey de bastos está abierta a una inagotable flor de interpretaciones. Antes que cualquier otra, la hermenéutica furtiva explicitada por el propio Guillén al revelar la temática y estructura de su libro: “He mezclado los géneros: no hay separación entre poesía lírica y poesía dramática. Dentro de estructuras dramáticas he utilizado la forma lírica. Rey de bastos tiene una estructura dividida en tres partes y, desde luego, es una estructura dramática con tres perspectivas simultáneas susceptibles de ser separadas convencionalmente en términos de teatro: una, la perspectiva de Cristo ya vencido, derrotado; otra, la versión de Judas, y, jugando la parte intermedia, una mezcla de la perspectiva de Juan el Bautista y de la de Juan, el del Apocalipsis. Lo señalo porque con respecto a Juan el apóstol hay un rollo apócrifo según el cual él fue Lázaro, el resucitado por Jesús, y Lázaro aparece preferencialmente en mi texto. Juan, el de la revelación, es San Juan, y es aquí quien ladra. Mi libro, en el fondo, es una enorme reprobación del cristianismo. Y precisamente como símbolo de la muerte de Cristo, está dividido en tres partes de 33 páginas”.

En 1985 Rey de bastos unificó en su contra a todos los suplementos, revistas y críticos que se hicieron los occisos, aunque en privado quién sabe. Es inútil el ninguneo, pero dejo aquí constancia de ese proceder ruin, nuevamente desplegado en torno a Hombres como madrugadas: la poesía de El Salvador, libro de Guillén cuya segunda edición apareció en 1989 bajo el sello de la UAM. Francisco Seguí apuntó en Barcelona, a la salida allá de la primera edición, el siguiente juicio:

Desde la conceptualidad quevediana hasta la espiritualidad rilkeana, pasando por Josep Carner, Agustí Bartra, Gabriel Ferrater y Joan Vinyoli (poetas catalanes ya desaparecidos), de quienes ha realizado una labor de traducción al castellano encomiable, Orlando Guillén se encuentra hoy en un punto de creación verdaderamente importante. Su visión de la poesía no sólo de Centroamérica y de América Latina sino de la España clásica y de la moderna y de la contemporánea, es cognoscitiva y asimilada como lector y receptor de la razón del hecho poético que él mismo intensifica en sus escritos [Suplementos de la revista Anthropos, 1987]

 

 

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Tercero

El costillar de Caín: un recorrido delirante por los pueblos del habla. ¿Qué entra en sus pulsos? El albur y la majadería machista, el letrero de doble sentido y la truculencia sexista, el graffiti soez y la rocola ecléctica, el exabrupto homofóbico, los gestos tiránicos del caporal y el engreimiento del padrote de burdel, el corrido y su dulzumbre octosilábica, la tonadilla ranchera y el gemido callejero ante el apañe, todo ello amalgamado o anudado por un vasto propósito dramático cuyos soportes simbólicos se expresan mediante desafíos y jugarretas culturales muy difíciles de descifrar y hacer propios. “Herpes el aquí en el cual por mi vecino soy antípoda/ en el corazón de la cábula”. Un destripadero de picardías puestas a orearse crepitando en el pretil de la Kultura, donde las tensiones profundas de la vida mexicana irrumpen con la arrebatada brutalidad de los jodidos. Es sin embargo babor de tontos a pique ubicar a Orlando como especie de patriarca de una pretendida generación lumpen o sostener en el aire que es algo así como un vendaval que arrasa todo, imponiéndose por la velocidad y por la fuerza. ¡Niguas! En prosa y en verso Guillén es un trabajador intelectual a leguas luz de sus coetáneos, quienes al excluirlo niegan también las propuestas y propósitos artísticos, “del tronco de mi música a la avería de la vida”, que su obra asume y despliega.

En El costillar de Caín es rasgo preponderante la mezcla de espontaneidad y artificio, de arte y maña, de desbocamiento absurdo y reflexión sobre el estallido del chiste como instrumento activador de la puesta en escena del Drama, de fraseo lumpen anónimo y juegos poéticos personales —crisol crispado imposible de unificar y armonizar en sus entreveramientos sorpresivos sin un previo certero dominio de los recursos formales y, en el caso, estructurales. Mancuerna temible la de este libro: una desenfrenada vulgaridad y una suntuosa voluntad de estilo, la acrimonia de cuya colisión es responsabilidad plena del planteamiento dramatúrgico de Guillén, concentrado por paradoja bufonesca en los avatares de una imaginaria puesta escénica: “Un briago páramo de actores y de actrices huelga en mi cráneo”. Prófugos y proscritos, vástagos orgullosos y legítimos del pueblo, pintores y poetas desde el arroyo que o dicen su parlamento y salen de escena doblándose de risa o se demoran acuclillados por su sino trágico: viento disímil, hordas que bajan a beber en Marlowe, tugurios de la madrugada, impugnaciones subrepticias o estentóreas, un circo de tres pistas arremolinándose o aternurándose o violentándose irrefrenablemente: en las entrañas de la pátina.

Orlando desde luego no rescata nada, porque su libro no practica el deporte abyecto clasemediero de “darle voz a los que no la tienen”. ¡Cómo no habrían de tenerla! En su safari libérrimo va a grupas de una sabiduría que entronca con toda naturalidad en el genio vivo parlante del Pilongano colectivo. El abigarrado y bullente deshuesadero idiomático y léxico de El costillar de Caín se surte y se despacha en esa lengua-alegoría popular, y su tesitura artística supone a un tiempo un acarreo y un enriquecimiento de magnitud admirable. Lo que Josep Carner afirmara respecto del pueblo español, vale para el Acámbaro mexicano: el primer poeta de México es el pueblo, sin rival en sus modos imaginativos de agudísima fineza, en su estado de gracia verbal, en su trato rico y variado del verso, caracterizado por su extrema plasticidad y libertad. El costillar de Caín opera sobre una formidable exacerbación del lenguaje de la vida real mexicana, la abrumadoramente prángana y parrapa, mediante la metaforización asqueante y festiva del cuerpo visceral. Aguijoneado pero en chinga, Guillén emplea hasta sus últimas inconsecuencias todo su dispositivo: dislocamientos sintácticos, extravagancias nonatas, juegos de palabras vertidos sobre la tiesa Kultura, andanadas contra la Razón y El Orden, retruécanos y aliteraciones desquiciantes, relampagazos alógicos, recursos paradojales cual espejeo de meditaciones éticas, carcajadas que se alzan como trinchera contra la estulticia ambiente. Y la luz que ilumina tal escenario, “una luz encharcada y jedionda”, sucesivamente revela estados de conciencia bajo tonalidades sarcásticas o sombrías, decorados sucios y deslumbrantes, y una vida, un drama esencial en el que dialogan y se husmean como perros el culo el esplendor y la postrimería. Se trata de una poesía trepidatoria cuyo epicentro viene desde los principios de la repugnancia, sobre todo si se registra con el sismógrafo de una estética de la depredación. “En lo alto de una abrupta serranía de mi corazón miserable/ acampado se encontraba un pabellón de pránganas”. Un ojo duramente abierto a lo que uno trae por dentro; guiño miope que recuerda la montura o la armazón diazmironiana: “Pese a ti, lo real no anda fuera,/ sino en sellos del alma”.

 

Desastres7

¿El costillar de Caín premio nacional de poesía? ¡Uta! Puedo imaginarme a los morábitos jurados tapándose las narices mientras le levantaban la página gargajienta, para de volada limpiarles con pétalo la sinalefa a sus queridillos cagaurrutias deslavados. Obvio el ratonil chisguete de su criterio: no es la de El costillar poesía escrita en el sauna marmóreo de la clase media, sino reto poético concebido desde los cuchitriles, cagandurriales, muladares, covachas: cuartos de azotea del espíritu que se vomita en las inmediaciones del carnaval de podredumbre del capitalismo gandalla cuya modernización de vitrina me la sé de memoria asediada y desmentida hasta por la mugre, las cloacas, las cucarachas y la cárcel.

En ese único sentido, la inmersión de El costillar de Caín en la hibridez cultural de este país es irreversiblemente política. Su plastilina metafórica, que une con algo más que pritt las junturas disímbolas ya previamente aprehendidas en su relación por el espíritu, opone la risotada de los de abajo a la hipocresía criminal de los oligarcas, la rebeldía a la pusilanimidad, el sueño al reloj chocador, el desparpajo al simulacro pulido, la grosería a la cortesía enana, lo cabrón a lo bonito, “afeando con su fuerza su hermosura” (Quevedo). Henos aquí ante el estremecedor mas regocijante espectáculo de un kamikaze sobrevolando la tradición para despedazarla y con sus harapos enarbolar una vivificante subversiva dicción, una entonación que al explorar las inéditas multiplicidades de lo real, supura una fonética radicalmente distinta al tono modosito, mediomediocre y últimamente escolarizado de la poesía mexicana. ¿Y las momias oficiales? ¿Y los artilugios de la Nómina? Baste recordar el papelazo patético que hizo el burocratón Bonifaz Nuño el día que se disfrazó de peladito y desde cualquiera de sus puestos declaró que acababa de abandonar la decencia. Quizá por eso es que se mantuvo en sus cheques y su molde neoclásico indecentes. La vida y los simulacros rimbombantes: dos barrios que el arte auténtico delimita y distingue. El libro de Guillén se abre paso con bisturí en dos o tres síntomas del cuerpo tumefacto de nuestro país, y con un pulso preciso extirpa sobre la plancha todo tejido adiposo, toda abominable retórica subsidiaria del estructuralismo francés y falsa heredera de Lezama Lima. El costillar de Caín, se lo proponga o no, corroe esas premiadas suplantaciones. Es un libro de burlas por su fe quevedesca contemporánea. Si Quevedo se caga en el blasón de los monarcas, Orlando hace lo propio en la infamia del poder de nuestros días. Una y otra vez: obsesivamente, narcisistamente, infantilmente. ¿Duda de su excremento unos segundos? ¡Qué va! Se caga hasta en el extenso linaje de la mierda, para decirlo con un verso-kaopectate de ese de algún modo atroz su Góngora, Mario Santiago. Góngora quiñá, quiñá, acaso, o atrocito de la raya por lo menos. ¿En qué papel higiénico escribió Orlando que la mierda es el producto de la locura de las vísceras? Esta metafisiología es sin embargo mucho más que una coprolalia arbitraria: es una posición frente al mundo. El costillar de Caín es el sitio y la sátira escatológica la manera escogidos por Guillén para verter o evacuar su experiencia de la vida, sobre todo una vez derrumbadas las ilusiones de juventud. El gran teatro del mundo lo ha hechizado, como a Quevedo y a Calderón, y por estirpe, como a Rabelais y a Aristófanes. Similar a sus grandes gratuitos abuelos, se entromete en los pliegues del culo del ángel del lenguaje, aborreciendo lo ladino enemigo del disfrute esencial de estar vivos por la verdad y la belleza: “Tanta mierda como puedan arrempujar miles de mayates iluminados/ y sus descendientes en el tiempo no alcanza para taponearle lo bocón/ a la Usura” (…)

La desembocadura de este libro es asimismo su catástasis: el punto en que el drama deviene tragedia: el enfrentamiento entre Dios y Caín, un golpe inesperado o súbito de escena que saca a flote algo que subyace a lo largo del drenaje textual, recorriéndolo por debajo sin desmayo. Imposible decirlo: “Las zonas oscuras del libro están/ como puede apreciarse a simple vista/ por entre las llamas y los cascos de sangre blanca de los caballos/ manchadas por mierda de persona/ obra/ a juzgar por el ámbar/ de alguna fierecilla domada por la muerte”.

Finalmente, una noticia rápida sobre la naturaleza cósmica del libro desde el punto de vista muñón de la finitud humana, los desastres de la guerra a modo de homenaje vivo a Goya, y el edén subvertido de la metáfora bíblica según la cual a la mujer la saca Dios de la costilla inane de Adán, deben subrayarse. A la mujer la saca Dios desde este libro del costillar de Caín y es, como este antihéroe judaico, una asesina. La inseparable compañera en el recurso renovable y sin esperanza del crimen de la especie.

 

DESASTRES6

 

Cuarto

Joven, ex joven, betabel con ácido úrico en las coyunturas de paso, refugiado de Acayucan en las vecindades pajarracas del aguerrido y proleta DF, antiguo guía de turistas por los congales de la Martín Carrera, autoexiliado al que ya no soportaban ni Bruno Montané ni El Enano Mancera en Barcelona; gran esteta pero asiduo a los banquetes de mierda del Metro Moctezuma, un bardo perennemente detestado por todos los críticos y versificadores yuppies a los que él por su parte ha ridiculizado de una vez o al topón… Un bacilo del Siglo de Oro; un virus que canta en el XXII. Si su rojo demonio arde sin tregua alimentándose en el forcejeo entablado entre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la inteligencia, su ángel negro invariablemente gira sobre el desvarío compacto pero expansivo, dionisiaco pero riguroso, meditado mas impredecible de sus libros. El reconocimiento de un personaje cuya calidad se pretendía ignorar pero que a luz de lampo aquí advertimos, tiene un nombre en la tragedia y en la comedia. Ese reconocimiento se llama agnición.

 

[Ilustraciones: De Los desastres de la guerra/ Goya] •

De «Doce poetas catalanes» [wordpress]

La traducción de poesía catalana de Orlando GuillénSegunda jornada de crítica y recital poético • Llibreria Calders • 30 de junio • Presentación de la segunda edición virtual de «Doce poetas catalanes del siglo XX»  [2019] • Participantes: Moi Rojo (a la guitarra)/ Andreu Subirats/ Sylvia Trinxet/ OG/ Jordi Cornudella/ Enric Casasses  • Tres momentos captados por Immaculada Roca •

Orlando Guillén
Canción catalana de Los Doce que son Quince

[«Doce poetas catalanes del siglo XX»/ segunda edición virtual, 2019/

Una muestra]

la poesia tot just ha començat
i és plena de virtuts inconegudes.

la poesía apenas acaba de comenzar
y está llena de virtudes desconocidas.

Joan Maragall

Joan Vinyoli

vinyventdaram

CON RONCA VOZ

Como que no como para hambre como la que tengo,
como que no aplaco la gran sed que tengo,
como que no sé cambiar mi grito
en especie de vianda,
sufro de hambre y de sed y clamo retorciéndome.

Tiemblo, oscuro, de las raíces a las hojas
y me cubro de añoranza atormentada
y me pierdo espesura adentro del gran bosque
pleno de barrancos

y soy el pavo montés:

me exalto de noche cuando las estrellas vacilan,
con ronca voz anuncio la aurora,
tapándome los ojos, tapándome el grito con las alas,
y me esponjo cuellohinchado y danzo,
hasta eso, sabiendo que me acechan los ojos del cazador.

Josep Carner

corquiet

EL SUEÑO DE LA SEPARACIÓN

—¡Escóndete!—, dijo no sé quién bajo
la umbría densa junto a mí. Pero
igual su voz me parecía conocida

y casi a punto de llorar.

—¿Quién es?— pensé yo. —¿Por qué me pide
que me esconda? ¿Qué hemos hecho? Y pese
a la tiniebla de mi memoria, pecho adentro

me ahogaba el desasosiego.

Vino de lejos una dama desnuda, noble,
y en medio de un gran charco de luz, y dos
rubicundos donceles, cada uno con su antorcha

y ambos a sus órdenes.

Caí en la cuenta entonces que me encontraba,
por completo quizá, escondido en el matorral:
de bruces, como un jabalí herido…

Y a mi costado estaban

(apenas si sobresalían de las matas negras)
dos pies cansados de mujer temblando.
Ya no oía más su voz: oía

como un sollozo de espanto.

Pensé: —Esta mujer, mi vecina,
¿qué quiere ahora con este llanto deshecho?
¿Se escondió para traicionar como una loca

nuestra guarida secreta?

En eso, de golpe, uno de los donceles venía
rodeando las espesas matas,
acercando vengador su bella antorcha

que se agrandaba como un sol.

La reina desnuda ordenó: —¡Sepáralos! —,
y llameaban sus ojos de cielo.
—Da la muerte al delito a luz de antorcha

y al llanto déjale su velo.

Carles Riba

estanzas

Poema 20. Libro segundo de Las estanzas

Amor, me es dulce tu cuerpo cuando está solo
en su goce y en su risa ardiente,
solo en su música, ¡loco instrumento!,
en adormecer las serpientes de frío consuelo
que ahogan en su eco en mí el revuelto
umbral entre mi oído y mi pensamiento;
cuando vence sin alma, polvo divino,
todo muertos y armonía renaciente,

tu cuerpo me es dulce.

Amor, tu cuerpo me es triste cuando recoge
el vago vuelo que ha oscurecido su llanto
una ternura excluida de tu don;
cuando, en el agua de tu ojo donde me miro
un sueño vela, extraño a mi orgullo,
y puedo estrecharte porque no eres yo,
y asomarme a él, ni olvidado ni visto
como un silencio duerme sobre una flor,

tu cuerpo me es triste.

Amor, Amor, ¿dónde quedó la juventud
que nos igualaba la carne y el espíritu
como dos llamas de un mismo deleite?
¡Ah, si el deseo pudiera morir del beso
o el Amor fuera un dios que no envidiase
la poca de piedad no avasallada
en los dulces tumultos de su favor
ni en el triste halago a su olvido,

Amor, Amor!

Esa tácita poca de humana piedad
para la mutua sed de los cuerpos desnudos
y el placer que pasa por ellos como un rey intruso,
exultante de lo que ha rapiñado
y abandonándolos en mayor necesidad.
¡Cuerpo que has sido feliz del jubiloso abuso!,
guarda el sueño, como una sombra un fuego;
para volar lejos de los destinos seguros
es triste —y es poco.

latraducción

Joan Salvat-Papasseit

Salvat-Papasseit-Joan-El-poema-de-la-rosa-als-llavis

LA CARNE ENCIENDE LA CARNE

¡La carne enciende la carne
el vino enciende la sangre
—como segura es
la sombra del Islam!

A la sombra mate de mi ciruelar
mi amiga me lava y me besa los pies.
Aceite de almendra

aceite de raíces

—nacían alas en mis tobillos.
Mi amada me estrecha contra su hermosura.

Ánfora llena
del vino más claro,
del vino más negro
que ya fermentó.

Ningún labio quema como los rojos
labios de mi amada cuando besa.
Tan fina es Ella que me dicta el verso.
—Levanto sus hombros y su cuello tenso
como una ciruela que ahora cayese.

Se oye la música
de cien laúdes,
clara y divina
bajo sus bucles.

Tierra de Arabia, tierra corcel
de brida deshecha y altas crines.
El sol te persigue; mi amor mucho más.
Amiga, amiga, no descansemos
—un mechón mi vida en tu cabello.

Bella es la luna
que llena salía:
al lado tuyo
apenas lo sería.

Copa derramada, vaso ardiente
como la plegaria de Mohamed
mi amada cuando el placer la enciende
bajo las tiendas de mi ciruelar.
—Y su sonrisa, temblor de estrella.

Bóvedas de mármol
sus dos pechos,
blanca mezquita
de mi deleite.

Maria-Antònia Salvà

espigues

OCASO EN LAS CUMBRES

El invierno domina y el día es breve,
y están las sierras blancas de nieve.
Sobre el azur blanquea la nieve,
alta y callada de un sueño puro.
De íntimo consuelo tiembla la nieve:
tan fría ella, y sueña la nieve al sol.

Y el sol la envuelve, ya moridor,
de una mirada que es toda dulzor.
Y la nieve, blanca de sentimiento,
colorada se pone de sol poniente…
Reina un silencio sin respiro,
alto, inefable, como un suspiro.

La nieve apaga su bermellón.
A la mar honda el sol ábrese paso,
y en la tranquila hora de ocaso
se funde el rastro de aquel amor.

J. V. Foix

croniques-de-lultrasonlestacio

Poema I de Crónicas del ultrasueño

Jugaba con los míos a un juego de mesa casi imaginario cuando entró la sirvienta, trastornada y toda temblorosa, y dijo: «Acaba de llegar una señora, ni vieja ni joven, que pregunta por un tal J. V. F.». Al oírme nombrado me levanto de prisa y voy a la puerta del recibidor. Sí. Allí estaba una dama, ya a primera vista extraordinaria, la cual, moviendo los ojos como quien esparce hierba tierna, saludándome con la cabeza y cerciorándose de mi nombre, me da un ramo de flores. Habla, con la voz de un viejo gramófono, y me dice: «Seguidme». Así de pronto no sabía qué hacer. Pero me decidí por la aventura.
Bajamos en el ascensor y la dama me señala con la mano la dirección que había que seguir. Al doblar la esquina yo le quería decir cuatro palabras, pero ella con dos dedos sobre los labios me dio a entender que más valía que callase.
Oscurecía, y, viéndola desde atrás, la dama me parecía un personaje venido de ajenos parajes. Sin tiempo a darme cuenta, desaparece por una calle muerta del barrio antiguo y reaparece ante mí con un ramo de flores idéntico al que me había dado en casa. Ya de noche la dama se perdió por complicados callejones, y yo, maravillado, volví a casa con los míos. Les conté lo que había pasado y cada uno dio su parecer. En la cama, me fue difícil conciliar el sueño.
Al día siguiente, casi perdido su recuerdo, me la encuentro al pie del ascensor con otro ramo de flores. Le pude ver los ojos que eran del color del pámpano otoñal. Me indicó que la siguiese como el día anterior y me llevó hasta una ancha avenida llena de transeúntes que ignoraban el suceso que estaba aconteciendo. Agarramos por una de las calles adyacentes por la que poca gente transitaba y, sin decirme nada, volvió a darme un ramo de flores. Sus ojos eran del color del mar a sol naciente. Me pidió que la siguiera, no del todo amorosamente pero sí con una cierta indulgencia. Me hizo salir a las afueras de la ciudad. Y atravesamos valles y valles, y torrentes, como si fuésemos alados. Llegamos lejos. Reconocí la sierra de Busa y, siempre sin decirme nada, bajamos al río y recorrimos sus fuentes. No me dio ningún ramo de flores.
Callaba. Yo intentaba hablar, pero ella ostensiblemente evitaba que le dirigiese palabra alguna. A nuestra llegada a las fuentes de aquel río, la dama había cambiado otra vez el color de sus ojos, pero seguía con la misma túnica blanca que le llegaba a los pies.
En eso salieron de un bosque sombrío docenas de muchachas de túnica blanca y ojos cambiantes. Iba a preguntarle a mi acompañante si estábamos en el reino de las hadas. La dama había desaparecido junto con las demás.
Me quedé solitario y desorientado. Descubrí un caminito que llevaba al camino real; lo seguí anhelosamente y me encontré de nuevo a la entrada de la ciudad. Había un gran revuelo; la gente comentaba: «¡Ha desaparecido! ¡Ha desaparecido!».
Tuve como una especie de miedo. ¿Era un buen augurio o era un mal augurio? ¿Quién era la dama que me llevaba flores y me señalaba los caminos en silencio?
Volví a casa preocupado. En el portal de allá donde yo vivo había miles de flores refulgentes de rocío. Alta, bien plantada y casi fulgurante, la dama estaba allí mirándome fijamente, los ojos de un verde absoluto.

Pere Quart

vacances

SABIOS, POETAS, HOMBRES FELICES,
MUJERES DEL PUEBLO MALCOMIDAS

Los sabios,
cazadores y cocineros de ideas muertas,
enrollan y desenrollan
la madeja de sus filosofías,
y algunos tímidamente pretenden guiarnos
por laberintos de corcho
con el cencerro de sus palabras embaucadoras.
Pero no saben nada de nada.

Mientras tanto los poetas,
aerófagos curiosos,
se han sacado del magín los dioses y las diosas,
los santos, los paraísos
y sus ángeles, el infierno y sus demonios;
han inventado las hadas y las brujas,
las madres, las amadas. Y las patrias.

Pero ahora ya están cansados y tristes.
Por eso ya no osan
—sin una máscara—
obsequiarnos aquello que corrigen
oscuramente insomnes.

Con todo, hay hombres
felices y orgullosos.
Les es preciso creer en su fe.
Manotean, discursean
y blanden cruces, espadas, banderas,
o las adoran y las temen.

¡Porque hay que vivir, muchacha, qué de qué!,
y mantener las cosas y las casas
en orden y buen estado
(¿y la familia? Bien, ¡gracias!);
ordeñar la vaca y digerir la oca,
y encima prosperar
e impulsar el mundo de los hallazgos
y las satisfacciones del día;
y torear los estragos y las enfermedades
que la madre Naturaleza nos suministra.
Pero sobre todo, señoras y señores,
pensar confusamente —¡y predicarlo! —
que la muerte del pobre es un renacimiento
directo a un nivel de vida máximo.

Los hombres orgullosos y felices
dan leyes a la fe y a la miseria
(de los demás);
verifican las penas y fatigas
(de los demás, incontables);
planean y celebran o estructuran
congresos, sínodos, anónimas,
sindicatos, presidios,
olimpiadas, guerras
(siempre para los demás).

Pero los poetas —como he dicho— languidecen
vagarosos y arrepentidos de los sueños,
la novela, los cuentos
con que nutrían
a sus hermanos de leche agria.
Ahora, miran y callan los poetas.

Pero los sabios,
recluidos en sus tumbas provisorias,
cuidan de preparar nuevas madejas
para su enredo subsecuente
(los sabios son grises, son módicos,
¡hijos míos!, y admirables).

Naturalmente los poetas
y las mujeres del pueblo malcomidas
—eso lo diré sin ironía—
parece como si de noche oyesen
un bramido imposible, subterráneo;
y otras veces creen que llega a ellos
el reclamo de un pajarote anónimo
que vuela quién sabe dónde,
más allá de la última galaxia. «Son
nervios, son nervios», piensan los poetas,
y sonríen incómodos, equívocos
mientras se hurgan la oreja con dedo convulso

(Alma mía, alguna cosa hay,
algún secreto).

Agustí Bartra

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QUETZALCÓATL
[Fragmento]

—Se calmaban las aguas bajo el árbol de un cielo
de rodantes estrellas y estupor de cometas,
y en auroras circulares lentamente comenzaba
la ascensión de las cimas…

En silencio afloraban los nacimientos de roca:
corolas de martirios y hocicos de cetáceos,
ojos de cataclismos, futuras latitudes
de ventisqueros y águilas.

De pie y envueltos en claras lejanías,
los vientos esperaban en los cuatro horizontes;
sus claros ojos reflejaban lejanos resplandores
de hielos boreales.

Las mareas dormían ausencias de luna,
y en la vasta llanura de sargazos inmóviles
las bonanzas azules avanzaban con rojos
cayados de coral.

Salvador Espriu

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Poema I de Final del laberinto

De lento dolor deviene sueño oscuro
aquella luz de los altísimos palacios. Y el tiempo
la esparce por el recuerdo, flor deshecha ya
entre los dedos ásperos de lluvia de mi invierno extremo.
Miro la noche entera y percibo el corazón
vastísimo de la tierra, el maternal respiro
fangoso que guarda al trigo por venir.
Mañana llegarán horas tranquilas:
amplias alas abiertas de los pájaros
traerán al campo las grandes calmas del verano.
Tal vez haya un buen mazo de árboles piadosos
de sombras extendidas sobre secos caminos.
Pero yo que conocía el canto secreto del agua,
las alabanzas del fuego, de la tierra labrantía y del viento,
me veo metido en oscura prisión:
descendí por escalones de piedra
a este cerrado recinto de lisas paredes
y avanzo solo al espanto del largo grito
que retumbaba entre las bóvedas mi nombre.

Clementina Arderiu

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“¿QUÉ TE TURBA…?”

¿Qué te turba que tiemblas como una brizna,
oh alma mezquina?
¿Cómo es que has perdido tu clara risa de ayer,
tú que te jactabas de seguir la fina
ley de gobierno que nos lleva a juzgar
vanas las luchas del estado futuro?
¿Quién interrumpió esta bella, aunque
insegura, trenza de tu vivir oscuro?

—¡Tus burlas confunden mi orgullo,
oh mi viejo Juicio amigo! Pero
revelado me ha sido lo que ni tú sabías:
bandada de cosa nueva son los días
por ser, y demoledores del bien antiguo
—¿quién su loca carrera vencería?
Así, de lo que ayer me fuera caro
hoy estoy tan alejada que me ensucia
hasta el recuerdo de mi camino pasado.

Duro es este hoy, porque olvidando la clara
alegría de vivir que en el momento ríe, clavo
pensativa todavía los ojos en aquel horizonte,
para divisar su lejano paraje sombrío.

Porque me es lejano, y amado, y sombrío,
estoy toda temblorosa como una brizna.

Guerau de Liost

ciutatguerau

PATERNIDAD

Con un niño dispuesto a cada lado
duerme mi mujer, que no me siente entrar.
Duerme en el viejo lecho familiar. Y yo la miro
sonriendo apenas, y fatigado de escribir.
Ella está en medio como alta cumbre,
dulce elevación de suaves regiones,
y como un árbol su caída de brazos
guarece a cada niño de su propio temblor.

Yace a la derecha, soñando a ratos, gordo
y semidesnudo el niño de tres años. Como si
estuviera listo para echar a correr, pisa
los pliegues del doblez que le estorbaban.
Yace de costado resguardando la cabeza
—la gran cabeza pesada de cabellos—
tras el brazo donde brilla el codo
con aire nobilísimo de acometer.

Yace a la izquierda, saciado, otro
niño pequeño, de muy pocos meses;
boquiabierto, deja huir el pecho
que se derrama todavía, ocioso y pródigo.
A los tres los beso y a hurtadillas paso
y de paso miro aquel esplendor
como el campesino que admira su cosecha
y da gracias a Dios que es abundante.

Joan Brossa

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ANACREÓNTICA

Despiertan mis oídos notas altas.
Acaba como debe ser. Terminada está su labranza.
Orugas no aparecen en las palmas
Este anochecer.

Ni rastro de ella. Habré domado esa ola.
Ya se van disipando las sombras de las nieblas.
La luna entre sus llamas
Abre la plata.

Vida, mi vida, tú no olvidas,
En mitad del corazón eres flecha que me agrada;
Era que carcomían piedras, parece,
Aquellas aguas.

Una vez más: la vida continúa;
Me regalan libertad valles y florestas:
Igual después me crecen cabello y uña:
Igual que los árboles.

Tira hacia delante. Los camiones que pasan.
El mundo es la sustancia. A la izquierda.
Estoy perfectamente bien en la bañera.
Dobla a la izquierda.

Quiero llevar el nombre del sátiro y del fauno.
Que los pájaros aceleren el vuelo.
Y ya la madeja en torno a las agujas
Ligo con firmeza.

Escudo me alarga el sol a lengüetazos.
Quiero cargar mi agua de plantas,
Porque si sigo mi camino en silencio,
Muero del remedio.

Úntame la barba de frutos. Formas, estas:
De medio cuerpo para arriba, de medio cuerpo, forma
Humana; y para abajo, forma de cabra.
¡Úntame la barba!

Gabriel Ferrater

ferrater2

LAS GENERACIONES

La muchacha que me corta los cien gramos de mantequilla
(graciosa y humilde, sonríe menudito, como que es de buena
pasta, pero de treinta años y todavía soltera) comenta
con su amiga de carne opulenta que escoge tomates
lo que ha engordado Ramona.
“A lo mejor peso más yo,
pero es de siempre; no sé cómo decírtelo; ni me lo noto.
A ella, ayer la vi de espaldas; no me lo podía creer.
De embarazada yo aumenté diecisiete kilos;
ella casi nada”.
“No; no la recuerdas bien: estaba bastante gorda,
pero tiene mucha cadera y no daba la impresión”.
Treinta años
que ellas se conocen los cuerpos, y los olvidan un poco:
los pesos, medidas y cogidas de una y de otra
y de Ramona y veinte amigas más (las luces de la escuela
de invierno, color de arena muerta. La arena y el viento
que les liman las mejillas: corren, se calientan el pecho
oprimiendo con fuerza sus panes redondos. La arena echada
sobre los atardeceres de domingo, el mareo de las voces
groseras de los muchachos, que huyen y vuelven y sofocan,
y es obligado que las muchachas rían con ellos
sin dulzura ni reposo).
Afuera, en la playa,
arde el último sol de octubre. La magnífica mujer,
inacabablemente desnuda de vientre y de espalda,
la larga holandesa que ni uno de nosotros olvida
por muchos instantes seguidos (¿cuántas semanas
hace ya?), revuelca por la playa a su hijo, el cachorro
azul y rubio como la mar y la playa. Cinco niñas
a quienes la mar y la playa han vuelto en pocos años morenas
cerradas, y cuyas madres visten (calcetines y zapatos)
más de lo que a mí, viejo, me hace falta, a nosotros los
ociosos de la vieja cultura cerrada —cinco niñas
hacen ronda alrededor del cachorro, y la mujer, que ríe
y les muestra la carne más tierna. Las niñas se empujan
y dos o tres manos se alargan y palpan,
sobornadas, la cosa más frágil, la cosa que se encierra
en un grosor de quince años por venir. Ese momento
(sólo yo lo espío) les va haciendo más usual y más cierto
el reclamo. Niños, todos los días se ven. Un nuevo niño confiado
(como los días, los brazos de los hombres no son nunca
distintos) nutre la juiciosa actitud que habrán de compartir
mujeres amigas de siempre, en un pueblo cerrado,
que hablan de los cuerpos de una y de otra, visten
a las hijas igual, y todo lo recuerdan y lo olvidan juntas.

Vicent Andrés Estellés

estellcompleta

Soneto 27 de La gran quemazón de los rastrojos

Bodega sería demasiado, y no ya por
aquel prestigio que el turismo otorga:
tienda nomás, definitivamente,
sofocante y de cristales sucios.

Aquellos domingos de ambiente espeso
y ojos miserables y purulentos, ojos
como cabezas de aguja, el grosero vino
densísimo, un sudor de camisetas

de algodón que dejan briznas en el ombligo.
Rembrandt habría podido, de haberlo
conocido, perpetuar o inmortalizar esto,

o Salvador Espriu si quisiera.
Y más mezquino que los miserables ojos,
aquel que llaman el mosquito de tienda.

Rosa Leveroni

rosaleve

ELEGÍAS DE LOS DÍAS OSCUROS
[Dos fragmentos]

II

Este lento recordar, como de meandro
de ancho río perezoso. Este revivir
bajo el cielo conocido el paso de las nubes
de otro cielo que me fue más caro. Este rosario
de perfumes y sonidos y de roces de ala
señalando mis días con la secreta
claridad de los oráculos que predecían
abierto el mar (el puerto, como un misterio,
permanecía inabordado; en sus brazos
mi reserva de olvido y agua mansa).
Este vivir el hoy como reflejos
de un ayer venturoso cuyo signo fueran
una flor pueril, una pizca de luna,
el canto de un ruiseñor que conjugaba
en su leve campana todo su sueño…
El camino de la muerte, ¿podría ser
este lento recordar como de meandro
de ancho río perezoso?

III

Desmayo de anochecer sobre el agua
dormida del puerto. Las nubes grises
abandonaban la tristeza de sentirse
huérfanas de su rosado botín de ocaso,
sobre el espejo opaco. El ala del sueño
surcaba las trabajadas cubiertas
de un íntimo cansancio. Ya ninguna bandera
ornaba los masteleros y la chatarra
de los botes abandonados eran la muda
llamada de la desesperación. Nuestros pasos
resonaban por el muelle y las palabras
eran el lento suspiro de la nostalgia
de un viaje nunca hecho… Ah, las inútiles
velas del deseo muerto, ¿cómo desplegarlas
al viento que no vendrá para llevarnos
al goce del mar abierto, a la alegría
de las olas batientes, pues los brazos ávidos
de este puerto desolado nos retenían?

Joan Vinyoli

domini

DOMINIO MÁGICO

Despuntan gritos de hojas en los árboles,
desgarra un vuelo de grifos la caída de la tarde
y la montaña, en azul recogimiento
crepuscular, lleva en el regazo humilde
un delantal de trigos todavía tiernos.
Me alejo de los embrujos del poniente,
esparzo las pesadumbres y las cenizas
y de la vieja madeja corto el hilo.
Pastan por la noche rocas y cabras,
el río encendido se precipita al mar,
el espacio bermejo se cubre de relámpagos como sables;
dominio mágico, reino sublunar.

Maria-Antònia Salvà

mariantònia

BIENAMADA POESÍA

Bienamada poesía,
obsequiosa a mi suspiro:
¿por qué cambiando tu giro
pájaro eres que huiría?

Juventud desfallecía;
por ti volvió a revivir.
¡Quédate por cortesía!
Sé mi dulce compañía
hasta la hora del morir.

BEN AMADA POESIA

Ben amada poesia,
amatent a mon sospir:
¿per què avui, mudant de via,
ets aucell que vol fugir?

Jovenesa s’esvaïa,
i per tu va reflorir.
Queda’t, doncs, per cortesia;
vull ta dolça companyia
fins a l’hora del morir.

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[Barcelona, junio 30, 2019.
Leído por el traductor y otros compinches poéticos. Llibreria Calders] •

https://docepoetascat.wordpress.com/

De «Pucupucu» • Orlando Guillén

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De «Pucupucu» • Orlando Guillén
[Inédito / Una unidad de sentido]

[Imágenes/ Cuadros de Helga Krebs]

 

 

SE MAMÓ EL PUTA BECERRO HALLAO EN UN BIBERÓN

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El día © que Karlos Marx cumplió 200 años
Dios que lo había leído jugando con él al escondite
cumplía 14 de omnisciencia social y no existía por hectáreas siderales
porque era muchacha desconsiderada y onerosa en presencia y en figura y porque
decidió al vuelo crear otro más avaro y mandar este universo calzao
de astronautas a freír espárragos arábigos en la aceitosa sustancia crapulosa de

de pretendidos semejantes (“¡Pero cómo! ¡Pero cómo!
¡Cagones! ¡Igualaos…! Como si Ella des

cendiera del mono Cotiledón” dijo El Charlas Darwin des
cendiendo
—porque subir le quedaba largo y metafísico— analógico
del tronco de la escalera de servicio a cumplir
un palestino menos
2 judíos digitales) ah sí pero no en lo eterno
a la sazón efímero el propósito y

y la edad de la muerte. Qué es un universo más o menos
para Quien existe y no existe siderando con o sin al mismo tiempo trebejos
de pensar https://www.youtube.com/watch?v=UbRyAzjkvBc y sentir.
Por sentimiento
enlace que con el paso de los siglos queda viejo por

por distracción
por pasatiempo 2 cabezas degolladas
por parteaguas ambiguo o pensamiento repentista
no. Hasta el culo negro brilloso de nosotros los pobres de ustedes los ricos y
de Su propia indolencia cómo no y de los justos asustaos debajo de sus faldas
enrocaos cuícatl y cuícatl serpenteando alaos y

y de todo y de nada
de pronto se miraba la uña a los
Espejos Reactores y
fue por esto que cogió las cerillas de la Noche vieja y

y kilauea era al momento una mesita para sentarse encorvada
Lemúrica
Ella no la Noche

 

cortó leña de estrellas caducadas de verdor sentada y cookies
contra el mostrador de una espalda de poros metatoide
doblada por el peso de
Dios
cuando vivía en la mente de
La Mente La rayó de un rayo verdeorlando
tomó masa demente de la materia láser y echó la tortilla
de entre sus manos tal como le salió magnética toda chiribeca al
Fuego Verdadero
sin hollejo de sabidurías sortilegio tatemao

de día nuevo el derecho de nacer.
De tanto fuego que no hace llama a la sombra de los comales
esto que te digo a coro cuentan a viva voz de abanico los anafres a los fogones:
uno puro espacio sin humanidad entre los seres impensables
ni sangre de pensamiento puro
o anécdota en el dorso o el envés sin tiempo puro o si se quiere
sin historia

ni cuerpo más que vida ni dinero
surgió.

Era alba en tubo de puticlub el anillo absoluto digital sin dedo.

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Cero bolita.
Sin muerte ni dolor ni tiempo diríamoslo no ser ni nada pura ni lenguaje
pero a sus Ojos era puro pinche
Espíritu chingón de muchacha materialista arrecha
que sabía y le bastaba lo que llevaba entre las piernas ortodoxo
y lo guardaba preso y prisa no tenía al unánime humedecer

impalpable de Autonomías
Diestras en masturbarle ex æquo los falos infinitos
—las yemas de mis güevos en Sus manos claras.

Se trataba
creo yo de no existir más
de lo que existe la maldad o lo canalla en los Cojones Colgantes
a secas en las muchas nadas mudas del armario de
La Muchacha de la Nada Toda y
verle nacer entre las piernas de corbeta la cabeza
de marfiles cósmica novata hendiendo aguas de lavas jorobadas
a su avance también ellas nacientes sería un gusto
de aquellos que rompen aguas si yo pudiera orgasmizarme especulándolo
—catastrófica lengua poética de fuera de los muertos por Arte De

De Pistola de Aguas. Universo caporal celeste de los ganaos perdidos me diría
que vienen ¡arre! y ¡arre! pariéndose los mutuos uno a otro y a chicheevaca
mamando el puta becerro bebecito ni para bien ni para mal parásito

de sí ni depredador
de lo que ya estando allí cuando mi tocaya humilde Poesía llegó progenitando
ser humano la verdad nunca fue suyo y Carlos Martínez Rivas
de qué coño iba a quejar si se acababa como vino por designio de Coño
que no conocemos y por obra no de Dueña caprichosa sí por principio de Misterio
y suministros duende de Arbitrio ajeno a todo alcance cuántico
salvo el Suyo al parir en paquete incertidumbre duende de guitarra o dejar de hacerlo

gotera de designio cruento que ni puro ni impuro era
increao sí o sí entre tanto paridero y

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y por eso cuando Ella quería creable como Ella a sí mateixa.
«Mixi mioxi y te hago plox»
loliteó Nabucodonosorokov o kosvski rascándose para arrancarse las zarpas
de los leones rusos de las leonas chinas la panza del revés
los pies de trapo o nomás la camisa de las tripas de fuera gringonorcoreanas.

Menstruaba El Káiser
Rectorando por el culo filosófono el colocón de verga óntica intemporal
de que fuera diana la niña de sus ojos
matones en otro universo multidimensional todavía campus santo

universal pensadora
de la mentira de pensar y no sentir y de ser e ir tirando
al blanco y negro lingüístico primordial. Cada
universo es un mundo según quién
y cada tros de quòniam.

Universo matria
ideal para hacer del bien y del mal la revolución multinacional del mar
el amor y la montaña congelada de las aguas termales y

y no la guerra de Los Dígitos (¡Cuidao con la Cartera ©!)
y cagar sin mear. Centellas de sal
para pensar algoritmos 2 de bastos donde el asesino olvidó el móvil y
hacer fortuna kapital con la caída del imperio y

y para sentir maceta la primavera de
Berlín en la Amazonia montao el bonsai florido
en el número primo génito no había que ir muy lejos
porque tot universo inserso es inmerso logaritmo en las almadas dimensiones
neperianas de lo abstracto https://www.youtube.com/watch?v=xHX5nGzNFVI
pero

inverso a lo concreto siempre queda a la mano
de quienes hablan en verso y nada saben de poesía peluda o de ancas
no escandidas a partir de la cadera de la Muchacha.
Yo sí. Lo último

 

que se oyó fue relinchar
a los unicornios despavoridos. Y aquí la dejamos por hoy.
Mañana será hoy
o no será nunca más mi anoche ser ni tiempo al amor
encendido de este scherzo
Pucupucu

https://www.youtube.com/watch?v=fjgBara7N88&index=28&list=RDuWGQ3O3aPJ8

Una miradura de autor a mi obra negra [2016]

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En la plaza Allada-Vermell de Barcelona en 2006. Maratón bilingüe de lectura de «Doce poetas catalanes del siglo XX» • Buena ilustración para esta entrevista de 10 años después •

«La poesía es vida, y vida y muerte comparten
la entrepierna mutua de engendrarse»: Orlando Guillén

José Antonio Flores Vargas

«Fíjate de cuál vino beben los locos» es el primer verso de un poema de Orlando Guillén [Acayucan, 1945] que Palabras Claras tuvo la primicia de escuchar en forma de canción a ritmo de rock. A partir de ahí surge la urgente curiosidad de conocer la obra de este gran poeta veracruzano que vive en Barcelona su peculiar destierro voluntario. En esa poesía (musicalizada), escrita en su juventud, Guillén auguró la situación actual de México (y, claro, de Veracruz), donde los jinetes del Apocalipsis parecen haberse enseñoreado.

Buscamos la obra de Orlando Guillén en librerías y bibliotecas de Xalapa y Veracruz, y sólo encontramos dos o tres textos que indican la poca difusión que ha tenido en su propio estado natal —y en su país, hay que decirlo. Cuestión comprensible (no justificable) si consideramos el estilo transgresor del poeta que se percibe en todas sus líneas y mueve conciencias y subconciencias, y los caminos paralelos que siguen la persecución política y la envidia.

Insistiendo en la búsqueda de su poesía y su persona lo localizamos en Barcelona y contactamos con él vía correo electrónico. En ese primer contacto prácticamente rechazó cualquier intento de entrevista. Tras algunos correos más, accedió a ella, no sin antes aclararnos que no permitiría ningún tipo de censura. «Le entro, pues, pero no cambies comas, palabras, ¡nada!», nos dijo tajante, y poco tiempo más tarde contestó por escrito nuestras preguntas.

Después de leer Tururúctuc y El Viejo del Amor (cuyos archivos nos hizo llegar gentilmente), de llenarnos de sabiduría y de asombro y de pasar de la reflexión a la risa gracias a la densidad dúctil de su lenguaje [menguaje lo llama él], reconocemos que México tiene en España un poeta enorme, que habla lo que los mexicanos y veracruzanos prefieren callar y que nos susurra con sus versos el amor que le guarda a su tierra y a sus paisanos.

Podemos decir que Orlando Guillén es un poeta de intensidades maldita y bendita al mismo tiempo, oculto y brillante, que puede hacernos vivir la muerte y conocer la muerte en vida.

He aquí las respuestas —sin censura, naturalmente—, a las preguntas que le enviamos a este gran poeta veracruzano:

De los poetas en lengua española, menciona tres primeros que prefieras.

Antes que ninguno el anónimo de las canciones del Romancero —fuente o proceder del canto de la lengua: el pueblo cántaro cantante, el espíritu poeta del pueblo que entre ritmos latinos, gene gutural ibérico inflecto y sonoras sazones de nación en el tiempo la inventó llana pero vestida y alborotada, y enseguida la revistió virtuosa la musa moza árabe: mimbreando y desmimbreando oscuridad de sintaxis y ocasión de sonido en todos los sentidos sensorios sentimentáridos del pensamiento en verso y prosa naturales, y eso los dos: el pueblo y la moza… Entre los que firman impertérritos de risa de caballo lo oscuro, Quevedo. A trote de centauro y cascos de nenúfar —breves del triunfo de la vida amorosa que se da de bosque la muerte—, Rubén Darío. Es, además, de la lengua, el alto, hondo y desgarrado muñón injerto, ¿cítara pero contrabajo de todos los registros?, que pueda músico tañerse —de oro de lago y mar en la frente de la luz desolado de alma oscura, conciente trágico y enamorado sentimental profundo… Lo demás, Díaz Mirón abajo «un vil zopilote resbala», ya es estricta poesía contemporánea, «tendida e inmóvil el ala»; de ahora poco, vaya; sin el pacto semillar de la pátina, resbala tiempo de los espacios…

¿Cómo sientes que ha evolucionado tu poesía desde «En busca del lenguaje marabusino» hasta «Tururúctuc»?

Menguaje, no ‘lenguaje’… Te lo digo porque te corregí y te corrijo: «En busca del menguaje marabusino» no es un libro, un canto; pero no importa: es una sección o ciclo de «Versario pirata», o sea: poesía de juventud. Tu pregunta abarca de entonces a la fecha y eso es una vida; no veo por qué limitar en «Tururúctuc» una evolución poética inquirida en clave de fa y fe de vida —en todo caso, mi último libro publicado es «El Viejo del Amor» y no «Tururúctuc»—; y sí veo por qué recomenzar por el principio de desasosiego, descarpado del otro principio precipitado al depósito de las adolescencias lampiñas. En esto, eso no más… «Menguaje» es palabra que alude a la incapacidad que se siente del lenguaje natural para expresar en poema el suceso espiritual de la poesía con equivalencia verbal absoluta a la cosa; alude a la palidez menguante objetual del poema escrito frente a su origen vivencial espiritual —sonoro como fracaso… Está bien tener de estos fracasos, pienso ahora, no entonces porque entonces no los tenía. Me recuerda algo similar a esta idea inapelada el ‘concepto’ «correlativo objetivo verbal», que de las praderas sombreadas de Hölderlin me parece abstrajo a la poesía catalana Riba, donde popoca y mengua, y del cual tuve conocimiento mucho tiempo después. Es abstractonita trágica, como todo lo que no tiene remedio. Dejémoslo ahí… «Marabusino» es adjetivo por dentro a lo expresivo menguante sustantivo. Viene de mar amarga, y de ‘mara’ (¿en arameo…?): amarga, y de Mara, y apocopa maravilla gambusina como Mara apocopa Mariana, maravilla amarga. Así lo que busca el viejo que fui de joven y encontrará quizá el joven que seré de viejo es única ella la palabra entendida herramienta encantada y en espíritu encarnada a maravilla —que igual se quedará vieja de oro ante el hecho poético experiencial del espíritu, único también, pero será pura y brillará pertinente en el canto rotundo de la especie, en la canción de lo humano, o… pura y todo, valdrá para un puro y celestial carajo, y a todo tiempo te la estás jugando… Desde la mirada del estilo y del pistilo a la flor es asunto de estilo en solitario, y se cimbra corola y estambre de forma desde la mirada nomás del pistilo. Es por tanto alcanzable en la medida de una entrega de vida de una persona artista que sabe, porque sí, porque lo hace, nacer y retoñar; este largo lapso experimental agota la fe de juventud y se encanta de que se desencanta en «Rey de bastos», «El costillar de Caín» y «Tiempal» —poema que cercena las patas de esta andanza… Atañe a la forma sabroso y así queda suscrito, pero la forma no es separable del contenido. Y el contenido, su mutuo, es la vida, el tiempo, el sueño, el amor y la muerte de lo cósmico y humano en la verdad y la belleza de lo que existe y es palpable, y de lo que existe y no lo es pero es («¡Contundente!» —dijo puño convencido en alto el profe Oliverto convincente) la vida del espíritu —inseparable de la temporalidad del sujeto artista que la deja en obra palpable y pasa por los escombros de su propia temporalidad…; y es esa toda la gracia de la ‘originalidad’ humana de menguante maravilla ser poeta oriundo… Este lapso experimentado en la Realidad no menos inseparable —bella si cabe más—, compacta criba acribillada chorreante: es toda una época funesta, viscosa, sangradora a púa, criminal enamorada del dinero del amor, y lueñe del amor en caballejo andante que carga a los muertos, pero de él también como su parte que ama si es que odia; o sea, ‘contexto’ contemporáneo: sigilosa atrocidad de ser humano entre seres humanos, sangrantes cuando no sangrientos, civiles paramilitares o en plena guerra las cabezas cortadas en sal de salariato… Todo esto es racimo relacional perecedero (sin luz ya en el refrigerador el trafique de órganos y la cámara de los genocidios de todos modos apestosa), como todo lo demás que me callo o digo —y de tanto en tanto hasta mártir. De allí que este lapso vaya de lo lírico a lo dramático-lírico, regrese a lo lírico en canto de infancia («El ansia de la pandorga») y pase al relato y la novela líricos enfrentando tiempos y diversidades magasmegas de lo humano en canto desarrugado como maga pasada por las varitas de los magos hostiles a partir de «Funda sobaquera», «Tururúctuc», «El Viejo del Amor», y en La Mina que estoy en ejercicio vacilando en Lámina.

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Uno de tus temas recurrentes es la muerte; de eso, ¿qué nos puedes decir?

Que no es un tema recurrente sino una recurrencia. Una constante no más alargada que la sombra del amor o el canto a tamaño natural de la Mujer Tamaña. Esas cosas están ahí. Son cosmos. Es normal aparente lo aparente anormal: la poesía es vida, y vida y muerte comparten la entrepierna mutua de engendrarse. De hecho, igual que mi infancia que sólo una vez ha sido sustancia específica de canto [«El ansia de la pandorga»], sólo una vez lo ha sido la muerte entre mis versos —pero no es de ñapa simultánime ser allí un tema de vida que, antes de un nacimiento entre mis nacimientos: el de mi hijo, escribo para recibirlo; quiero decir «Un muerto rema rayo abajo», que todavía es cosa de juventud… Mi poesía es sombría porque la humanidad y la mía que canta lo son, y así la recurrencia de la muerte más bien es pura realidad minúscula, a lo mejor teatrio de masas en la recámara de los sesos.

¿Tu poesía te llevó a España, o tú la llevaste a la península?

Qué vas a llevar o a traer tú… La poesía ya está ahí por designio cósmico. Porque el cosmos mismo ya estaba ahí cuando llegamos a él poetas y sastres y los amantes desbalagaos que buscaban güevo y güeva en caguamón y en caguamilla. Vivo mortal e inmortal, ya estaba ahí. Como aquí en la zona meso de América: la entidad olmeca lo supo a lo largo de su tiempo [y así lo expresan parlanchinas calladas, enloquecidas de gusto a lo pétreo sus monumentales cabezas vivas], y así en todo lugar cosmos es lugar y es lo mismo. Es el misterio original el origen poético del estar sin circunstancia; e igualita que el cosmos en su estar, no tiene origen alguno que podamos alcanzar mortales la poesía; allí por donde nos movemos, ya estaba ella allí…; y hasta eso de que ‘nos movemos’ en ombligo de muchacha acota: sólo a veces, cuando más ciegos y sordos de ver y oír sin entender cantamos o callamos de lo iguales… Hablemos realmente del planeta Real y nos quedamos egochiquitos en placenta de cómica. Las patrias son incidentes jurídicos fictos geopolíticos en el tiempo solar militares, muy posteriores a la poesía, que ya estaba entera en las tierras esas que hoy las limitan a misil y otras gracias misantrópicas o las muran y minan; en la vida homínida propiamente, abundante y preciosa en todas las lenguas y también endenantes que ellas; y esto es así naturalmente en el dron Iberia que en Acayucan. Tres o cuatro lenguas por cierto se hablaban en mis días de niño y creo que todas hoy conservan usuario menos yo en la miniurbe —asoleándose ella en hamaca de las que hacen los presos entreverando verdes y rojos rojizos—, del sur y aledaños, y me las llevaré conmigo al otro barrio de recuerdo: miniurbe de lo verde vieja alegórica, avara y tan a lo suyo en rojos de la tarde permisoria tanto hasta los ocres amarillos que ella misma le barniza los rayos. Traje mi poesía o vino conmigo, sí, porque va de capa de hule conmigo —pero había ojos avizores poéticos que ya la conocían de antes, oscurísimos augures arrugados y obesas hadas anticuarias de lo porser…

¿Desde dónde viene tu poesía?

Desde donde vinimos, del útero universal pariente. Mi poesía viene de Acayucan; es de Acayucan igual a mí. Yo soy de matrias, como fui de patrias cuando no conocía diferencia (¡«Ay, la Virgen…!»…); porque es demasiado ceñido a propósito de dominación el tejido ideosocial de la mentira territorial ensartada en ojo de aguja de verdad de fe de niño (piensa nomás en la idea de Dios), y me costó saber que la patria es un engaño igual que la religión: un timo fantasmático del poder y de la pasta, y de la guerra geopegote, o un mero fantasma Belicario [Domínguez] o, al porpeor, espectro de fantasma ideológico ideologizado a modelo ‘somos raza dominante, los amos de adentro y de afuera y tenemos con qué’, y, suma sumando, digamos: de quién son si no las, desde luego recientes naciones, hijastras de infame inversión en ocupación militar exopotenciaria («Lo siento, aldea arrasada, pero ¡a poner los muertos!» —dijo la industria armamental del lobi de La Industria Nucleada, ejemplificando, y súbita embijando esto que digo lustrando), frente a las viejas tierras de los que la viven y la trabajan desde que hay memoria sol a sol, y ¡patriotas los muertos, güey…! Lo que existe son los pueblos y su matria y los expresa el genio de su cultura. En lo que me late a pecho y para no confundirme ni confundir, valga saber que «yo escribo siempre en el Acayucan abstracto y sentimental que revierte Utopía mi lugar de nacimiento», cosa que me acuerdo que le dije fijando campo y lugar y a pregunta expresa a José Luis Ortega Vidal —amigo periodista, veracruzano por no decir jarocho como el son y como tú o como yo. Tampoco voy de apátrida o de renegao por estos mundos geogemelos; simplemente soy un poeta de mi lengua y, desde ella (que tampoco de ninguna geodivisoria lingüística es frontera sino nexo de diversidad), de toda humanidad si de veras lo es y donde mea ahí caga.

¿Cómo defines tu poesía?

No la defino: es poesía. Como yo. No tengo que definirme. Soy.

¿Cuál consideras tu obra más lograda?

No ‘más’ —ni ‘menos’—; nomás lograda; no hay competición alguna de orden espiritual: toda etapa es vida de creador. Fuera de la chamaquidad adolescente, equivocación en llama bruta de la materia existencial, todos mis cantos a partir de «Versario pirata» se han logrado, se han dado en su circunstancia, en su exigencia, en su necesidad de momento creador, o los he logrado yo, como quieras, que, a buen logrador, «poco logro, dos veces logro». Siempre tengo por lograr aquello en que ando ocupando lugar. Ahora mismo lo por lograr se anda o lo ando logrando a filones: «La mina Eliçavet», y cuando se logre lámina la mina te vaçilé animal.

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¿Qué le dices a México en tu poema «Tururúctuc»?

Tururúctuc. Todo lo que dice «Tururúctuc», y algo inconcreto en lo inconcreto en escritura. México no es un destinatario asignado si bien su presencia en el poema más allá del mito fluyente y constante es trasfondo de crimen organizado del poder y los intereses pelones con las manos en la sangre de la masa inerme y en la caótica impune movilización mercante del imperio y sus caldos criollos criados en cultivo férvido que ya no caben de los muertos a cuerno de chivo (ni expiatorio de rebaño político, policial, o militar o)… La inteligencia y la sensibilidad humanas en sus sujetos andantes bajo la pamba de los astros abstractos y las realidades andadas son los destinatarios concretos de la poesía —entes espirituales de dedos labriegos que acabarán poniéndola por mí pinta en polvo en la Realidad operaria.

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¿Qué has encontrado poéticamente hablando en la que ahora es tu segunda lengua, el catalán?

Gordon Ross me dijo que yo en Cataluña he encontrado un continente. Más bien creo que he encontrado un contenido de muchos contenidos espirituales y un múltiplo de identidad secreta. Uno de aquellos es la lengua catalana, en lo poético para mí fuente de música y sintaxis de inagotable conocimiento y pasa que se mejora la mía. Son primas hermanas y cuando se prestan servicios se aconchaban agustín. Hete a mano el son jarocho ‘Los Enanos’: tan bonito él cuando lo bailan/ primos hermanos. No es una segunda lengua sino otra lengua para mí que me sostiene en la mía por igual; ya quisiera, pero yo pienso y escribo en la mía-mía acayuqueña y demás, y mi dominio de la catalana es tangencial a mi obra; una presencia crecida y fructuosa más que creciente, que también, a veces. Se incorpora puntual últimamente a mi escritura porque ahora vive en mí en alguna de mis intemperies espirituales y acude al llamado poético. Otro contenido que he encontrado es, claro que sí, la poesía catalana en peso; y, en especie, la poesía catalana del siglo XX —a la cual, en tarea de servicio traductoral que estoy ahora mismo coronando en edición Le Prosa virtual [©] y pronto se verá en todo su esplendor de alrededor de 20 libros enteros en un solo volumen de autores clásicos ya: horita, en este preciso tiempo lector de poesía y moridor en sangre, he dedicado (ahora más que menos) la mitad de mi vida creadora. Dejará entre nosotros de ser bestia magnífica desconocida pronto, quieran que no protopública y por lo tanto virgen después de parir inédita, decía, en castellà de Acayucan, y digo, a pesar de los miserables cuentahabientes de cultura oficial y editorial (en su momento en dos extremos geopoéticos; resto uno y queda uno; cuando reste dos quedará una: la poesía catalana del siglo XX), que pretenden seguirla y la siguen ‘desvaneciendo’ y ‘ocultando’ pero se la sudan hasta secuestrándola. Cap poeta de cap llengua és invisible

¿Qué recomiendas a alguien que empieza a escribir poesía?

Que mejor no lo haga si no nació para tanto y tanta carga, y recuerde a Cervantes por la lépera y sensata razón de Sancho: «oficio que no da de comer no vale dos figas», que es el caso.

[Revista «Palabras Claras», Jalapa, Veracruz, México, 2/6/ 2016. Puede contrastarse con esta edición y cazarse algún minigazapo aquí:

https://palabrasclaras.mx/cultura/la-poesia-es-vida-y-vida-y-muerte-comparten-la-entrepierna-mutua-de-engendrarse-orlando-guillen/] •

Tururúctuc de Adelaida

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Orlando Guillén y Adelaida Caballero en França Xica, guarida de Ivo Arnillas en Barcelona. Abajo: texto leído por la autora en la presentación de «Tururúctuc» (17/06/2014) en Arts Santa Mònica, también en Barcelona ●

 

 

Tururúctuc

Adelaida Caballero

 

La última vez que vi a Orlando antes de aquí, fue en junio de 2012. Yo había venido a Barcelona a trabajar bajo su tutela el manuscrito de lo que más tarde se convertiría en mis Horcas invisibles, y fue durante ese viaje que tuve el privilegio de verlo encarnar el oficio en que pocos llegan a más que aprendices. Puede que las cataratas le tendieran trampas entre ojo y hoja, pero a quien ve a través del ser y del espíritu la ceguera carnosa del globo ocular «le hace los mandados» y eso es algo que él sabía entonces como ahora, dos años, dos libros y dos presentaciones después, porque si de algo suele tildarse a los ciegos es de visionarios.

Quien tenga el gusto de conocer, además, al loco detrás del genio sabrá que esos dos rostros son de hecho dialéctica: Orlando el hombre, como su obra, es una plaza donde las vidas improbables del resto de nosotros se sientan a conversar mientras fuman, mientras alimentan con alpiste memorioso a las palomas del tiempo nunca venido a más. Al loco en Orlando lo conocí también durante aquel viaje en 2012, exactamente tres días antes de la presentación de Funda Sobaquera, cuando éste me encasquetó la tarea de presentarlo tres días después. Que no sería cosa del otro mundo, me dijo. Y qué va. Para un hombre iniciado en los misterios más negros de la sintaxis castellana —uno que, además, tiene don de araña tejedora de imágenes en todos los niveles tipológicos textuales conocidos por el hombre y la mujer, la cosa y la divinidad— ir de pe a pa en un dos por tres parece ejercicio de olán en falda voladora más que acto de lectura propiamente estructurado. «Cuidaos de Orlando, oh [lectores] neuróticos, porque de él es el reino de la palabra rítmica y la semántica voluntariosa», debería leerse a manera de advertencia en cada uno de sus libros, que son como estrofas en un canto general de esos cuyo único fin siempre es dos: ser el testamento de un poeta libre a la humanidad —libre o no— de su tiempo, y ser el voladero por el que un lector se cae hacia su propia vida insospechada, o la consagración de uno y la iniciación de otro en los placeres y dolores del día a día transfigurado en incertidumbre, amor cortés, futuros desolados, guerras miopes, misticismo, objetos mnemónicos, cornadas políticas, sexo fuera de foco, nostalgia de esa que se encarna como uña al pasar los años y un infinito etcétera al que habría que añadir, además, los placeres y dolores del día a día que nunca nos tocó pero que habría podido tocarnos vivir y cuya existencia en subjuntivo nos tenía despreocupados hasta ahora, hasta haber leído a Orlando, hasta habernos dado cuenta de que, lo mismo que el presente, el pasado que-no-fue también es carne de cañón ante la tropa del destino.

 

a quienes3

 

En Tururúctuc, lo que Orlando le ofrece a quien se atreve a leerlo es una canción redondeada, un tallarse los ojos ante el picor de la lagaña existencial por la mañana, y un no parar hasta verse los párpados rotos ya bien entrada la noche. Inicia ofreciendo a la venta de los venteros vacada flaca y vuelo de bruces, como el de todo pájaro —las vacas son siete, flacas y eternas porque es todo lo que queda en ese sitio donde hasta “la tierra difunta se sacude el lomo y mata moscas con el rabo”. La anatomía del tiempo lo hace cojear a la inversa —o sea avanzando hacia la izquierda en la carátula— hasta llegar al yo mortal de fango hasta los codos:

Érase un sentimiento agudo
Deslastrado en
Canto:
Tierra de un difunto
Adentro
Que yo daba por mío
Igual que si sentir me fuera jardín propio
Y exclusivo
Y yo fuera algo suficiente
Y absoluto
Y sentir o las cosas fueran
Propiedad
De cálices mortales
Y no del caos barítono del orden del
Misterio
Entre los charcos pútridos.

Su fortuna es no ser afortunado y siete vacas flacas que “esquivan las plumas del vuelo que cae / Y en cayendo lo devoran”. Él mismo atrasó y adelgazó la sombra larga del ganado al esquivar la hecatombe, y sigue al pie con hilo detractor los esguinces del amor acalambrado con un alma en vuelo “jovencita y un mucho atrabancada” como su misma dueña, y se empeña en dar cuenta valiente de nidos y víboras más allá del océano:

El grande, el enorme México
Poseía un gusano
Intestinal y tres poetas. Todavía
Está traspuesto, pavonado
De plata,
Buscando pareja
De petróleo
En la sombra. Se reproducirá
De sí mismo si no encuentra nada mejor,
Porque aprendió partenogénesis
En la bacinica de su procedencia sangrienta
Y los gusanos de maguey
Se los zampa
De botana,
Indiferente al ojo de la
Serpiente
Que o lo envidia
O lo engulle.
Una de dos.
Garra y ala y pico listos,
Lo sabe el águila que acecha.

Como el águila, Orlando sabe que “la baraja del mal es un mazo de ases debajo de la manga del bien” porque “en manos de los hombres el bien y el mal son tijeras que los amputan”, pero no por eso deja —al contrario: quizás precisamente por eso no deja de convocar al “primer ministro del Primer Ministerio Neoliberal de Todas las Romas de este Mundo”, quien, “meando como un pillo las nubes, paga, corta y manda publicar/ La lengua de Baudelaire traducida al siciliano como/ Las flores del bien” y no le importa porque “se siente inmenso” y “eterno se le hace poco”, y no sabe lo que el poeta le tiene reservado como su fin del mundo. Por lo demás:

El amor que arree.
La guerra
Que se la pele
Sin soldados de ambos bandos
O que se atice con quimeras el culo.
Da pena y de la chingona
Veracruzana
Tener
Que prolongar
La primera fila,
Chorreantes de manteca de cochino
Como tacos de canasta.
Llorar o padecer, esa es la cosa;
Esa
La «alternativa»
Que te dejan.

En la cronotopía de Orlando, el vuelo de las cosas teje otras cosas y el tejido resultante, la poesía decantada, “produce envidia a los intrusos del canto”:

Pobrecillos. Pobrecitos. Están hechos
A andar de ventanilla en ventanilla
Tramitando el poema de su pinche vida.
Una vida de perros
A quienes dio de mamar
La gata.

 

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Y a cada uno de esos “ciegos de la vista gorda, ciegos que no vocalizan, que siguen pronunciándose pero cada vez escriben peor y no escarmientan, deplorables hasta por los codos”, “ni modo de echarle[s] una mano que no sea un puñado de tierra sobre su tumba”, parece decir al tiempo que registra ambiente “música en sordina para una generación de oídos enlatados”, a la cual más que reprender le pone los actos al espejo:

Dejar que, pisándose el genio,
Los niños se alarguen
Por la última fila
De la platea
Sin ser el centro noroeste del proscenio,
Acaba como acaba
Porque da chance palatino
De hacerse célebres
A los tontos más ansiosos. Parece
Que de eso
Se tratara. Famosos.
Mediáticos. Y si se puede
Ricos. De por sí
Una profusa mediocridad
Recorre el mundo
Como un escalofrío el espinazo
De los días
Y gobierna el gobernalle
De las barcas
Que se hunden
Con la carga de la cosa pública
En los riñones.

Crudo y duro de carne mineral, rebelde hasta lo negro en su poesía más roja, lo suyo sigue estando en la autobiografía, en su ser agridulce hilvanado a la revelación amorosa más que a la declaración de un amor del que él mismo se libera:

Los días anteriores
A que yo naciera con un grito en la mano,
Empuñé la pala
Y me enterré en la sombra de un sueño
De mujer a punto
De dar de flor el fruto
Aciago.
Por eso traigo de nación el domicilio
Enamorado, y si ando como un perro olisqueando
El rabo de las diosas mortales más que
De las duraderas, es de puro cabrón. Me busco
Entre las sombras de una mujer que a veces hallo
Enterrada como yo entre sombras
Que se abren y nos paren
En sangre de epifanía, y
En criadero de días terminales
Nos apagan.
Sangre simultánea
De 2 en una sombras dividida.

Así, Tururúctuc es bitácora astral del yo a su dilución en todos los pronombres y los vientos cartesianos, pasando por dioses a los que no teme porque él se mea en ellos como ellos “eterna y despaciosamente [mean] contra la pared de las estrellas”, “rosa innumeral”, “espina sucesiva” sobre la cual su mano se revuelve transportada y escribe por dentro “a cincel y pincel” ese yo que es tanto de él como de él es el de su ella. Tururúctuc, entonces, se diría nombre de becerro oriplata venido a mamar de vaca flaca y “harto de progenitura” que es la poesía vital de nuestro Orlando, y digo nuestro porque su yo vive implícito en estos nosotros y porque como él dice, sabiéndose “un sol Melenas que se hace el jaraquiri y apenas si se rasca el ombligo de oro bruto, Tururúctuc”, “máscara no come máscara”.

“La propiedad del mundo no es humana y nadie es dueño ni siquiera de sus días” dice, y nos advierte que su corazón está “tan lleno de puntas de flecha hundidas de pico” que si tardamos más nos arriesgamos a que la nuestra ya no quepa. Justo antes de re-tocar principio, el poeta se enfunda en las garras del profeta y se da gustos
como este:

Todo será llevado
A prisión si no sirve para otra cosa
O desollado en la plaza pública
O pasado a cuchillo
Y no se salvarán ni los niños
Ni las mujeres preñadas
Ya no digamos los lobos que aúllan
En la sesera de los locos
Reina de Oros. Pero
Cuando llegare apedreado el tiempo de esto
Todo será llevado a las bóvedas centrales
Y a los monstruos y animales
De pensamiento fabuloso
Se les asignará su proporción
Bajo tierra. Todo será
De cada asesino según su víctima
Y el día dinero se acuñará de luto y niebla.

Sólo después de esto, en medio de un danzón telúrico, ella en él será de sombra diluida y el resto de nosotros hallaremos en el suyo nuestro pecho picoteado. Y decir más sería estropearle la sorpresa a los lectores de este mundo: baste con augurarle feliz viaje a la vacada, buena estrella a ese becerro tururúctuc que se gesta hijo de toro tururúctuc cósmico en el vientre de la vaca flaca que llamamos «existencia», mientras nos espantamos nuevas moscas con el rabo.

Uppsala, Suecia
junio, 2014

 

Recital en Wisconsin 2

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Texto de la presentación al recital bilingüe de fragmentos de Tururúctuc que ofrecimos John Burns (traductor al inglés) y yo, organizado por la University of Wisconsin–Madison en 2014 •

 

Presentación de Orlando Guillén y John Burns
[UW-Madison]

Rubén Medina

Hola. Soy Rubén Medina, director del Departamento de español y portugués de esta universidad. A nombre del Departamento quiero agradecerles su presencia en este evento poético. Aprovecho también para agradecer, en particular, a la fundación Tinker por la invitación al poeta Orlando Guillén como profesor visitante durante este semestre de primavera (una primavera que todavía no se ve por ningún lado); y por supuesto, agradezco al Programa de Estudios Latinoamericanos, Caribeños e Iberoamericanos (LACIS) de nuestra universidad por patrocinar la invitación y este recital.

Debo decir que ha sido para mí un gran privilegio tener a Orlando Guillén en Madison y poder hablar con él, extensamente, sobre lo que nos une profundamente: la poesía. Ha sido un evento extraordinario, to say the least. Nacido en Acayucan, Veracruz, México (1945), poeta, dramaturgo, ensayista, traductor, periodista, Orlando Guillén pertenece a una generación de poetas, anterior a la mía, que se conoce como la generación que brota de la herida de Tlatelolco 1968 y de la gran crisis de representación que ésta conlleva. Mi grupo de poetas, los infrarrealistas, le debemos mucho a Orlando por su feroz e inteligente ruptura, ética y estética, con la poesía mexicana dominante por esos años. A los 17, 18, 20, 22 años los infrarrealistas nos pasábamos de mano en mano su libro: Poesía inédita 1970-78. Quizá por eso entre los miembros de este grupo se encuentran los lectores más atentos, receptivos y substanciales de su poesía. Es pues una deuda mutua.

Más allá de esta dimensión anecdótica o, mejor, histórica, Orlando Guillén es un poeta importante no solo en el marco de la poesía mexicana, sino en lengua castellana. Su poesía se caracteriza por la experimentación formal y sintáctica, un gran y sostenido aliento verbal y discursivo, y sobre todo por su reinvención del poema largo. Pero no a través de la épica sino mezclando a ésta, a veces dramáticamente, con la lírica. A través del poema largo, Orlando crea nuevas posibilidades a la poesía lírica; le proporciona una dimensión dialógica y polifónica que durante gran parte del siglo XX solamente se le atribuía a la novela; en este sentido, sus libros de poesía dinamitan la premisa fundamental de Bajtin de que la poesía es un discurso de una sola voz, autoritaria, donde queda fuera el habla múltiple y compleja de los pueblos.

De la larga lista de libros de poesía publicados, subrayaré dos momentos de su trayectoria poética. Bajo el título de Versario pirata (1983, 1994), Orlando recoge su primera poesía escrita hasta finales de los setenta, que incluye varios libros de poesía. Durante los ochenta y noventa, escribe varias obras de teatro, comedias trágicas de uno o dos actos, edita un volumen sobre la poesía de El Salvador, Hombres como madrugadas: la poesía de El Salvador (1985), y traduce a varios poetas de lengua catalana al español. Entre 2001 y 2014, cuatro libros de poesía representan otra etapa renovadora y de mayor desafío en su trayectoria poética, a través de la escritura del poema largo.

Abordando la estructura expansiva y experimental del poema largo, Orlando se ha establecido como uno de sus practicantes más originales y osados en lengua castellana. Y no es difícil detectar que en su práctica poética asume completamente su posición marginal y radical como poeta mexicano, ajeno a las formas dominantes de poesía, ajeno al poder y a sus instituciones. Así, a través del flujo verbal, sostenido y deslumbrante de sus versos, el poeta realiza un impredecible y enardecido inventario lírico de la poesía y sus formas. En ese inventario se encuentra la cultura de Occidente y sus grandes mitos, el amor y las relaciones humanas, el lenguaje y las hablas sociales, el arte, la religión, las culturas populares, la sexualidad en todas sus manifestaciones, el cuerpo como carnavalización y metonimia, y el deseo. Siguiendo la frase que Ezra Pound utiliza para describir a su gran poema Los cantos, el poema largo funciona igualmente en Orlando para contar “the tale of the tribe”. Pero en Orlando Guillén esa tribu abarca singularmente las zonas claras, grises y oscuras de la cultura y la historia. Por eso mismo dice en un verso en su último libro: “Toda materia es oscura / Y todo conocimiento / Sombrío”.

 

 

Entre esos cuatro libros de su última etapa se encuentra El costillar de Caín, de 2001. Mario Raúl Guzmán ha dicho que El costillar de Caín, como replanteamiento del mito cristiano de la creación de la mujer, es “un recorrido delirante por los pueblos del habla. ¿Qué entra en sus pulsos? El albur y la majadería machista, el letrero de doble sentido y la truculencia sexista, el graffiti soez y la rocola ecléctica, el exabrupto homofóbico, los gestos tiránicos del caporal y el engreimiento del padrote de burdel, el corrido y su dulzumbre octosilábica, la tonadilla ranchera y el gemido callejero ante el apañe, todo ello amalgamado o anudado por un vasto propósito dramático cuyos soportes simbólicos se expresan mediante desafíos y jugarretas culturales muy difíciles de descifrar y hacer propios”.

A este poema largo le sigue Tiempal. Libro de pinturas, publicado en 2010. También se trata de un poema largo que explora la espacialización del tiempo a través de un diálogo con la pintura, a partir de la figura de Jipe Totec, el desollado, de los códices precortesianos. En esa espacialización del tiempo convergen, a mi parecer, el tiempo mítico que se repite infinitamente, el tiempo lineal que avanza sin avanzar y el tiempo espiral que comprenden la experiencia humana y cósmica, y que la poesía busca desentrañar.

Dos años después, en 2012, aparece Funda sobaquera. Y ya poseído por o en posesión de la estructura abierta e impredecible del poema largo y el impulso verbal, en enero de 2014 aparece su último libro, Tururúctuc —una palabra que Orlando inventa, otorga varios sentidos y que enseguida escucharemos. Tururúctuc es un viaje a través del tiempo y de la cultura, signado por la figura de Saturno y en el que converge la mitología grecorromana, la gran imagen de Goya (Saturno devorando a sus hijos) y el mundo global del siglo XXI. El poeta da cuenta del tiempo humano en toda su complejidad.

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After Orlando read excerpts of his long poem, Tururúctuc, John Burns will read his English translation of the same fragment. Let me share some works about John. Without doubt, he is one of the most brilliant students ever graduated from the Department of Spanish and Portuguese at this University. John Burns is a poet, translator, academic, and is currently the chair of the department of foreign languages at Rockford University. In the area of translation, he translated into English the work of Galician and Avant-garde poet, Manuel Antonio, entitled, De catro a catro / From Fours to Four in 2001; the Anthology of Galician poetry, Poesía é o gran milagre do mundo / Poetry Is the World’s Great Miracle, also in 2001. In collaboration with Rubén Medina, he compiled and translated the most comprehensive anthology of Beat poetry into Spanish language, Una tribu de salvajes improvisando a las puertas del infierno. A tribe of savages improvising at the Hell’s doors, published bilingually in Mexico City in 2012. His most recent translation, Estética de la lluvia by Chilean poet Raúl Hernández, is forthcoming at the New York’s McNally Jackson. He also has translated into English an anthology of Infrarrealist poetry, and is looking for a publisher.

Demos pues la bienvenida a los poetas y traductores.

[Madison, 3 de abril, 2014]

Recital bilingüe en Wisconsin

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En 2014 dicté un curso de seis meses introductorio a la poesía en la University of Wisconsin-Madison que comprendía un recital público. Este contenido que sigue, procedente de Tururúctuc, lo leímos en ese acto John Burns (en su espléndida versión al inglés), y yo en mis originales.

 

De «Tururúctuc»

Cae el año
Como gargajo de naranja
De siglo
A la bocaza
Marchita de Saturno.
Chorreando sangre blanca
Y derramando el plato
Loco,
La vitualla
Proporciona
Un poco de paz, y es un nido
En la cabeza canosa
Que peina pájaros de día
Y piojos de noche
Negros.
La corona del Tiempo,
Resplandeciente sobre fondo negro,
Es la fuente de la eterna
Juventud
Y come y bebe de su prole,
Caníbal hasta
Por los pelos del bigote.
Los vástagos,
Peones de ventaja,
Se reciclarán,
Hechos como están de la trama
De la hora, aunque se teman
La catástrofe
Y no estén nada
Tranquilos al principio. Sufrirán
Hasta que entiendan,
Al primer sorbo de chiche
De entraña mutante,
Que principio y fin
Son de índole biforme
Y que no hay padónde hacerse
Ni tiene sentido
Revolverse enfurecidos
O simplemente inquietos.
Saturno es como dos viejos:
Un viejo y una vieja
Comiendo el aquelarre. Cuando Goya
Lo pinta, el dios está devorando
A una de sus hijas,
A la que ya le ha arrancado
La cabeza y los brazos. Los ojos desorbitados
También comen de los ojos que devora
La mirada espantosa. Tiene
La verga erecta,
Porque el placer del dios
Es absoluto cuando come de su hija
Y se ha olvidado ya
Del motivo preventivo
Del festín.
Al término desesperado, nervioso
Y frenético, convulso
De la última dentellada,
La tijera de la censura le arrancará
El órgano de la virilidad en pleno
Y no se verá en el cuadro
Que en el Prado se conserva, incólume el aullido,
Pero la eterna juventud
Será el orgasmo de Saturno,
Y el de Goya ejemplar:
Cogiendo con la hija del Tiempo
En la Quinta a lo
Sonoro Negra,
Mientras se la come
Estremecido, y comprende.

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De Tururúctuc

[Fragment 1 (pg. 82-84)]

Year falls
Like century
Orange phlegm
To the withered
Maw of Saturn.
Trickling white blood
And spilling the crazy
Plate,
The victual
Provides
A bit of peace, and it is a nest
In the graying hair
Combing day birds
And night lice
Black.
The crown of Time,
Shining on black background,
Is the fountain of eternal
Youth
And he eats and drinks of his offspring
Cannibal
Right down to his mustache whiskers.
The progeny,
Spare pawns,
Will get recycled,
Made, as they are, of the weave of
Hours, although they fear
The catastrophe
And they are not at all
Quiet at the outset. They will suffer
Until they get it,
At the first gulp of the teat
Of changing guts,
Who beginning and end
Are of biform kind
And there ain’t nowhere to get to
And it makes no sense
To writhe furious
Or simply restless.
Saturn is like two old people:
One old man and one old woman
Eating the coven. When Goya
Paints him, the god is devouring
One of his daughters,
From whom he has already torn away
Head and arms. Bulging eyes
Also eat from the eyes that devour
The horrendous gaze. He has
An erect cock,
Because the god’s pleasure
Is absolute when he eats of his daughter
And he has already forgotten
The preventive reasons
For the feast.
Desperate at the end, nervous
And frenzied, convulsive
At the ultimate nip,
The scissor of censure will tear off
His organ of virility in full
And it will not be seen in the painting
Which is kept in the Prado, the howl unharmed,
But eternal youth
Will be the orgasm of Saturn,
And that of Goya, exemplary:
Fucking the daughter of Time
In the Fifth Quinta in the
Sonorous style of Beethoven,
While he eats her,
Shivering, and understands.

Si este cabrón que escribe pone su honor
De pie en medio de la tarde y la retrasa
Un poco hasta que den las 10 las
Clepsidras magras y él mismo pueda entrar en la mente
De la mujer que en otro tiempo amara
Temblando como se entra no siempre en los recuerdos,
Este cabrón que escribe arrancará sombra a la lumbre nueva
Como un adivino sueños al amor que vendrá
De entrada por salida, similar a la muerte,
Y similar a la muerte
Si no es que ella misma,
Se quedará cantando
La tonada simple de un repaso a la página
De los cuerpos vencidos
Por la fe de la vida.

Mírala. Antes estaba tensa como arco
De materia de amor
Y ahora es 2 por una en números
Cabales. Oscura. Cada vez más oscura
De materia de amor
Que enchufa y desenchufa cables muertos,
Probando, probando.

Porque
No volverán a estar los tiempos nunca
Para apostar por una puesta de sol
Que dure más de lo que su naturaleza
La deje en los círculos perfectos
Que siguen a la caída de los sueños flacos.

Porque
Qué tanto amor andará
Regado
Por el mundo herido que no alcance
A cerrar la cicatriz que yo no abrí
Sino a puñal de miedo,
Y que como alguien que sabe
De dónde viene pero de dónde vino nunca,
Se levante y cruja o se levante y mate
O se levante y eche el vuelo impelido por un encanto
Momentáneo que envejece súbito
Las campanas del ansia
De la hora de bruces
Donde cae
Encantado.

Porque yo no guardé
Ni el resplandor de disco de
La infinita soledad de
Martes sino circulé y me la gasté
Por vena enamorada
A borbotones
Ciegos. En eso
Derroché un infinito o 2. Pero
Ni el menor conocimiento
Me entró en sabiduría de las tierras que hizo
Fértiles la mujer estéril
Con su paso cargado de hijos muertos
Que se fue.

Mírala. Antes estaba tensa como arco
De materia de amor
Y ahora es 2 por una en números
Cabales. Oscura. Cada vez más oscura
De materia de amor
Como flecha.

Aquella era la
Tierra del espíritu del fuego
Y allí la sangre
Lloró mi catadura en un almácigo
Pudriéndose:
Reyezuelo de gula
Que revienta
Hidrópico del chorro de la luz
De luna.

Mírala.

Una de lujuria abierta y otra de túnica blanca
Que se desabrocha como collar a mitad del abrazo
Entre los hombros; entre los hombros
Y el beso que revuela todavía
El olor de la cabellera.
Una muy pero muy buena
Para besar el alma con los ojos y otra
Que aprovecha clavícula, omoplato
Para aumentar los húmeros placeres de la tarde
Que se va con piernas
Decididas de yegua
Bípeda y la crin dorada.

«Con la llegada de la muerte
Todo se va menos la vida»,
Dijo La Muerte Al Revés. «Mírala.
Ahí está tirada, bellaca e indolente,
Y ahora es cuándo», me dije sin palabras;
Y rápido recogí
Vida con pala de enterrador
Antes que la enterraran los días
O me enterraran a mí. Los días anteriores
A que yo naciera con un grito en la mano,
Empuñé la pala
Y me enterré en la sombra de un sueño
De mujer a punto
De dar de flor el fruto
Aciago.

Por eso traigo de nación el domicilio
Enamorado, y si ando como un perro olisqueando
El rabo de las diosas mortales más que
De las duraderas, es de puro cabrón. Me busco
Entre las sombras de una mujer que a veces hallo
Enterrada como yo entre sombras
Que se abren y nos paren
En sangre de epifanía, y
En criadero de días terminales
Nos apagan.
Sangre simultánea
De 2 en una sombras dividida.
El padre entra en la matriz
Ya nieto y la madre se revuelca
Entre 2 suegros de la vida, trina y una
Y nuera, y al padre lo remonta hijo
Y lo entierra en la sombra donde el hijo se entierra
Por su cuenta. Este es el misterio del hijo.
El misterio de la hija lo guarda entre las piernas
Hasta que el hijo, con lo que tiene de padre
Las atraviesa como puertas
Que cierra tras de sí dando un portazo
Y se encierra con su hermana
A comer de la flor de las perdices hija.

Mírala. Antes estaba tensa como arco
De materia de amor
Y ahora es 2 por una en números
Cabales. Oscura. Cada vez más oscura
De materia de amor
Que enchufa y desenchufa cables muertos,
Probando, probando,
Hasta que la parta el rayo.

[Fragment 2 (pg. 149-161)]

If this bastard who writes puts his honor
On its feet in the middle of the afternoon and turns time back
A little until the weakling clepsydras strike 10
And he himself might enter the mind
Of the woman he may have loved in another time
Shaking as one who does not always enter memories,
This bastard who writes will rip shadow from the new blaze
Like a soothsayer with dreams for the love that will come
With an entrance for an exit, similar to death,
And similar to death
If not death herself,
Shall keep singing
The simple tune of a glossing of a page
Of bodies vanquished
By faith in life.

Look at her. Before she was tense as a bow
From matters of love
And now is 2 for one in perfect
Numbers. Dark. Ever darker
In matters of love
Plugging and unplugging dead cables,
Testing, testing.

Because
It will never again be time
To bet that a sunset
Might last longer than its nature
Allows it to in the perfect circles
That form around the falling of weak dreams.

Because
How much love will go about
Scattered
Across the wounded earth without managing
To close the scar I did not open
Save by a fistful of fear,
And like someone who knows
Where he comes from and never from whence he came,
May rise and crush or rise and kill
Or rise and take off impelled by the momentary
Charm that suddenly ages
The bells of anxiety
Of the facedown hour
Where he falls
Charmed.

Because I did not keep
So much as the shining of the disc
Of infinite Tuesday
Solitude but rather I circulated and I spent it
Being an enamored vein
Blinded by
Bubblings. I wasted
An infinity or 2 on that. But
Not even the lesser knowledge
Came into wisdom from the lands
The sterile woman made fertile
Her steps loaded up with dead sons
Who have since gone away.

Look at her. Before she was tense as a bow
From matters of love
And now is 2 for one in perfect
Numbers. Dark. Ever darker
In matters of love
Like an arrow.

That one was the
Land of the spirit of fire
And there the blood
Wept for my appearance in a copperwood
Rotting away:
Petty king of gluttony
Exploding
Dropsied from the trickle of moonlight.

Look at her.

One with open lustfulness and another with the white tunic
Unfastened like a collar halfway down the arm
Between the shoulders, between the shoulder
And the kiss that still sends
The scent of the hair flying.
One very (and I mean very) good
At kissing the soul with the eyes and another
Taking advantage of collarbone and shoulder blade
To increase the humerus pleasures of the afternoon
Which goes off with decided
Mare legs
Bipedal with golden mane.

“With the arrival of death
Everything goes away but for life,”
Said Backwards Death. “Look at her.
She’s lying there, wicked and lazy,
Now is the time,” I said to myself without words;
And quickly I gathered up
Life with the undertaker’s shovel
Before it is buried by days
Or before they bury me. The days before
I was born with a shout in hand,
I grabbed the shovel
And I buried myself in the shadow of a dream
Of a woman about to
Give flower to ill-omened
Fruit.

That’s why I bear the enamored domicile
Since birth, and if I go about like a dog sniffing
The backsides of mortal goddesses more than
The long-lasting ones, it’s just from being a bastard. I look for myself
In the shadows of a woman which I sometimes find
Buried, as I am, among shadows
That open and give birth to us
In epiphanic blood, and that
In a nursery of terminal days
Extinguish us.
Simultaneous blood
Of 2 in one shadows divided.
The father enters the womb
Already a grandson and the mother knocking about
Between two lifelong fathers-in-law, three and one
And mother-in-law, and the son overcomes the father
And buries him in the shadows where the son buries himself
All by his lonesome. This is the mystery of the son.
The mystery of the daughter hides between the legs
Until the son, with what he has of the father
Crosses them like doors
That close behind him with a slam
And he is enclosed with his sister
To eat daughter, flower of partridges.

Look at her. Before she was tense as a bow
From matters of love
And now is 2 for one in perfect
Numbers. Dark. Ever darker
In matters of love
Plugging and unplugging dead cables.
Testing, testing,
Until lightning splits her in two.

¡Tierra!

Para todos los muertos
Traigo o tengo 2 metros y medio
Bajo tierra de vida
Donde echar raíces y vomitar
El ansia de las sabias rojas que circulan,
Verdes por fuera, bajo los hombros
De las tardes desnudas que en sí son un lienzo
Y parecen mujeres majas,
Pero
Son mujeres majas
Que parecen el lienzo que despliegan desnudas.

Muertos badulaques:
No se acerquen ni me sigan
Ni metan contrabando
De lo suyo
En mi muerto impertinente.
Ustedes no valen ni carne de
Presidio o de cañón
O ajetreos
Cosidos a puñal a mano.
«Después de todo»,
A ustedes les basta
Con podrirse y a mí no.

A mí me sobra y me basta
Con mi poca de gracia,
Porque otra poquita,
Sólo enamorado.

Escaleras abajo
Las bandas
De música
Viajan envueltas en muerte propia y perfumada,
Y a lo que yo me refiero,
En realidad,
Es a parvadas
Por lo menos
De conejas que alzan el vuelo
Desde la madriguera del sombrero,
Y en saliendo
Las pepena el albanega
En sombras verde del cazador
De vida breve como rabo de coneja.

La sombra de la sombra
Te sacará la luz del cuerpo por la parte
De mirar nomás
Oprimiendo glóbulos. Así,
Así: paf, paf, paf. Y serán
Las 4 mañaneras de la tarde
En los pliegues
De sombra del reloj de arena
Que es polvo de la tierra
Que besa mar.

Allí donde es vida el polvo,
Lame y se desabotona los 2 pechos el mar.

Land ho!

For all the dead
I bear or bring 2 and a half meters
Of life under earth
To throw down roots and vomit
The anxiety of the wise reds that circulate,
Green on the outside, under the shoulders
Of naked afternoons that are themselves a canvas
And look like beautiful women,
But
Are beautiful women
Who look like the canvas that unfurls in the nude.

Nincompoop dead ones:
Don’t come close or follow me
Don’t bring any of that contraband
Of yours
With my pertinent dead one.
You all aren’t worth prison meat
Of cannon fodder
Or hustle and bustle
Sewn by fist or by hand.
“After all”,
You all have enough with
Rotting, but not me.

I have more than enough
With my little bit of grace,
Because a little bit more,
Just in love.

Down the ladder
The bands
Of music
Travel along their own perfumed death,
And what I’m referring to,
In truth,
Is at the very least
Flocks
Of she-rabbits taking flight
From the den of the hat,
And upon coming out
They are snatched in a net
Green in the shadows of the hunter
Of the she-rabbit tail’s brief life.

The shadow of the shadow
Will take the light from your body through the part
That’s for plain old looking
Squashing globules. Like this,
Like this: splat, splat, splat. And they will be
The 4 early risers of the afternoon
In creases
Of the sand clock’s shadow,
Dust of the earth
Kissing the sea.
There where dust is life,
The sea licks and unbuttons its two bosoms.

La música
Era un jardincillo ocre de silencios tácitos
Y vientos de Saturno. Estaba hecha de luz
Envuelta en papel de celofán
Como un rayo de azucenas, y de
Vientos de Saturno
Del cristal
De las láminas
Del árbol de Saturno.

Su vuelo, migratorio:
De mariposa monarca
O rubio aleteo al aire de libélula nibelunga
Estacional,
Que hasta el año que entra llegan.

Soplaba Tiempo oscuro
La marcha
De la
Murga
A caramillo en trote alegre
De yegua negra
Y sal de Saturno,
Y exudaba,
Y exudando hacía brotar
De plomo el mar de Saturno
Desplegando la ola
Que abrigaría si pudiera con su manto
De suavidades agitado a
Una bebé de mar
Que saliera a patear tierra y uranio
Enriquecido,
Hasta que me quedé solo
Con el harpa de Saturno (partida por el rayo,
Que pasó sin que lo viéramos
Porque se vistió de negro o era tizón de rayo,
Y, mirando hueco el interior de un
Hueco hueco, atravesó travieso, y
Sólo lo vio pasar la Noche, y hasta eso
Nomás
Por
Que
Abrió una ventana del balcón de lunas
Y se le cayó la capa
Y un beso
Redondeó la vuelta a un muslo).

Esto dijo la primera luna
Parpadeando,
Porque también con los labios
Oía:
«La sonoridad de lo cóncavo
Es concéntrico
Como salmo de ángel a capela
Sentado en la verga
De
Dios sentado
En la
Verga
Del
Diablo a capela».

La segunda luna,
Cantando con los ojos
Porque también con la mirada
Oía, dijo:
Agitemos
Con un poco de vida
Un pozo muerto. Bullan branquias
De cetáceo,
Corazones de alegría de alga,
Pequeños tumultos de catástrofe en semilla;
Algarrobos crezcan
En edificios de departamentos
Que no enciendan la luz
De su ascensor
Por dentro. Solitario, el rayo
Baje por las escaleras de casa
Y se pierda
Por la salida a tierra
Con uña de raíz de
Canto
Y alas chamuscadas.

—¿Ya
Pisa ceniza de rayo
El brusco resplandor
De rayo nuevo?, preguntó
Deslumbrada la tercera
Luna, hablando con las grandes
Y pálidas orejas, porque
También con la lengua oía.

«No.
Todavía falta.
Pero ya pisará; come, deja
Comer, y no comas
Ansias», dijo la luna 2
Sumando, porque también con el oído
Restaba.

Agitemos pues
Con un poco de vida
En la cubeta
Un pozo muerto como quien riega
El jardín de las delicias
Con agua de los espíritus
De mar, dictó entonces la primera luna
Con las manos en la obra
Y la cintura cadente, porque también
Con el tacto oía y su ombligo
Era instrumento de nacer
Melodías entrecortadas
Y escribirlas. Y las tres
Lunas
Comenzaron a danzar,
Y era un cabezal de maravilla verles la cabellera
Sonreír con los labios pintados
En mitad de la Noche
Y patente que con todo el cuerpo
Oían y sabían oír oír
Con rejuego de hulahula. Los piececillos
Seguían un compás de aromas de sándalo
De bosque de los astros de montaña,
Porque, olfato en solfa, oían
La canción abstracta del principio,
Y en la orquesta de alientos absoluto
Era lo mismo reír que llorar
La canción abstracta del final.

Águila y serpiente abajo,
Entre el ágil aullido de las lobas briagas
Del Todo y de La Nada
La música era una cuchara de catapulta
Ardiente. De pronto
Volcada al grito de «¡Silencio
Ranas, que va a cantar
El Sapo!»,
Oleaginosa cayó
Como cae el rayo
Sobre el valle
De las almas calacas y alebrestadas
Y besó desparramándose la cabeza pura
De los muertos a mano.

Music
Was a small ochre garden of tacit silences
And winds of Saturn. It was made of light
Wrapped in cellophane
Like a bolt of lilies, and of
The winds of Saturn
From the glass
Of the sheets
Of the tree of Saturn.
Its flight, migratory:
Of monarch butterfly
Or Nibelung dragonfly’s pale air flutterings
Of seasons,
Which will get here next year.

Dark Time blew
The march of
The street band
By flageolet in a black mare’s
Happy trot
And Saturn’s salt,
And it exuded
And exuding made blossom
From the lead of Saturn’s sea
Unfurling the wave
Which would give shelter to a babe from the sea
If it could with its cloak
Of softnesses shaken.
The babe would set out to kicking at earth and enriched
Uranium,
Until I wound up alone
With Saturn’s harp (split by lightning,
Which passed without us seeing it,
Because it was wearing black or it was a charring bolt,
And, looking hollowly at the interior
Of a hollow hollow, it crossed mischievously and
Only saw it spend the Night, and just that
Because
It opened the window of the moon’s balcony
And its cloak fell off
And a kiss
Rounded out the trip around a thigh).

That’s what the first moon said
Blinking,
Because it also heard with its
Lips:
“Concave sonority
Is concentric
Like the angel’s psalm a capella
Sitting on
God’s
Cock
On the devil’s
Cock
A capella”.
The second moon
Singing with its eyes
Because also with its gazing
It could hear, and said:
Let’s shake it up here
With a little life
In this dead well. Cetacean gills
Give off noise
Hearts of seaweed happiness,
Small turmoils of catastrophe in seed,
May carob trees grow
In apartment buildings
With the lights of their elevators
Off
On the inside. Solitary, the lightning
Going down the stairs of the house
Getting lost
At the exit to land
With a root of
Song
And charred wings
—Did
The brusque shining
Of the new bolt
Step on the ash of the old bolt?
The third moon asked, unlit,
Speaking with great, pale
Ears, because
It could also speak with its tongue.
“No.
Not yet.
But it will step on it; eat and let
Others eat, and swallow
Your patience,” said Moon 2
Adding, because it could also subtract
With its ears.
Let’s shake it up then
With a little life
In this bucket
This dead well like one sprinkling
The garden of earthly delights
With the water of sea spirits,
The first moon declared then
With its hands on the job
And its rhythmic waist, because it could also
Hear by touching and its belly button
Was an instrument to birth
Chopped up melodies
And write them down. And the three
Moons
Started dancing,
And it was a wondrous bunch of noggins to see their hair
Smiling with painted lips
In the middle of the night
And it was obvious that with their whole bodies
They heard and knew how to hear hearing
With the hula hoop brouhaha. Their little feet
Following the rhythm of sandalwood scents,
Of forests, of mountain stars
Because, with a do re mi sense of smell, they heard
The abstract song of the beginning,
And in the orchestra of the breath absolute
It was all the same to laugh or cry
The abstract song of the end.
Eagle and serpent below
Between the agile howl of the drunken she-wolves
Of All and Nothing
The music was a catapult’s burning
Scoop. Suddenly
Turned to the shout of “Silence,
Frogs, for the Toad is going
To Sing!”
Oily it fell
Like lightning bolts fall
To the valley
Of deathly and startled souls
And it kissed spilling over the pure head
Of the dead at hand.

Mira:
El incienso se levanta de lo simple
Y no nos diferencia de los demás animales
Con el mismo sentido y el mismo
Poder con que
Lo complejo que desama
Se levanta del bosque espiritual
De lo animal que ama
Y se funde en la diferencia
Con un vuelco de 2 que suman 1
Y no se piensan restar.

Mira:
Un cíclope
Contemplando la curva,
Abrupta a veces embarazada
De la lejanía horizontal,
Es un faro visto desde el fardo de sombras
De barco que columbra
Simbad. El oxígeno sufre el afán
Evidente de casarse con el hidrógeno
Esquivo, y sólo si los 2 se mojan
Lo que guardan de andróginos
Serán como gotas rasas
Iguales para el dolor, la sed o el ejercicio
De la natación individual.
O para, con mano de argonauta
En la blogosfera celeste,
Desenredar la espesa cabellera de la lluvia
Abriendo los pixeles blandos
Del arcoiris sutil y contárselo a los infieles.

Voltea para el otro lado y
Mira:
«Inglaterra no siempre es un vestíbulo,
Pero menos si abre tarde el taller
Donde fabrica cascos
Para los caballeros de Atila. Hace mucho
Que Roma no es el objetivo
Y ni siquiera mirilla sucursal.
El gran angular se desplaza lento
Como ropón de Vaticano
Hiriendo a láser Oriente por la mitad,
Cuerno de África, África misma,
Ventanas de Altos Hangares que miran
Con los ojos rasgados
Terriblemente como un paraguas
Empapado en sangre,
Las alas de los traficantes de arcángeles
Averiados que hacen cola
En el taller a gritos. Gritos como grandes
Países. Pero Atila
Sigue siendo Atila en Inglaterra,
Donde pasa las mañanas muertas;
En Israel, donde las hadas tienen las manos
Teñidas y espesas de aquel líquido oscuro,
Y donde mata sus tardes desensillando a pelo;
O en la cabecera de los muertos negros
Como caballos negros
En algún lugar de Washington
Donde abre la caja de la noche, entra
A galope y desenfunda rifles allá
Y acá se oye el tableteo y los ronquidos
De los muertos blancos como
Caballos blancos
Y el jadeo ominoso de los bárbaros mutantes
Que hasta para agonizar devengan sueldos
Maratónicos, y son pocos,
Pero para matar se bastan lo que duren
Vivos. Golpe de gracia
Como de Estado de las hadas melindrosas
Como países
Que se lavan
Las manos de los muertos.
El despliegue
Panorámico de los hoteles
De Inglaterra
Hicieron época en la paleografía del último
Verano
Con claveles de pasión
Con claveles de pasión».

Mira.
La vista es muy natural:
Un ancla esculpida en herrumbre
Echa a andar
Arrastrando
Patitas de tiempo, brazos y manos de la diosa
Shiva, escarapeladuras de Lao Tse,
Amazonias de cadera de bosques de samba
Mojadas. Graves himnos a compás de matracas
Encintas. Largas piernas
De las putas rusas
De la ruleta ciega. Un botón
Florece y nace ciego como un obús
Entre piernas ciego de la
Diosa muerta. Lo complejo que desama
Se levanta del bosque espiritual
De lo animal que ama
Y se funde en la diferencia y es
Un fuego muerto como el clon de un ascua.

Look:
Incense rises from the simple
And does not differentiate us from other animals
With the same sense and the same
Power with which
The complex which stops loving
Arises from the spiritual forest
From the animal that loves
And melts into the difference
With a turn of 2 that add up to 1
And who don’t intend to subtract.

Look:
A cyclops
Contemplating the curve,
Abrupt and at times pregnant
Of the horizontal distance,
It is a lighthouse seen from a bundle of boat
Shadows that Sinbad
Begins to make out. Oxygen suffers the evident
Fondness to marry itself off to elusive
Hydrogen, and only if the 2 of them soak in
Whatever androgyny they cling to
They will be like two clear drops
The same as for pain, thirst or the exercise
Of the lone swimmer.
Or, with Argonaut’s hand
In the blue blogosphere,
In order to untangle the rain’s dense hair
Opening soft pixels of the subtle rainbow
To tell the unfaithful about it
Turn the other way and
Look:
“England is not always a vestibule,
But less so if the workshop
Where they make helmets for Attila’s knights
Opens late. It’s been a while
Since Rome was the objective
Or even a subsidiary scoping out.
The great wide-angle lens pans slowly
Like the Vatican’s long robes
Wounding the East in half by laser,
Africa’s Horn, Africa itself,
Windows of High Hangars that look
With almond-shaped eyes
Terribly like an umbrella
Soaked in blood
The wings of the traffickers of broken down
Archangels standing in line
Shouting in the workshop. Shouts as big as
Countries. But Attila
Is still Attila in England,
Where dead mornings come to pass;
In Israel, where the fairies have their hands
Stained and thick with that dark liquid
And where he kills his afternoons unsaddling bareback
Or at the headboard of the black dead
Like black horses
Some place in Washington
Where he opens the box of the night and enters
Galloping and unsheathes rifles there
And here and one can hear the rattle and snorting
Of the white dead like
White horses
And the ominous panting of the ever-changing barbarians
Who even for dying draw endless
Salaries, and they are few
But for killing they keep up as they stay
Alive. Coup de grace
Like d’etat of the finicky imps
Like countries
That wash their hands
Of the dead
The panoramic
Display of hotels
Of England
Made an epoch in the paleography of the last
Summer
With carnations of passion (sung)
With Carnations of passion”.

Look.
The view is quite natural.
An anchor sculpted in rust
Sets in motion
Dragging
Time’s paws, arms and hands of the goddess
Shiva, unshellings of Lao Tzu,
Wet Amazons of hips of forests of
Samba. Grave hymns to the rhythms of pregnant
Rattles. Long legs
Of Russian prostitutes
Of the blind roulette wheel. A button
Blossoms and is born blind like a howitzer
From the blind loins of the dead
Goddess. The complex which stops loving
And rises from the spiritual forest
From the animal that loves
And melts into the difference and is
Dead flame, clone of ember.