Cherezada en la noche de los alfanjes

acherezada

ESCENA TERCERA •

 El olor de los patios en los barrios de otro siglo.

Cherezada.

Chariar.

CHARIAR: ¿Con el látigo de qué especie de venganza me amagas, Cherezada? Todo lo que se hunde antes había estado en la superficie, como un retrato en el lodo. A la grandeza por la imagen, pero yo no soy Harún Al Raschid. ¿Oigo yo acaso la voz del esclaverío cantando

Aro       

               Naro     

               Harún Al Raschid?

No, Cherezada. Yo soy el sultán Chariar, el depredador del cuello de las vírgenes, el fugitivo de Alá. Yo también vivo por la venganza y por la justicia, pero la venganza es la lápida y la justicia morir.

CHEREZADA: El ala de las muertas por un soplo formidable se mueve, pero su destino es ciego, su peripecia incierta. Tú eres el sultán, Chariar, pero sólo Alá es rey. No en vano se cumplen los propósitos del destino siempre a contracorriente de nosotros. Afuera yo no te amaba: me parecías odioso y repugnante, hasta que te vi y me hablaste, y en tu voz temblaba como la mano que escribe poesía con un cálamo una emoción primera, apenas contenida y atávica. Lo que estuvo bajo tu mano fue la quemante voluntad de Alá. Chariar, Chariar, padre de mi nuevo ser…

CHARIAR: Más abajo del agua y de la roca tu palabra es suave, y tu voz me quema el pensamiento, el corazón y el espíritu. (Bruscamente) Córtame el cuello, Cherezada; por última vez te lo suplico, por última vez te lo ruego, y por Alá te conmino: córtame el cuello, Cherezada, o mi mano se verá precisada a cortártelo al amanecer.

CHEREZADA: No puedo, Chariar. Sería como caparte el rostro, y yo no amo a un eunuco ni a un muerto. Pero yo soy tu esclava por mi voluntad y porque también es esa la voluntad de Alá. Yo no te he pedido la gracia de mi vida, señor.

CHARIAR: Pero tu vida es más preciosa que mi sangre, y yo ya te la he concedido en mi corazón. Prefiero morir; es preciso que me mates, Cherezada, madre de mi conciencia, flor y viento que azota la flor de mi conciencia.

CHEREZADA: La vida es ancha, señor, y la conciencia, a veces, es flor de un sólo día. Pero la conciencia constante de los días es la flor de la vida. Yo soy esclava de tus días, pero tus días no son esclavos de los míos. La vida es ancha, señor, y la muerte amada del Copero. Por mucho que tu recuerdo me preceda, no puedo yo vivir por ti. Yo te quiero vivo, Chariar.

CHARIAR: Pero tú eres la experiencia constante de mi sueño, Cherezada. Y de todos modos a tu muerte seguiría mi muerte. Espera. Tú no puedes morir. Espera, espera… Entonces, ¡que mi vida y tu vida sean una sola vida, y que mi muerte y tu muerte sean una sola muerte!

CHEREZADA: ¡Y que mi vida siga a tu vida, y a tu muerte mi muerte!… Señor, ¿llamo mañana a los comediantes?

CHARIAR: Llámalos, y que sean testigos.

CHEREZADA: De nuestra vida, Chariar.

CHARIAR: Y de nuestra muerte, Cherezada.

  

Oscuro •

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